Entrevista a Hussein Kalout sobre el papel de Brasil en América del Sur

Por João Paulo Charleaux.

Hussein Kalout investigador de Harvard y exsecretario especial de asuntos estratégicos de la Presidencia, habla a Nexo sobre el reflujo en los planes de integración regional. La integración entre 12 de los países de América del Sur ya ha sido importante en los sectores de infraestructura, seguridad, economía y política. A pesar de las declaraciones públicas del presidente Jair Bolsonaro sobre la creación de una moneda común con su vecina argentina, el momento actual es de reflujo de las inversiones y de pérdida de protagonismo de Brasil una de las mayores economías del mundo y la mayor potencia regional. Tal es la evaluación que hace el científico político, profesor de relaciones internacionales e investigador de la Universidad de Harvard, Hussein Kalou, que hizo el jueves pasado por email a Nexo (6). Kalout que fue secretario especial de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la República (2017/18) en la gestión del presidente Michel Temer dice que la política exterior brasileña esta actualmente “a la deriva y sin un proyecto claro para la región”. La idea de que la integración regional vive un momento de reflujo deriva de compararla con la primera década de este siglo. Una época en que el elevado precio de los “commodities” incrementaba la riqueza de los países de la región. Los contratistas brasileños – luego señalados por sus corruptas transacciones con los gobiernos de la región – ampliaban su accionar a los países vecinos y a Africa. Brasil aumentaba su cantidad de embajadas, se postulaba para un puesto en el Consejo de Seguridad y reclamaba para sí un claro papel de árbitro y de líder regional. Aunque también ese período se hallara marcado por su afinidad ideológica con los gobiernos de izquierda de la región. Kalout considera que ese aspecto fue solo secundario: “No es correcto atribuirlo a una dinámica impulsada por una macro gobernanza bolivariana regional. Se trata de algo impreciso. También había gobiernos de derecha en ese período. En Chile, en Uruguay, en Paraguay y Colombia y las relaciones en el contexto regional avanzaron” dice en la entrevista. Hoy en día existen dificultades en definirlo como país “qué queremos, porqué lo queremos y cómo lo queremos” Tal indefinición ha dejado un “vacío de poder que está siendo arrebatado por potencias extrarregionales como China, los Estados Unidos y ahora Rusia en Venezuela”

¿Qué le hace creer que actualmente existe un reflujo en los proyectos comunes de integración entre los países suramericanos?

HUSSEIN KALOUT: El espacio suramericano es parte fundamental e inescindible de la seguridad nacional del Estado brasileño tanto desde la perspectiva económica como política y de seguridad. Si Brasil no es capaz de liderar y de ejercer cierto grado de influencia en su propia zona geográfica perderemos capacidad de tracción y poder en el contexto global. Difícilmente tendremos capacidad de proyectar nuestro poder en otras áreas internacionales si no somos capaces de liderar a nuestra propia región. Y liderar no es precisamente imponer nuestra voluntad por la coerción o la fuerza sino un país que provee bienes públicos regionales, articulando soluciones compartidas. Por eso debemos tener una política externa específica hacia América del Sur anclada especialmente en tres vectores cooperación, influencia y disuasión. Hoy en día estamos a la deriva y sin un proyecto claro para la región. Lanzar cualquier otra iniciativa en lo que respecta a la integración regional dependerá fundamentalmente de lo que queremos, por qué lo queremos y del cómo lo queremos. Sin respuestas claras y efectivas. Que requieren un planeamiento estratégico coherentes nos quedaremos a remolque de otros, inclusive de las potencias extrarregionales. Reemplazar la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) de 2008 por el Prosur (Foro para el Progreso de América del Sur) no es una solución para el anacronismo existente en el ámbito del proceso de integración suramericana. Mientras no se sepa bajo qué égida quiere Brasil integrar la región, en su condición de mayor nación suramericana y como una de las diez economías más grandes del mundo, no avanzaremos efectivamente en ninguna dirección.

¿Cuáles son las consecuencias de ese reflujo en la economía regional y cuales lo son específicamente para Brasil?

HUSSEIN KALOUT: Estamos dejando un vacío de poder que está siendo ocupado como acabo de decirlo , por potencias extrarregionales como China, Estados Unidos y ahora Rusia en Venezuela. Todo y cualquier proyecto de integración debe hallarse anclado en nuestros intereses estratégicos y en particular en nuestra plataforma económica comercial y en la seguridad de nuestras fronteras. Parte de la proyección de nuestro poder regional estaba fundado en la inserción de nuestras empresas en países de nuestro alrededor fronterizo. Actualmente eso ya no sucede más.  Un verdadero proyecto de integración exige inversiones, liderazgo y dirección. Nuestras inversiones en América del Sur han fracasado, nuestro comercio está por debajo de sus posibilidades y nuestra influencia se halla declinando. Nuestra actual capacidad de apalancar inversiones para la integración de la infraestructura física, de manera de crear sinergia y desarrollo regional se halla igual y mínimamente claudicante. Tenemos prácticamente superávit en la balanza comercial con casi todos los países suramericanos cuando en realidad debería suceder todo lo contrario. Nuestros vecinos deberían depender de nuestras inversiones y de nuestra capacidad de importación. Debemos revertir este escenario para poder ejercer un poder real en lugar de mantener una política exterior en pies de barro, que se agota en elucubraciones ideológicas y no ayuda a construir con ámbito de paz, de seguridad y de prosperidad. La región vivió un momento de sintonía entre gobiernos de izquierda de los años 2000. Hoy en día esos líderes son de derecha. La afinidad ideológica que impulsó la integración bolivariana

¿No se impulsa ahora una integración de perfil neoliberal? ¿Por qué?

HUSSEIN KALOUT: El proyecto de Brasil para América del Sur tiene que ser del Estado y supra ideológico. El Estado brasileño no puede mirar a América del Sur desde una visión de izquierda o de derecha. Nuestra seguridad nacional no puede hallarse anclada en conveniencias gubernamentales circunstanciales, en simpatía político-ideológicas o en teorías conspiratorias. El riesgo de hacerlo así significa perder influencia y dejar que otros actores modelen lo que es mejor para la región, según sus propios intereses y no Brasil desde la perspectiva de los propios. Es importante tener en cuenta que la dinámica política y económica de la década del 2000 en el contexto internacional y hasta posteriormente obedecía a su propio ciclo. Creo por lo tanto que las claves que permitan decodificar ese período se hallan en observarlo desde un lado más pragmático. Dado que no es correcto referirse a una dinámica envasada por una macro gobernanza bolivariana en la región. Había también gobiernos de derecha en la región como Chile, Uruguay, Paraguay y Colombia y sin embargo avanzaron las relaciones en el contexto regional. Al margen del aspecto ideológico, había sobre todo una cierta convergencia entre los principales proyectos económicos y hasta complementarios en ciertas áreas. Además, no veo que exista ningún problema en la existencia de un proyecto de integración orientado en sentido liberal, siempre que estén preservados nuestros intereses estratégicos. Brasil es el nexo de cohesión y de desarrollo de la región. Y es con este enfoque con el que debemos dimensionar nuestra actuación estratégica en América del Sur. Tanto hacia la derecha como hacia la izquierda Brasil está en condiciones de imprimirle el tono y delimitar la dimensión del proceso de integración regional. Esa debe ser nuestra misión.

¿Tiene el actual gobierno algún proyecto internacional? ¿Cómo lo definiría usted?

HUSSEIN KALOUT: Por ahora no logro vislumbrar un proyecto internacional coherente y uniforme. Lo que hemos visto hasta ahora es un conjunto de acciones tácticas dictadas por una percepción excéntrica que define como principal desafío la “globalización” en tanto tenemos muchas más cosas concretas que resolver. Plantear un proyecto de desarrollo y de seguridad amazónica es vital para nuestro futuro. La política exterior no puede ser modelada a partir de una visión mesiánica del mundo, por ideologías o por teorías conspirativas. La política exterior debe ser pragmática, analizar intereses concretos y sobre todo contar con una visión estratégica y de Estado, puesto que los gobiernos pasan y permanecen nuestros intereses y nuestros objetivos de largo plazo permanecen. El pragmatismo es el alma de cualquier diplomacia que se pretenda exitosa y longeva. Decir que durante los últimos cien años todo estuvo equivocado es mínimamente una insensatez. Existe un cambio claro de eje, pero recurrir a un caballo de palo para establecer nuevas alianzas y afincar nuevos proyectos, sin bases históricas y coyunturales es un suicidio. La confiabilidad y la credibilidad del Estado brasileño a nivel internacional se hallan en caída libre. La formulación de cualquier proyecto de política exterior debería contribuir al mejoramiento de nuestro desarrollo nacional, ofreciendo a la sociedad y al país dividendos concretos y mensurables tales como crecimiento económico; redistribución y aumento de los ingresos; reducción de las asimetrías sociales; lucha contra la pobreza: aumento de la productividad. Incremento de la competitividad, expansión de la riqueza nacional a través de una inserción más calificada en la economía global; desarrollo sustentable y modernización del parque industrial, expansión objetiva, expansión de las sociedades comerciales: calificación educativa y profesional; consolidación de la innovación científica y del avance tecnológico; combate de los ilícitos transnacionales y del crimen organizado: seguridad y defensa del territorio y de las instituciones nacionales: respeto a los dictámenes sobre derechos humanos. Si la política exterior no logra que el país alcance esos resultados, habrá fracasado en la más elemental de sus funciones que es el de la protección y el desarrollo del Estado y de la sociedad.

Traducción Susana Merino

NEXO