Macri-Pichetto: una apuesta a la apertura y la gobernabilidad – La Nación, Argentina

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El sorpresivo anuncio por parte del presidente Mauricio Macri de que el actual jefe del bloque de senadores justicialistas, Miguel Ángel Pichetto, será su compañero de fórmula en el próximo proceso electoralrevela una dosis de pragmatismo inusual, para muchos contrario a la consolidación de una identidad propia de la coalición Cambiemos . Sin embargo, representa también un gesto de apertura que distintos sectores del oficialismo y de la propia oposición reclamaban. Constituye una decisión arriesgada, por cierto, pero que exhibe vocación por ampliar la base de sustentación de la alianza gobernante, además de dotarla de una mayor capacidad de negociación en busca de garantizar la gobernabilidad en la difícil etapa que le espera a la Argentina.

Pichetto es un dirigente con una vasta experiencia que, al menos durante los años de la actual gestión presidencial, dio muestras de estar del lado de la gobernabilidad y la búsqueda de consensos. Su influencia en el Senado fue vital para la sanción de no pocas leyes impulsadas por el gobierno de Macri, especialmente en 2016.

En contrapartida, puede criticársele que ha sido uno de los artífices de que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner no esté hoy detenida, pese a contar con nada menos que siete pedidos de prisión preventiva en distintas causas asociadas a hechos de corrupción. Su particular doctrina según la cual ningún legislador nacional puede ser detenido hasta que no exista una sentencia firme de la Justicia, en virtud de los fueros parlamentarios, ha recibido numerosos y fundados cuestionamientos.

Paradójicamente, el senador rionegrino ha sido en estos años un fuerte crítico de la expresidenta, al tiempo que en las últimas semanas ha insistido en que la Argentina no debe volver al pasado de autoritarismo. Recientemente, durante un encuentro organizado por la Cámara de Comercio e Industria Francoargentina, sostuvo que Axel Kicillof hizo “economía prosoviética”, que solo hizo crecer al sector público, y advirtió que con Cristina Kirchner el modelo venezolano podría venir a la Argentina. Un criterio que no se le escuchó mientras gobernaba el kirchnerismo.

En favor de Pichetto, puede señalarse que encarna una versión más cercana al republicanismo dentro del peronismo y que se ha mostrado siempre respetuoso del diálogo y de la libertad de expresión. El hecho de que ayer, pocos minutos después de conocerse la noticia de que acompañaría a Macri en el binomio presidencial, ofreciera una conferencia de prensa no deja de ser un dato destacable, especialmente si se lo compara con el desprecio que siempre exhibió Cristina Kirchner por la labor del periodismo.

La llegada de Pichetto a la fórmula con Macri guarda cierta simetría con la decisión de la expresidenta de ungir a Alberto Fernández postulante presidencial. Ni Fernández ni Pichetto son líderes territoriales ni tienen un caudal de votos propio. Sin embargo, ambos exhiben capacidad para seducir a gobernadores peronistas cuyo papel no es menor en una elección presidencial. La movida de Cristina Kirchner generó un rápido alineamiento de un buen número de mandatarios provinciales; habrá que ver si la aparición de Pichetto junto a Cambiemos ayuda a arrimar a otros al oficialismo.

Pero de poco serviría esta inesperada jugada de Macri si solo tiene un fin electoral. No pueden existir dudas de que la Argentina no estará en condiciones de cambiar sin un compromiso compartido de vivir con un Estado eficiente, que no gaste más de lo que recauda; que enfrente la inflación y un déficit fiscal que es la fuente de una insoportable presión impositiva, que termina ahogando al sistema productivo. Un país que avance hacia una educación de calidad, hacia una reforma previsional seria que deje atrás la demagogia y hacia una legislación laboral moderna, capaz de alentar la creación de empleos en medio de la actual revolución tecnológica y que pueda enfrentar con éxito los flagelos de la pobreza y el narcotráfico.

La solución a los problemas argentinos requiere de generosidad y apertura, y de más republicanismo frente a las viejas fórmulas del autoritarismo populista. La fuerte caída del riesgo país con que los mercados recibieron la sorpresiva noticia de ayer, al menos, alienta una esperanza.

La Nación