Tania Pariona: “La invisibilidad de la agenda indígena en nuestros países es una constante y ya no podemos quedarnos en una mirada culturalista o folklórica”

Entrevista a Tania Pariona, congresista y lideresa quechua

Por Carla Perelló, redacción de NODAL

Desde Perú, la congresista y lideresa quechua Tania Pariona (Nuevo Perú) comenzó hace unos meses a tejer redes y a convocar a sus hermanas indígenas latinoamericanas. El resultado fue el I Encuentro de Parlamentarias Indígenas de América Latina que se llevó a cabo entre el 31 de mayo y el 1 de junio pasado. Allí, participaron Máxima Apaza (senadora, Bolivia), Petita Ayarsa (diputada, Panamá), Irma Juan Carlos (diputada, México), Sandra Morán (diputada, Guatemala) y María Duchi (diputada, Ecuador) quienes al finalizar firmaron la Alianza Internacional con una agenda de compromisos hacia el 2020. En esta entrevista de NODAL con Pariona, un recorrido sobre el surgimiento de la iniciativa y las principales discusiones que se dieron en las jornadas.

¿Cómo surgió la iniciativa y por qué consideraron necesario un Encuentro de Mujeres Indígenas Parlamentarias de la región con Perú como impulsor?

Conocemos las grandes dificultades que tenemos los pueblos indígenas para lograr una representación efectiva en los espacios de toma de decisiones en nuestros países. He tenido la experiencia de participar en instancias internacionales con legisladores, diputados y senadores y he visto una ausencia realmente absoluta de parlamentarios indígenas. Empezamos entonces a mapear cuántas parlamentarias en América Latina fueron elegidas en este periodo y encontré, con gran satisfacción, un buen número no antes visto ni visibilizado. Al darme cuenta de que había hermanas indígenas con las que coincidíamos incluso en nuestras trayectorias, en nuestro trabajo previo a ser elegidas, me pareció interesante tener la oportunidad de encontrarnos, de intercambiar nuestros desafíos, las barreras que enfrentamos y sobre todo de aportar ya que tenemos esta gran oportunidad de estar en uno de los poderes del Estado. Este encuentro nos fortalece. No estamos solas y nuestro trabajo político no empieza cuando fuimos elegidas congresistas, sino que traemos una larga lucha por los derechos de nuestros pueblos, de las mujeres, por las juventudes, por la defensa del territorio. Socializamos la iniciativa con otros actores institucionales, como el Fondo Indígena para América Latina y el Caribe (FILA), con instituciones que trabajan el tema de reforma política o que están interesados en abrir espacios de formación, de encuentros. Fuimos también convergiendo entre las parlamentarias en la necesidad de tener este primer encuentro. No pudo estar Chile, sin embargo, la hermana Emilia Nuyado está muy interesada en participar. Tenemos gran expectativa de contactar con hermanas de Estados Unidos, de Canadá, de abrir el espacio para exparlamentarias. Tenemos varias aspiraciones, pero básicamente surge por la necesidad de sumar sinergias para la defensa de los derechos como pueblos y mujeres indígenas en esta nuestra región de América Latina.

Tras este fin de semana, ¿qué reflexiones le deja este encuentro? ¿Cuál es la situación actual de los pueblos indígenas y de las mujeres en particular en América Latina?

Como región todavía enfrentamos grandes exclusiones, la invisibilidad de la agenda indígena dentro de las agendas y prioridades nacionales de nuestros países es una constante. Hay una débil institucionalidad estatal con relación a nosotros. En el caso de Brasil, por ejemplo, se le han quitado atribuciones a la FUNAI (Fundação Nacional do Índio) para la demarcación territorial, una labor muy indispensable para restituir el derecho de la seguridad jurídica a los pueblos. Por otro lado, la situación particular que vivimos las mujeres indígenas sigue siendo una de las taras que no nos permite siquiera contar con políticas públicas pertinentes. Hay una situación de violencia invisibilizada, no hay una mirada intercultural holística integral, por lo que tenemos políticas públicas globales, cuando en realidad la situación de violencia es mucho más cruda en los territorios indígenas por la falta de acceso a los servicios públicos o a instancias para proceder con la denuncia, la investigación y la sanción respectiva. Del otro lado hay un sistema de justicia que es totalmente inaccesible. La violencia que tiene que ver con los territorios nuestros afecta nuestra supervivencia, nuestra continuidad histórica, porque si una mujer tiene que enfrentar a una empresa extractiva y defender ella su agua, el medioambiente, el territorio, que es parte de la continuidad de su pueblo, entonces hay una violencia de carácter institucional y estructural que los Estados han perpetuado en el tiempo. Otra forma de violencia es la persecución a las defensoras de los derechos humanos. En México cada día muere un líder o una lideresa por defender su territorio, sus recursos, su soberanía. Aquí tenemos feminicidios, violación sexual contra menores y no hay data desagregada que nos permita hacer visible este impacto diferenciado de las violencias en las mujeres indígenas. Las mujeres quechua hablantes arrastramos violencias ocurridas desde la década de los 80 en donde se vulneraron derechos fundamentales, hubo violación sexual, tortura y han terminado en la impunidad. En Guatemala, un país arrasado por el conflicto armado, las mujeres mayas siguen exigiendo justicia y reparación de parte del Estado. Son violencias desde tiempos históricos. Esto no se puede resolver sino de manera integral enlazando con la importancia de la interculturalidad, el enfoque de género, generacional, de los derechos humanos, así como el de la interseccionalidad. Es decir, nuestra condición indígena, etaria, lingüística, geográfica, hace que seamos un sector en alta vulnerabilidad, son los Estados nos han dejado, creyendo que ya no existimos o que somos minoría. Otra cuestión, es que en América Latina estamos subrepresentados en los estamentos de poder. Allí se ameritan mecanismos legales para poder equiparar o igualar las condiciones en los procesos de elección. No puede ser que de 513 diputados hoy Brasil tenga sólo a una indígena. No es posible que en Perú de 130 congresistas tengamos una sola representante indígena.

Además de las violencias, el territorio y derecho a la participación política se han mencionado otros conceptos como descolonización y despatriarcalización durante estas jornadas, ¿por qué? ¿Qué significan en esta coyuntura?

Resultado de imagen para Tania Pariona

En esta coyuntura hablar de la descolonización es mirar cómo nuestros países han ido arrastrando a lo largo de la historia nuevas formas de colonizar a los pueblos indígenas. La colonización no ha terminado con la supuesta independencia y la conformación del Estado y la República en nuestros países, hay nuevas formas de colonización. Nosotros creemos que debemos empezar a refundar nuestras patrias, nuestros países, en un proceso de descolonización para así no tener políticas monoculturales que terminan nuevamente haciendo lo mismo que hicieron hace años, asimilando, supuestamente “integrando” las comunidades a la sociedad mayoritaria. Esas lógicas han demostrado tener una visión paternalista sobre los pueblos indígenas con esta mirada de ciudadanos de segunda categoría. Ahora mismo Brasil enfrenta una postura política de gobierno totalmente de exterminio de los pueblos indígenas al querer desterrarlos de su territorio. Estamos retrocediendo, la colonización en estos tiempos vuelve a usar casi los mismos argumentos, las mismas estrategias y posturas contra los pueblos indígenas cuando se supone que deberíamos ir de avanzada. Lo mismo pasa con la despatriarcalización, si hay algo que ha caracterizado a América Latina es que asistimos a países patriarcales, machistas, donde las estructuras de poder están transversalizadas con esas características lo cual no permite tener la presencia significativa de mujeres y mucho menos de mujeres indígenas en espacios de decisión. El patriarcado, el machismo, el racismo y la discriminación han limitado enormemente que seamos considerados como sujetos de derechos y con derechos tanto individuales, así como colectivos. Por eso decimos que ya no podemos quedarnos en una mirada culturalista, folklórica. Necesitamos ser también actores políticos de cambio y de transformación en nuestros países, en nuestras comunidades y la única forma de lograr esto es teniendo voz propia, presencia propia en los espacios de toma de decisión para decidir sobre el futuro que queramos. Es fundamental que los pueblos indígenas no seamos marginalizados o puestos como el peligro al desarrollo. Al contrario, yo creo que somos la alternativa justamente. Una apuesta al desarrollo equilibrado, armonioso en concordancia con la sostenibilidad, la soberanía, con el desarrollo humano que tanto carece hoy el mundo entero. No somos ninguna amenaza, creo que podemos ser esa reserva moral que hace tanto falta como para luchar contra los flagelos de pobreza, de exclusión, de racismo, de machismo, porque en nuestros pueblos hay mucha sabiduría y debemos tener el espacio merecido en estos ámbitos.

Uno de los objetivos de este Encuentro era lograr alianzas estratégicas entre las parlamentarias… ¿Cómo se logra eso? ¿Cómo sigue de ahora en adelante?

Hemos podido aterrizar en tres líneas estratégicas: la lucha contra todas las formas de violencia que sufren las mujeres indígenas, así como la participación política y la representación efectiva y la defensa de los derechos territoriales ambientales y los recursos naturales. En esta ocasión hemos quedado en una co-cordinación entre Perú y Brasil para llevar adelante esta alianza y la primera tarea que tenemos es empezar a desglosar esa agenda en acciones concretas. Una de ellas es hacer un informe para mirar las 1400 recomendaciones emitidas por el Foro Permanente Sobre Cuestiones Indígenas y ver cómo en el plano legislativo nuestros países han avanzado o no. Verificar si existen propuestas legislativas que afectan, colisionan o incumplen esas recomendaciones. Ese primer mapeo creo que además nos emplazaría a seguir trabajando en iniciativas legislativas que sean alternativas y soluciones a los problemas vigentes que enfrentamos como pueblos y también como ciudadanos tantos hombres, mujeres y la nueva generación. Esperamos contar también con el respaldo de otros actores, porque hay algunos avances, no estamos descubriendo la pólvora, sino que ha habido iniciativas hechas años anteriores y las podemos retomar. Tenemos un año de trabajo que nos permite levantar esta agenda a nivel de América Latina y hacer el balance en junio del próximo año, en Brasil, y cuya sede será liderada por nuestra hermana Joênia Wapichana.


VOLVER