A un mes de la segunda vuelta – Prensa Libre, Guatemala

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

A pesar de las dificultades técnicas y algunos errores en la consignación de datos preliminares, los resultados de las elecciones del 16 de junio se encuentran prácticamente validados, debido a que las personas y grupos que clamaban por un supuesto fraude, motivados más por percepciones o conveniencias, se han encontrado con que el cotejo de actas confirmó los datos, con algunas excepciones que no alteran la tendencia general.

Esto de ninguna manera puede entenderse como una victoria para el Tribunal Supremo Electoral, que se encontrará bajo el escrutinio público en la cita de segunda vuelta, el próximo 11 de agosto, cuando tiene el compromiso de solventar sin excusas los errores de comunicación, digitación y sistema informático que ocasionaron tantas justificadas dudas y también los alegatos desaforados de quienes buscaban desacreditar todo un proceso, cuyo único y más fuerte asidero es que descansa sobre juntas electorales integradas por ciudadanos.

Por otra parte, es evidente que los partidos políticos, incluyendo los nuevos minoritarios o que afrontan la eliminación por falta de votos, que se habían convertido en los más acérrimos inquisidores, se han ausentado del proceso de revisión de actas, desarrollado en el Parque de la Industria, ya sea por carencia de delegados o por la falta de situaciones meritorias de impugnación que confirmaran las especies que difundieron en los primeros días.

En el caso de los dos partidos que van al balotaje, ya se ha planteado en este espacio la necesidad de concentrar el diálogo en las grandes prioridades nacionales y de establecer un compromiso básico de agenda común, para que, independientemente del resultado, se tengan los consensos para empujar objetivos de desarrollo que marquen una diferencia sustancial respecto del actual período.

Si bien los candidatos están en todo su derecho de trazar la estrategia de campañas, visitas, foros y debates, resulta primordial que se esfuercen también en fomentar la unión nacional desde sus respectivos discursos, puesto que las segundas rondas han dejado, a lo largo de la historia nacional, una profunda división remanente, que después se prolonga en la falta de acuerdos políticos entre Ejecutivo y Legislativo.

La ciudadanía está llamada a evaluar las propuestas, a cuestionar las declaraciones de intenciones, a cotejar las hojas de vida y a pedir razones sobre determinadas acciones del pasado de los contendientes, en una actitud de apertura y responsabilidad. Dicho juicio se debe extender hacia las roscas de colaboradores de cada binomio presidencial, sus nexos con anteriores gobiernos y sus respectivas trayectorias profesionales, ya sea en el ámbito privado o público.

Distinguidas voces del mundo académico y figuras de investigación social han señalado, en los últimos días, una dramática disyuntiva referente a este proceso electoral: la decisión tomada y las acciones de los nuevos gobernantes pueden marcar una renovación en el aliento democrático de Guatemala, con todo y los beneficios de una mayor eficiencia y probidad en el manejo de los recursos del Estado, o bien puede agravar irreversiblemente las condiciones de una crisis que no empezó ayer, pero cuyas peligrosas consecuencias de migración masiva, penetración de crimen organizado y desnutrición crónica en aumento se encuentran a la vista.

Prensa Libre