Adriana Salvatierra, presidenta del Senado boliviano: “En octubre se define el rumbo de todo el sur del continente”

Entrevista a Adriana Salvatierra, presidenta del Senado boliviano

Por Manuel Díaz, especial para NODAL

Con 29 años, Adriana Salvatierra se convirtió en la mujer más joven en la historia de Bolivia en ocupar la presidencia del Senado. Ahora, con 30 años ya cumplidos, el MAS la postula primera en la lista de diputados plurinominales por el Departamento de Santa Cruz para las elecciones del 20 de octubre. En esta entrevista, analiza la etapa que atraviesa el proceso que lidera Evo Morales desde 2006 y el escenario electoral boliviano en el marco del contexto latinoamericano.

 ¿Cuáles son los principales debates que están atravesando la campaña?

 Nosotros estamos ingresando a una tercera etapa del proceso de cambio. La primera tuvo que ver con recuperar las empresas estratégicas y los recursos naturales e iniciar con la Asamblea Constituyente un proceso de inclusión de todos aquellos sectores que la República había excluido durante más de un siglo.

En la segunda etapa entendimos que para consolidar la inclusión había que diseñar un nuevo modelo económico que permita que los recursos que ya lograste recuperar con las nacionalizaciones se distribuyan y se democraticen en la población. Ahora puedes plantearte tareas estratégicas para el Estado y creo que esa es la tercera etapa que estamos transitando y este es uno de los ejes centrales del debate.

Ya no creo que se ponga en duda la propiedad de los recursos naturales, tampoco existen cuestionamientos al esquema de redistribución del modelo económico, pero debemos apuntar a terminar de industrializar los hidrocarburos, terminar el proceso de industrialización del litio y abrir progresivamente una transición de la matriz productiva, transitando también hacia energías limpias. Ahí entra también, con un rol central, la planificación del corazón energético de América Latina, que poco a poco vamos consolidando. Ya le vendemos energía a Argentina, a Perú, a Paraguay. Ese creo que va a ser uno de los temas centrales del debate: ¿hacia dónde transita la Bolivia de la industrialización?

Hay otros ejes de campaña que son fundamentalmente a los que apunta la oposición que tienen que ver con lo moral. Me refiero a la lucha contra la corrupción, la transformación estructural de la justicia, el narcotráfico, el contrabando, que son temas que están en cuestión en este momento en el imaginario colectivo y que son puntos flacos que debemos resolver con urgencia.

 ¿Cómo influye en Bolivia el contexto regional de avanzada de gobiernos neoliberales?

Creo que Bolivia es uno de los escenarios más importantes de disputa por lo moral. Bolivia tiene la responsabilidad de tornarse en un área de influencia para el resto de los países. No tenemos un peso gravitacional en lo económico, pero tenemos un peso gravitacional cuando se habla del respaldo moral de los movimientos sociales que gobiernan en un país que está del lado del pueblo, de los más humildes.

En octubre se define el rumbo de todo el sur del continente. En una semana se definen Argentina, Uruguay y Bolivia. Yo tampoco diría que definitivamente el neoliberalismo ha triunfado en América Latina, no creo que se haya terminado de asentar. Si hubiera habido un proyecto exitoso desarrollado en Argentina, no tendrías desempleados, familias enteras en las calles. Yo creo que sigue siendo un escenario de disputa y que evidentemente puede incidir en lo que pasa en Bolivia. Nosotros necesitamos un contrapeso porque es bastante difícil cargarse solos ser un gobierno de izquierda en América Latina. No tenemos la misma situación de antes con Venezuela, ya que han logrado aislarnos y han logrado visibilizar y condenar aquellos procesos revolucionarios de Venezuela, de Nicaragua. Por eso para nosotros es estratégico recuperar relaciones fraternas y solidarias con Argentina, mantener las que tenemos, pese a las diferencias políticas con Perú, con Paraguay, donde se tejen otro tipo de relaciones que hacen también a la agenda estratégica de los Estados.

 ¿Cuál es el proyecto económico de Carlos Mesa, principal candidato presidencial de la oposición?

Carlos Mesa te plantea una transición en diez años a que Bolivia deje de depender de la explotación de los hidrocarburos. Esto es absolutamente imposible. En este momento nosotros no sólo vivimos de la exportación, sino que ya estamos diversificándonos. Ya no estamos hablando solamente de un país que explota el gas para exportarlo sin ningún beneficio alternativo, sino que estamos hablando de que se piensa una industria a partir del gas, por ejemplo para fertilizantes. Carlos Mesa desecha ese proceso de industrialización para pasar a planificar una economía que no se entiende aún sobre la base de qué se sostendrá. Te plantea una transición para cambiar la matriz productiva, pero no te dice cómo va a ser ese cambio. Creemos que ahí reside un riesgo.

El segundo elemento es que Carlos Mesa es sinónimo de inestabilidad. Durante todo este tiempo, lo único que hemos visto de él son dudas, retrocesos, falta de claridad en torno a lo que plantea hacer con la economía. Dice que va a eliminar las rentas (bonos sociales) cuando son el principal elemento que ha fortalecido el proceso de redistribución de la riqueza y que ha ayudado a que la gente transite hacia la clase media. Cuando la gente lo cuestiona por esos planteos, se desdice.

Todos los partidos que se oponen al MAS en estas elecciones han buscado cooptar el descontento social que surgió después del 21F. A partir de ahí, intentaron disputar el sentido de la democracia. Cuando se electoraliza el escenario, cuando tienes que empezar a realizar propuestas concretas, ya no es suficiente hablar del 21 de febrero, ya no puede ser tu carta de presentación para un programa de gobierno. No puedes decir que vas a luchar por la democracia cuando te estás presentando en un proceso electoral. Evidentemente, ahí uno se encuentra con que, a diferencia del resto de los partidos políticos, la propuesta de gobierno más sólida es la del MAS.

Dos temas que están en debate en esta elección son la agenda feminista y las aspiraciones de la juventud. ¿Qué políticas piensa darse el MAS hacia esos dos sectores?

En el tema de las mujeres hemos avanzado muchísimo, pues somos el segundo país del mundo con mayor representación parlamentaria femenina. Hemos avanzado mucho en torno a las condiciones económicas de las mujeres: el 46,5% de la tierra hoy en día está titulada al nombre de mujeres y cuando llegamos al gobierno era sólo el 15%. Hemos avanzado mucho en garantizar la maternidad segura, hemos garantizado un subsidio universal para mujeres embarazadas, hay un programa específico de vivienda para madres solteras.

El debate se retrasa un poco cuando hablamos en torno a los cuerpos de las mujeres. No solamente la violencia, sino el derecho a interrumpir un embarazo de forma voluntaria. Ahí tenemos todavía bastantes problemas en los cuales el gobierno ha dado pasos de avance, pero socialmente en la disputa callejera no lo hemos sabido mantener. El debate por ampliar las causales para que una mujer no vaya a la cárcel si interrumpe voluntariamente su embarazo finalmente no triunfó porque no supimos mantener el debate en la calle. Ahí tenemos una tarea pendiente.

Con el tema de la violencia se han dado mensajes que son muy importantes. Yo no me atrevería a decir que ha aumentado el número de feminicidios, sino que ahora se han visibilizado porque lo retiraste del ámbito familiar y lo trasladaste a un problema de la sociedad y del Estado. Antes el feminicidio era homicidio por emoción violenta, hoy se tipifica como feminicidio, tiene la pena más alta y sin derecho a indulto. El problema es que el diseño de la institucionalidad para prevenir los casos de violencia contra la mujer no ha acompañado los avances que se han tenido. Ahí creo que tenemos tareas pendientes.

En el ámbito de la juventud, en el plan de gobierno hemos diseñado tres elementos fundamentales. Primero, apostamos por una educación de calidad, ya que antes lo primero era que los niños no pasen sus clases en unidades educativas con paredes de barro y techos de paja o que tengan que caminar seis kilómetros para llegar a su unidad educativa. Garantizado eso, avanzamos en el acceso a la tecnología para cualificar el sistema educativo: entregaste computadoras a los niños, aprobaste la ley Avelino Siniani que diseñó un enfoque más conectado a lo productivo con la implementación del bachillerato técnico humanístico que da mayores posibilidades a que exista una pronta inserción laboral.

Ahora tenemos que cualificar más la educación, tenemos que garantizar que exista una conexión entre la formación de los jóvenes en diferentes áreas con las ofertas laborales que existen, garantizar un empleo digno y garantizar que después los jóvenes tengan techo, porque lo fundamental que busca un joven es vivienda. En esos tres elementos se asienta la propuesta del gobierno: educación de calidad, trabajo digno y techo.

En el caso de que el MAS gane las elecciones, se abre la posibilidad de que en el próximo período no cuente con la mayoría en la Asamblea que sí tuvieron en los mandatos anteriores. ¿Qué perspectiva hay si se diera este nuevo escenario para gobernar?

Creo que partimos de una vara bastante alta y es la vara que nosotros nos hemos dado cuando hemos ganado en 2005 con el 54%, el referéndum revocatorio del 2008 con el 67%, las elecciones del 2009 con el 64% y las elecciones del 2014 con el 61%.

Yo creo que no sería negativo tener un escenario así. Creo que puede nuevamente activarse una oleada de movilización que fortalezca a los movimientos sociales y que te permita disputar el sentido para profundizar el proceso de cambio y que, así como el período 2005-2009, se defiendan en la calle los derechos conquistados.

Desde lo administrativo por supuesto que se puede poner en duda la velocidad de la administración pública, te puede poner en duda por ejemplo los trámites para aprobar determinado proyecto de ley, pero no lo veo necesariamente como algo negativo. Además estamos hablando de 13 años altamente electoralizados donde se han mantenido más de dos tercios de la preferencia del voto. Es mucho.


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