Luciana Ghiotto, especialista en economía internacional: “El acuerdo con la UE tendrá un impacto muy negativo en las economías suramericanas”

Por Lucio Garriga y Gerardo Szalkowicz*

Luego de más de 20 años de negociaciones, el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea anunciaron un pre acuerdo comercial que eliminará gran parte de los aranceles que existen en el mercado bilateral y marcará el futuro de la relación económica y política entre ambos bloques. A pesar del anuncio victorioso de los gobiernos suramericanos, todavía falta un camino largo para que el acuerdo entre en vigor ya que deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo y los congresos de los 28 países de Europa y los cuatro de la región (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay).

Mientras los gobiernos de América del Sur celebran el acuerdo como “histórico”, desde distintos sectores denuncian la falta de transparencia de las negociaciones y la casi nula difusión pública que tuvo lo acordado, una situación que, afirman, imposibilita conocer cuáles serán las consecuencias de este acuerdo.

En esta entrevista, Luciana Ghiotto, investigadora del COONICET y coordinadora de la Plataforma América Latina mejor sin TLC, asegura que “los TLC no traen felicidad a los pueblos, lo que traen es la reconversión de las economías a una nueva forma de producción de tipo primaria y al extractivismo”.

¿Qué implica este acuerdo anunciado entre el Mercosur y la Unión Europea para los países de América del Sur?

-Es un acuerdo que tiene implicancias en muchos sectores. Hay muchos niveles de conclusiones que se pueden sacar. El primer punto que hay que decir es que es un acuerdo del que sólo tenemos 17 páginas que sacó la Unión Europea. No tenemos el acuerdo final. Es decir, un montón de cosas son sobre especulaciones que suponemos que van a suceder. Los últimos borradores que teníamos son de noviembre de 2017 y fueron un leak, como los de Wikileaks, de la organización Greenpeace que consiguió en Europa y que lo filtraron. A partir de ahí nosotros pudimos hacer análisis para ver cómo venía la negociación en los últimos tiempos pero a partir de ahí no hubo ningún otro documento con lo que se estaba negociando. Había mucho de especulaciones y hoy todavía seguimos especulando mucho. Eso hay que denunciarlo porque se está presentando con bombos y platillos sin que podamos evaluar lo que ellos están diciendo que sucedería con el acuerdo.

¿Cuáles son las principales cosas que tenemos que tener en cuenta a raíz de lo poco que se difundió?

Estamos frente a un Tratado de Libre Comercio (TLC) que la Unión Europea le pone otro nombre porque le incluye otros capítulos que no son nada porque ya hemos visto cómo ha operado en otros acuerdos. Lo central es la parte comercial, la columna comercial y eso lo convierte en un TLC cuyo objetivo es la liberalización y reducción de aranceles. Evidentemente lo que está sucediendo es que en un período de entre 10 y 15 años va a tener que liberalizarse completamente la importación de productos, maquinaria, productos farmacéuticos y autos desde la Unión Europea hacia el Mercosur. Eso significa que hoy un sector que tiene un arancel del 35% va a tener que convertirse en 0%. Estamos hablando de un período para que se reconfigure completamente la industria automotriz tanto argentina como de Brasil y se convierta en otra cosa. Es decir, se van a tener que convertir, a través de una fuertísima presencia del Estado, suponemos, que pueda de alguna manera reconfigurar a todos esos trabajadores, recalificarlos hacia otros sectores y que se les consiga otro trabajo.

Estamos hablando de que en realidad, frente a la competencia de esos productos proviniendo de la Unión Europea, toda esa industria que, por supuesto, ha sido subsidiada y mantenida por una ayuda importante del Estado y también por aranceles altos que se han mantenido en el Mercosur, va a tener un impacto fuertísimo en esos sectores. Estamos hablando de un acuerdo que va a tener un impacto muy fuerte por más de que se lo plantea como algo que viene a modernizar. En realidad esa modernización lo que esconde es una reconstrucción del sector automotriz industrial en Argentina y de todas sus cadenas de valor regionales que se van a quedar sin trabajo. El acuerdo va a tener un impacto muy negativo en las economías suramericanas.

¿Cómo caracterizas a la relación actual que existe entre el Mercosur y la Unión Europea?

El dato más importante es que la Unión Europea es el principal socio comercial del Mercosur, pero ese dato así solo no te dice nada. En países como la Argentina, que durante el neoliberalismo en la década de los ´90 se abrieron completamente a la llegada de inversiones extranjeras, especialmente provenientes de la Unión Europea, las empresas se hicieron cargo de los servicios públicos. Hay una enorme presencia de empresas en la región que vienen operando hace décadas. El tema jugoso para ellos no es tanto Argentina, es Brasil. Ahí sí hay una cuestión diferente en cuanto a la relación con la UE en Argentina y en Brasil. Porque Brasil firmó pero nunca ratificó todos los tratados bilaterales de protección que sí están vigentes para la Argentina. Entonces esos tratados que le dan protección plena al inversor europeo no los tiene Brasil. Brasil tampoco abrió su sector de servicios y de compras públicas. Entonces los europeos están viendo los jugos del asado en Brasil más que en la Argentina, donde ya tienen presencia.

También les interesa Uruguay, que tiene varios servicios públicos, como el agua y las telecomunicaciones, que todavía están en manos del Estado. Suponemos que Uruguay ha pedido salvedades para sus servicios pero no sabemos cómo se ha desarrollado esa negociación porque no tenemos la información.

Por un lado, hay una asimetría gigante porque la UE tiene estas mega corporaciones que son multinacionales que operan en todo el mundo pero, por el otro lado, hay simetría en el sector comercial porque ellos producen autos y nosotros producimos productos del agro. Ellos también producen productos del agro con condiciones bastante disímiles porque ellos producen productos del agro porque tienen su política agraria común, que es la política que les permite subsidiar enormemente al sector del agro.

¿Quiénes son los grandes beneficiados de este acuerdo y quiénes los más desfavorecidos?

Siempre que se firma hay que tener en cuenta que no es todo para perder. Siempre que se firma un acuerdo de este tipo hay sectores que ganan y hay sectores que pierden. El tema es ver quiénes son los que ganan y quiénes son los que pierden y si vemos cuánta población está de un lado y del otro vamos a ver que los que ganan es un grupo muy pequeñito, en este caso el sector del agronegocio. Que son los negocios más dinámicos tanto en la economía argentina como en la brasilera y que tienen capacidad exportadora, es decir, que han aprendido las reglas de juego de la exportación global y que tienen capacidad de exportar a la UE y que van a sacar una enorme tajada de la reducción de aranceles y de esta cuota que la UE permite de llegada de carne, de pollo, de cero, de arroz, etc. La que sale perdiendo claramente es la industria, tanto en Brasil como en la Argentina. No solamente salen perdiendo estos sectores sino, también, grandes sectores de la población y diría que hasta los aparatos estatales de los cuatro países del Mercosur porque hay un engaña pichanga dentro de este acuerdo que son esos temas oscuros y que nadie trabaja y yo leyendo el documento, y por suerte otros académicos también, encontramos que hay muchos puntos complejos que tienen que ver con aspectos regulatorios para los países del Mercosur que son muy peligrosos y que tienen que ser identificados y discutidos. El tema es abrir la circulación.

¿Por qué se firmó ahora y cómo se explica que gobiernos de corte progresista hayan también sido parte de estas negociaciones?

La negociación lleva 20 años pero tuvo muchísimos subibajas. Hubo momentos en los que parecía que había muchos avances, especialmente entre 2001 y 2004. Ahí también se frena el ALCA. Ahí nosotros ubicamos la época de gobiernos progresistas. También hubo un parate importante por internas dentro de la UE. No es que en la UE siempre hubo un acuerdo de que había que firmar. De hecho lo estamos viendo ahora porque Francia, después de haber anunciado un acuerdo, está diciendo que va a revisar el acuerdo. Siempre están esas internas que tienen que ver con los sectores de poder dentro de cada bloque.

Lo que hay que reconocer también es que volvió a tener una subida fuerte la negociación a partir del año 2012, que en realidad el que vuelve a impulsar el acuerdo es el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) de Dilma Rousseff en Brasil porque ya teníamos un PT y un Brasil reconvertido al agronegocio. Pasamos, en Brasil, de fines de los ´90 como la etapa que se conoció como la burguesía paulista al agronegocio paulista. La reconversión y la internacionalización de la propia burguesía interna del Brasil llevaron a que de repente volviera a ser interesante negociar este acuerdo. Ahí es cierto que el kirchnerismo puso algunas líneas rojas que frenaron la negociación y que una vez que asumió Macri, más lo último de Dilma y el gobierno de (Michel) Temer,  vuelven a negociar más abiertamente el acuerdo.

¿Cuáles son los temas más importantes más allá de lo comercial y de la quita de aranceles?

-Ahí está el tema de servicios, las compras gubernamentales, el comercio electrónico que, puntualmente, tiene un párrafo sólo en el documento y que es uno de los grandes temas que está en la agenda multilateral incluso y que han intentado meter dentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y dentro del G-20. Este mega acuerdo TiSA, que es sobre el comercio de servicios, que aparece en este acuerdo y que no estaba en el mandato original del año 1999 que tenía la UE y que lo fueron incorporando.

Hay otros temas para mirar. Por ejemplo, la redacción final de cómo aparecen las variedades de plantas, es decir, si incorpora temas como el UPOV91, que es un tratamiento especial que se le da a las semillas y que hoy es un tema que está en discusión en un intento de meter una ley muy complicada en el Congreso nacional sumando a la Argentina a este convenio internacional y que en realidad restringe el uso propio de la semilla para los campesinos. Hay algunos puntitos que son muy complicados. No hay que dejarse llevar por lo que se presenta como los espejitos de colores de que esto va a crear empleo, van a incorporar a las pymes, va a aumentar la inversión. Hace 25 años que hay Tratados de Libre Comercio en América Latina y todos estos se han convertido en mitos que hay que desarmar. Los TLC no traen felicidad a los pueblos, lo que traen es la reconversión de las economías a una nueva forma de producción de tipo primaria y al extractivismo, que es la tendencia que estamos viendo en los últimos años en la región.

(*) Entrevista original realizada en el programa “Al sur del Río Bravo” que se trasmite por Radionauta FM 106.3 (www.radionauta.com.ar)