Mercosur-Unión Europea: oportunidades y desafíos – La Nación, Argentina

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Tras veinte años de pacientes y por momentos frustrantes negociaciones, el Mercosur acaba de celebrar un valioso y ansiado acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (UE), un conglomerado de 28 países y 510 millones de habitantes. Si el convenio es ratificado por cada uno de sus firmantes -una tarea que puede llegar a insumir dos años más-, estaremos ante un hito histórico, cuyo mérito alcanza a una gestión del gobierno del presidente Macri que debe ser elogiada, junto a la labor del canciller Jorge Faurie y su equipo.

Se consolida así en el tiempo una larga relación económica y cultural con la vieja Europa que no siempre nos resultó favorable, particularmente mientras hubo espacio para el dañino proteccionismo agrícola al que se aferraron, por años, algunos actores económicos, como los agricultores franceses.

La previsibilidad debería reemplazar ahora a la improvisación. Los flujos hacia el Viejo Continente de nuestras principales exportaciones agropecuarias podrán afirmarse y consolidarse. La posibilidad de que se materialicen inversiones en distintos sectores se expandirá visiblemente entre ambas partes. Toda suerte de oportunidades de trabajo se abrirán en los próximos tres años de manera previsible, especialmente en los sectores más dinámicos y competitivos de las economías del Mercosur.

El potencial crecimiento que abre el convenio se advierte en el hecho de que, actualmente, la UE representa apenas alrededor del 18% del comercio total de los países del Mercosur, al tiempo que el bloque sudamericano tiene aún una más ínfima participación en el intercambio con la UE, que es tan solo del 1% de su comercio total.

Nuestra carne bovina y la de nuestros socios en el Mercosur tendrán ahora un umbral de 99.000 toneladas que podrán ingresar a Europa con un arancel del 7,5%. Y habrá cuotas más amplias para la carne de pollo y el azúcar.

Lejos de agotarse exclusivamente en el capítulo agropecuario, que comprende un 63% de bienes derivados de este sector, unos 770 millones de consumidores conformarán en adelante un gigantesco y atractivo mercado. El convenio, de inicio, deja sin efecto el 91% de los aranceles que desde el Mercosur se imponían a los bienes europeos; algunos se reducirán de manera gradual y otros de forma automática, estimándose que el comercio interbloque podría duplicarse a partir de la aplicación.

Paso a paso se eliminarán, asimismo, los derechos de importación a los automóviles de origen europeo. También se reducirá progresivamente la protección arancelaria que en el pasado ha encarecido la importación de distintos bienes industriales, productos químicos y farmacéuticos, así como de algunos artículos del sector de la indumentaria y del calzado.

El Mercosur deberá estar, sin embargo, vigilante respecto de las maniobras que, disfrazadas de salvaguardas, eventualmente intenten los productores agropecuarios europeos que, con menor productividad y acostumbrados a los subsidios, aparecen como los grandes perdedores del acuerdo.

En materia de preservación del medio ambiente, el flamante convenio respetará los llamados acuerdos de París, que Brasil en su momento amenazara con dejar de lado.

En una novedad de mucho peso, en el sector de la obra pública podrán ahora competir igualitariamente empresas de ambos bloques comerciales.

A todo eso se agrega un mecanismo de resolución de disputas y conflictos que incluye paneles y audiencias, que se instrumentarán en un marco de transparencia.

También se acordarán normas para regular el comercio electrónico, reconocer adecuadamente la propiedad intelectual, transparentar las regulaciones y estándares técnicos, proteger las denominaciones geográficas y asegurar debidamente el cumplimiento de las pautas internacionales en materia de derecho laboral.

La innegable trascendencia del histórico acuerdo se agiganta en tanto funcionará como un verdadero dínamo que permita incrementar individualmente el nivel de actividad económica de las partes, así como el del conjunto.

Nuestro país deberá encarar reformas para capitalizar competitivamente las nuevas oportunidades que ofrecerán los mercados para que el acuerdo no repercuta desfavorablemente con ganancia exclusivamente para Brasil. En pos de compensar cualquier situación asimétrica, será necesario que el Estado argentino intensifique sus esfuerzos para bajar impuestos y costos laborales no salariales y logísticos, con el propósito de que las empresas argentinas se tornen más competitivas y se pueda avanzar hacia un proceso de reconversión industrial de significación.

La Nación