Sergio Mautone, Director Nacional de Cultura de Uruguay: “Las industrias creativas están teniendo una enorme oportunidad de potenciación”

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

La cultura uruguaya atraviesa un momento intenso, con mucha producción artística, recuperación de espacios culturales en todo el país y una destacada visibilidad internacional. A las formas más tradicionales, el carnaval, las murgas, la música popular o algunos muy importantes artístas plásticos, en los últimos años se suman una importante producción audiovisual y el surgimiento de dramaturgos reconocidos mundialmente que se integran a una genealogía de teatro, que en parte fue truncada por la dictadura en los años ’70.

En los últimos 15 años los gobiernos del Frente Amplio, que han gobernado tanto a nivel nacional como en la ciudad de Montevideo, han desarrollado políticas públicas que han impulsado la creación y han acompañado el proceso de internacionalización de las artes.

Sergio Mautone es Director Nacional de Cultura de Uruguay. Actor y hombre de las artes en general, dirigente gremial, políglota, Mautone participó de la presentación del Festival de Artes Escénicas (FIDAE)que se llevará a cabo centralmente en Montevideo, aunque tendrá  funciones en casi todos los departamentos del país, entre el 13 y el 24 de agosto.

 

Nodal Cultura conversó con Mautone sobre el momento que está viviendo la cultura uruguaya, el rol de las políticas públicas y la relación de estas con los públicos.

La cultura uruguaya ha tenido en los últimos años tanto un crecimiento interno como también una expansión hacia el exterior que es claramente visible tanto en festivales como en mercados de las industrias creativas ¿Cuál es la visión que tienen sobre este proceso desde los organismos de cultura de Uruguay?

Tenemos una visión coincidente, trabajamos con ese objetivo. Es indudable el crecimiento que ha tenido en los últimos 15 años en Uruguay la mirada sobre la cultura. En este tiempo, en coincidencia con los de gobiernos del Frente Amplio, la cultura viene desarrollándose a partir de algunas políticas. La primera es la conformación de cierta institucionalidad, aún en el reconocimiento de que esa institucionalidad todavía es un poco indefinida, porque a instituciones tradicionales del Uruguay se le han ido sumando otras nuevas con un caracter más actual.

El desarrollo de infraestructuras culturales y la aparición de distintos programas de fomento, tanto a la producción como a la circulación, han abierto la posibilidad a que hoy podamos plantearnos plataformas más ambiciosas como la de internacionalización. En un mundo global como en el que vivimos, creemos que las industrias creativas están teniendo una enorme oportunidad de potenciación. De allí que venimos alineándonos con algunas políticas de la región como la creación de un mercado, que Uruguay no tenía. Creamos un mercado de industrias creativas, el MICUY, que tuvo su primera edición el año pasado y tendrá su próxima edición el año siguiente.

Lo hicimos muy cerca de lo que fue la experiencia del mercado de Industrias Creativas de Argentina (MICA), de quien recibimos un gran apoyo para poder justamente posicionarnos. Este año recibimos del MICA la invitación como país especial. Eso nos planteó la alternativa no solamente de participar de un mercado con todas las características de este, es decir, con instancias de profesionalización, de desarrollo, de asociatividad, o rondas de compra y venta, cosa que es muy importante, sino sobre todas las cosas nos importó rescatar el valor simbólico que lleva la cultura, que es el que más nos interesa.

De allí, que vimos nuestra llegada a Buenos Aires como una enorme oportunidad, no solamente para presentarnos en el MICA con nuestras mejores capacidades, sino también para desarrollar una agenda cultural potente, que tuviera que ver no sólo con expresiones artísticas, sino también con distintas líneas más conceptuales. El MICA se construyó sobre la base de la accesibilidad, la infancia y el género, por lo tanto nos permitimos estar atentos a esta propuesta que vino del lado argentino al momento de pensar en la curaduría. No se trata solamente de traer obra uruguaya a a Argentina, sino traerla sobre la base de que son disparadores de reflexión, además de constructores de acercamiento.
Con Argentina tenemos un enorme potencial de coproducción, a veces hasta sin promoverlo, aunque desarrollamos políticas para que eso pase. El vínculo entre nuestros países es muy cercano, hay cruces laborales, familiares, amistosos, que naturalmente se traducen luego en coproducciones.

El FIDAE (Festival Internacional de Artes Escénicas de Uruguay) tiene un capítulo, inaugurado en la edición anterior, de coproducción con Argentina, lo que nos abre una posibilidad enorme de enriquecimiento mutuo. Antes Uruguay miraba a Argentina como el hermano mayor con el que pocas veces se cruzaba, creo que hoy hemos logrado un intercambio mucho más horizontal que no solamente nos ha beneficiado mucho a nosotros, sino que creemos que también impacta sobre las nuevas tendencias en Argentina, tanto en el ámbito de las artes escénicas, como de la música o de las expresiones audiovisuales. Eso al margen del permanente flujo de artistas argentinos en Uruguay o artistas uruguayos en Argentina.

Si bien hay campos artísticos donde la tradición uruguaya es más prolongada, como la música, la plástica e incluso la literatura, uno puede decir que el cine uruguayo es el que más veces empezó y el teatro no tenía un desarrollo nacional con la potencia del actual. Hoy hay al menos 5 dramaturgos uruguayos que son primera línea en el mundo y películas de jóvenes realizadores ganando premios en muchos festivales internacionales. ¿Cuánto tienen que ver las políticas públicas con la posibilidad de que crezca el campo artístico de una manera tan notoria?

En el ámbito del cine pienso que tienen todo que ver. Durante muchas décadas asistimos al estreno de la “primera película uruguaya”. Yo debo haber visto cómo 3 “primeras películas uruguayas”. A partir de la creación de la ley de cine y la creación del Instituto de Cine y Audiovisual del Uruguay (ICAU), que viene a consecuencia de un cluster audiovisual conformado con anterioridad y siguiendo los modelos de otros institutos de la región, creo que el cine uruguayo tuvo un desarrollo muy importante. Una primera etapa, absorbiendo la experiencia primaria a nivel departamental que fue el FONA, el Fondo Nacional para el Audiovisual, creció con una fuerza fenomenal porque saltamos prácticamente de cero a tener un conjunto importante de herramientas. Esto implicó un crecimiento muy rápido y en relativo poco tiempo un cierto estancamiento que hoy, afortunadamente, se está revisando. Porque nos ha permitido saltar con más fuerza aún.
También creamos una nueva herramienta, hace menos de tres años, que es un gabinete de transformación productiva. Es un organismo en el que se nuclean distintos ministerios que hacen a la producción y diferentes agencias de Estado para el desarrollo de la internacionalización, el desarrollo local, el desarrollo del empleo, etc. Son ocho las agencias a las que se integró recientemente el ministerio de educación y cultura, lo que ha posibilitado pensar la cultura también como desarrollo e incluirla dentro de la agenda. De modo tal que la cultura, a través de sus industrias creativas, hoy aparece como una hoja de ruta con dos sub-sectores ya definidos cómo es el audiovisual y el diseño. Ahora pugnamos para que haya una hoja de ruta que abarque a la cultura en su globalidad.

¿Qué significa contar con una hoja de ruta para el sector audiovisual? significa poner en línea a distintos actores que ayuden a destrabar alguno de los problemas que hoy mantenemos como sector y, por otro lado, a crear nuevos mecanismos de financiamiento. Ya sea mecanismos blancos o bien subsidios que permitan el audiovisual y la producción audiovisual no solamente se afiance, sino que siga creciendo desde su perspectiva. Atendiendo que hoy el mundo es el mundo como tal y su globalidad.

Por un lado el teatro ha tenido un proceso, a mi juicio, diferente. Porque el teatro en Uruguay ha tenido buen desarrollo históricamente, sobre todo el teatro independiente. Tenemos un teatro oficial de la Comedia Nacional, que depende de la órbita municipal de Montevideo, no del Estado nacional. Pero el teatro independiente ha tenido una fuerza muy importante, sobre todo construida a partir de la militancia y una concepción de modelo social, y hasta político. Eso le hizo mucho bien al teatro por un lado, y le hizo mucho mal por otro. Porque los artistas independientes se dieron las formas y los medios para organizarse, crear sus medios de trabajo para mostrar su teatro, pero no se planteaban mucho más allá de ese objetivo inmediato. Dictadura mediante, el rol del teatro fue absolutamente fundamental como bastión de resistencia. Pero recuperada la democracia yo creo que vivimos una suerte de crisis porque desaparecido el objetivo, no se habían desarrollado paralelamente otras herramientas que le permitieran una profesionalización o una inserción en el plano internacional mayor.

Afortunadamente, a partir de la aparición de políticas de fondos de incentivos, fondos concursables, fondos para la capacitación para la formación y para la circulación, creo que hemos podido pegar ese salto pudiendo integrar un lote de nuevos dramaturgos y nuevas camadas que están irrumpiendo con mucha fuerza y que, realmente, le han impreso un sello cómo nunca al Uruguay en esta órbita.

También, es justo decirlo, incide el hecho de haber incorporado el Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE), a una figura como José Miguel Onaindia que tiene un vínculo natural no solamente con Argentina, pero en particular con este país. Lo que ha facilitado, por ejemplo, que le año pasado se nos hubiera designado país invitado de honor en la programación del Teatro General San Martín de Buenos Aires, y que cuatro de las obras que se presentaron hubieran tenido algún nivel de reconocimiento. Y el hecho de que estemos imponiendo como práctica lanzamientos a dos orillas del Río de la Plata, lo que amplían nuestras posibilidades

También hemos tenido fuerte presencia en Perú y en Brasil, donde se nos dedicó una semana en Bahía. Lo mismo en Madrid, donde el año pasado tuvimos una semana de teatro uruguayo nada menos que en el Teatro Español, el más tradicional.

Son muchas actividades, como una co-producción con el Teatro de Ópera belga que estamos montando, de manera que hay distintos agentes que se han ido sumando al terreno donde ya había experiencias en disciplinas más tracidicionales, como en artes visuales. Ahora  tenemos presencia con Figari en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, que estuvo el año pasado en el Museo de Sao Paulo. La idea de que Figari pudiera llegar a Argentina tuvo que ver con esta dinámica, ya que surgió de ese cruce de el el mercado de industrias creativas en Sao Paulo que coincidió con la muestra de Figari, por lo tanto quisimos reproducir de alguna manera el modelo en Buenos Aires. Pero por otro lado tuvimos una muestra de José Pedro Costigliolo,  otro de nuestros grandes artistas plásticos, en Miami y una de la que hemos participado de Torres García en Santiago de Chile, en La Moneda.

Esto tiene que ver con desarrollar una lógica de internacionalización de nuestros artistas para abrir a partir de ellos también puentes, pero también como pensar en sentido inverso. Se levantó el sábado pasado la muestra de Picasso en Montevideo, que tuvo 187 mil visitantes. Esta es una cifra absolutamente descomunal en una ciudad de 1 millón y medio de habitantes. Superamos el 10% de la población.

Son acciones todas que se nutren de distintas vertientes, la intervención del Estado es una, el empuje que los artistas han tenido históricamente en Uruguay sin lugar a dudas es otro, y el vínculo también con ámbitos extranjeros que nos ayudan a veces a tomar modelos, a veces a modificarlos y a veces a crear condiciones nuevas y objetivas para circular.

Hablamos de los artistas, del Estado, del mundo, de las producciones, de los procesos políticos y me pregunto, ¿cómo piensan a los públicos desde la gestión cultural, desde la conducción política de la cultura en Uruguay?

Son absolutamente centrales en nuestras políticas. Hemos venido desarrollando como una de las patas de nuestra acción la creación de audiencia. Desde distintas lógicas y estrategias, una cosa que nos preocupó desde el día uno fue desbloquear la circulación de bienes y servicios culturales, ya que Uruguay es un país macro cefálico y limitaba a Montevideo prácticamente toda la acción. Nos hemos planteado corredores de circulación aprovechándonos de un país pequeño en cuanto a superficie pero con grandes distancias culturales, más que geográficas. Generamos a través de la incentivación en mejor infraestructura, a través de los fomentos para la circulación, también distintos programas en alianza con la educación y con otros sectores para la convocatoria y la creación de públicos, a veces sobre la base de talleres concretos que ayudaran a impartirles herramientas para mejor disfrutar un espectáculo de danza, un espectáculo de teatro o un espectáculo cinematográfico.

En este sentido hay acciones diversas. Uno de los programas es Arte y Juventud, que propone la convocatoria de jóvenes hacedores de cultura  a quienes se les facilita en un encuentro anual, en condiciones para que puedan compartir su arte de manera profesional y en esos contextos ayudar a la convocatoria de nuevos públicos, estableciendo intercambios sobre todo con un carácter formativo, con un carácter pedagógico tanto para los que ejercer la tarea artística como para quienes la consumen. También nos comprometimos con el fuerte posicionamiento de un área que dimos en llamar Ciudadanía Cultural, que tiene que ver con la inserción de determinados programas como el desarrollo de puntos de cultura, usinas culturales o fábricas de cultura, que atienden todos ellos a la ramificación de propuestas y de captación de público. En el caso de Usinas Culturales, que son diecinueve y ojalá pudiéramos extenderlo mucho más, constan  de estudios de grabación y en algunos casos de estudios audiovisuales, que están insertas en centros culturales y tienen como objeto poner al servicio de la comunidad determinadas herramientas para que el vecino, no para el profesional, sino que el vecino se acerque a grabar un tema si es de su interés o se acerque a realizar un registro audiovisual sobre su vida en convivencia o sobre algún aspecto que pueda interesarle rescatar de su comunidad. Esto tiene como objetivo precisamente involucrar al ciudadano que no se va a dedicar a la cuestión artística, aunque alguno a partir de esto pueda hacerlo, pero se trata de darle herramientas que lo acerquen a la lógica y que a partir de ese acercamiento mejore su experiencia como espectador.

Nodal Cultura


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