Ahora que sí nos vemos… Autoreflexiones de la lucha por la legalización del aborto en Argentina

Ahora que sí nos vemos… Autoreflexiones de la lucha por la legalización del aborto en Argentina

Por Florencia Labiano (Universidad Nacional de San Martín) y Lucía Uncal (Universidad Nacional de La Plata)

En este texto queremos compartir algunas experiencias y reflexiones sobre lo que vivimos durante 2018 en el marco del debate por la legalización del aborto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en la ciudad de La Plata, las pretensiones científicas tienen las limitaciones y potencialidades de un discurso biográficamente situado pero disciplinarmente informado. Esperamos también poder reunir algunos aportes producidos al calor de los acontecimientos. El proceso fue complejo y nuestro análisis fue cambiando en variadas oportunidades, escribir en enero de 2019 no es lo mismo que escribir en julio o en agosto del año pasado. Se desplegaron múltiples escenarios en diferentes dimensiones: la calle, el congreso, el discurso, los símbolos, los cuerpos. Todas ellas nos llevan a preguntarnos por la producción de lo político y la política, en un momento en que las instituciones tradicionales son impugnadas y los movimiento informales demasiado inestables o susceptibles de ser cooptados para intervenir significativamente en la realidad nacional. Creemos que en la dialéctica entre el concepto y la historia de los movimientos sociales, el feminismo, del modo en que lo vivimos en el sur del sur, está abriendo un nuevo capítulo.

Estamos emocionadas, sabemos que va a ser un día histórico. Prepararnos para salir a luchar nunca fue tan parecido a prepararnos para ir a bailar. Nos maquillamos los ojos del verde de la campaña a favor de la legalización de la interrupción del embarazo, verde aborto diremos rápidamente. Los labios del violeta del movimiento de mujeres y géneros disidentes.

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Miércoles 13 de junio de 2018. Nos preparamos para salir al Congreso. Estamos en la casa de Florencia en el barrio Villa Urquiza (Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Estamos emocionadas, sabemos que va a ser un día histórico. Prepararnos para salir a luchar nunca fue tan parecido a prepararnos para ir a bailar. Nos maquillamos los ojos del verde de la campaña a favor de la legalización de la interrupción del embarazo, verde aborto diremos rápidamente. Los labios del violeta del movimiento de mujeres y géneros disidentes. Probamos dónde vamos a ponernos el pañuelo, si en el pelo, en el cuello, en la muñeca…

A medida que nos acercamos al Congreso, entramos en la marea de miles, cientos de miles de mujeres, de trans, travestis. Jóvenes, niñas, adultas, ancianas. Pobres, clase media, ricas. Los recorridos posibles son innumerables. Algo nos unifica. El verde y el glitter priman por todos lados. En el metro, en las esquinas, en nuestras caras, en las banderas. Hay mucha alegría y un poco de no saber qué hacer ¿Esperamos sentadas en la acera la votación? ¿Cantamos? Hay un aire de picnic en el aire que nos desconcierta. Esto es absolutamente nuevo en las formas de vivir la política en Argentina. Y nosotras somos protagonistas.

Es un día que sabemos histórico y, como científicas sociales que somos, estamos ansiosas por ser parte de un fenómeno que otrxs colegas estudiarán en el futuro. Como sujetas políticas, estamos emocionadas por ser parte de un movimiento político como nunca antes se vio.

Es un año particular este 2018, luego de 13 años y 7 proyectos presentados, es la primera vez que se habilita la discusión en el Parlamento de un proyecto de este tipo. La “autorización” fue dada por el presidente Mauricio Macri, de corte neoliberal y de derecha, quien convocó a que se tratara sin dar mayores indicaciones a su copartidarixs. Algunxs creen que es una maniobra distractora para ocultar las medidas políticas y económicas antipopulares[1]. Sin embargo la pregunta subyace, ¿cómo y por qué se habilitan los procesos sociales? ¿Puede la decisión de un individuo en un rol de poder ser tan determinante? ¿Cómo se construyó la discusión del aborto en Argentina, proceso que movilizó personas, ideas, discursos, debates , símbolos y organizaciones, teniéndonos en vilo por varios meses?

Aunque a muchxs la implosión del debate sobre el aborto les pareció espontánea y abrupta, con la rapidez de una “moda adolescente”, la irrupción del color verde responde a un entramado de procesos que constituyeron el movimiento de mujeres y disidencias en Argentina. Poder identificarnos como tal, comprender el alcance de la discusión sobre el aborto, poniendo esta problemática en primer plano, su utilización como herramienta para organizarnos, repensarnos y nombrarnos como feministas, son fenómenos que no pueden entenderse sin reflexionar diacrónicamente, incorporando las luchas, discusiones y rupturas que hacen y rehacen al feminismo en Argentina. Retomando a una pregunta incontestable, nos interrogamos: ¿Qué existe primero? ¿Lxs sujetxs o las posibilidades? ¿Las posibilidades o las transformaciones?

¿Cómo llegamos al 2018?

Si bien el 2018 quedará como un año decisivo del movimiento de mujeres, como siempre la producción de su politicidad congrega múltiples historias personales y colectivas. Identificamos algunos de esos eventos y procesos que nos trajeron hasta acá, implicando una preparación más o menos silenciosa de la oportunidad y su aprovechamiento para impulsar la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE).

Para lxs militantes feministas, especialmente para las mujeres, la experiencia del #niunamenos nos puso en protagonistas, víctimas y potenciales víctimas que no se quedan calladas, que accionan, se organizan, se agrupan en colectivo. En estas nuevas formas de encuentro nos reconocemos diversas y activas, rompiendo con el miedo paralizante y el aislamiento.

Un antecedente, y presente, ineludible para entender el carácter autogestivo y plural del movimiento de mujeres y disidencias es el Encuentro Nacional de Mujeres (actualmente, de Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, trans, travesti y femeneidades). Creado en 1986, en pleno clima de reapertura democrática, es un espacio anual que busca ser plataforma de encuentro, intercambio, discusión y empoderamiento. Durante tres días, miles de mujeres, lesbianas, travestis y trans se reúnen en una ciudad del país, autoconvocadas o con sus organizaciones, para participar de talleres y espacios de discusión, actividades culturales y políticas, finalizando las jornadas con una marcha multitudinaria por las calles de las ciudades hospedantes. El Encuentro se basa en una serie de “pilares” que se reafirman año a año: horizontalidad, autonomía, autoconvocatoria, federalismo, autogestión y democracia. En los últimos años, la participación en los Encuentros ha crecido exponencialmente[2], consolidándose cada vez más un espacio reconocido y respetado, una experiencia “obligatoria” de atravesar para toda feminista. Históricamente, los Encuentros han funcionado como espacio promotores de la organización de diversas campañas a favor de los derechos y la defensa de las mujeres y disidencias. Es en este marco que nace la “Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito”[3], organizada entre el 2003 y 2004 en los Encuentros de Rosario y Mendoza, y lanzada públicamente el 28 de Mayo de 2005, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. La campaña tiene dos frentes: la “calle” y el poder legislativo. Así, a la par que promueve actividades y movilizaciones públicas, presenta los proyectos de legalización de la IVE (en 2018 fue la séptima vez que se presentó). La campaña, que reúne a más de 300 organizaciones, se reúne bajo el símbolo del pañuelo verde, remitiendo al pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo y a un color que no estuviera tomado por otras campañas, y la consigna “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. La campaña fue tomando más presencia pública, a la par que el pañuelo verde fue ganando espacio en bolsas y mochilas a lo largo y ancho del país, acompañando a más personas como un amuleto, propiciando miradas cómplices y sororas, plantando el debate a cada paso.

La dicotomía entre “la calle” y las conquistas legislativas es una constante en la batalla política del movimiento feminista. En este sentido, es ineludible incorporar la experiencia del “Ni Una Menos” a esta narrativa.

Este colectivo, de carácter autogestionado y plural, creado sobre los mismo pilares que los Encuentros, convocó una marcha el 3 de junio de 2015 para movilizarse contra los femicidios. Esta acción visibiliza el entramado de violencia machista más fatal y cristaliza una realidad: cada 30 horas hay un femicidio en Argentina. A raíz de esta masiva movilización autoconvocada, la sociedad argentina se enfrenta a preguntas incómodas: ¿Qué es un “femicidio”? ¿Qué es “violencia de género”? Algunxs salimos a las calles, otrxs se indignan, algunxs comenzamos a vincular el femicidio con otras reivindicaciones feministas, otrxs, incluso habiendo marchado en el #niunamenos no quieren/pueden establecer relaciones entre las problemáticas.

Fotografía, Angel Vainstein

Para lxs militantes feministas, especialmente para las mujeres, la experiencia del #niunamenos nos puso en protagonistas, víctimas y potenciales víctimas que no se quedan calladas, que accionan, se organizan, se agrupan en colectivo. En estas nuevas formas de encuentro nos reconocemos diversas y activas, rompiendo con el miedo paralizante y el aislamiento. Cierta premisa subyace: “Si te pasa algo estoy acá, si me pasa algo estarás vos para gritar por mí”.

El abordaje de las problemáticas de género cada vez más ligadas a una perspectiva feminista, supone un punto de inflexión. El #niunamenos es el primer acercamiento al feminismo de muchas personas, en especial adolescentes que quizás han ido a su primera marcha acompañadxs por su familia. Sin embargo, esto supone un límite, quienes no se identifican con el feminismo comienzan a alejarse de estas movilizaciones, encontrando muchas veces otros espacios donde expresar sus preocupaciones y expectativas sobre esta problemática.

Las experiencias del #niunamenos, y su consolidación como referente discursivo y organizativo (es decir, como consigna y como colectivo) se constituyeron como una plataforma desde la cual generar una nueva articulación y maneras de accionar. Así, frente al femicidio de Lucía Pérez, una adolescente asesinada por sus presuntos dealers, se organizó el primer paro de mujeres de la historia de la Argentina, el 19 de octubre de 2016.

Fotografía, Irina Skamarda

Este hecho modificó la manera en que se comenzaron a vivir los 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En poco tiempo, la consigna “ni flores ni bombones” quedó obsoleta, superada por la contundencia de transformar el día de consumo y saludos “al ser más bello de la tierra” en un día de paro y movilización. Las mujeres y disidencias nos organizamos y ocupamos un lugar como sujetos políticos con consignas ligadas a las problemáticas de nuestros géneros, con dinámicas y lógicas propias que intentan romper con el verticalismo y la estrechez que caracteriza a los partidos políticos y sindicatos argentinos.

A la vez, las experiencias de reconocimiento mutuo y movilización colectiva, “encontrarnos en la calle”, fueron conformando un movimiento transversal que promueve prácticas y relaciones basadas en la sororidad, rompiendo con el mandato patriarcal de la competencia. El movimiento de mujeres y disidencias se identifica con el feminismo, y el feminismo, con una identidad política.

En el plano legislativo, una intensa actividad de movimientos y organizaciones sociales y de géneros promueve, desde mediados de los 2000, una serie de leyes que impulsan la discusión y visibilización de las problemáticas de género. En 2006, se sanciona la ley de Educación Sexual Integral (ESI) que establece que todxs lxs educandxs tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada en todas las jurisdicciones, comprendiendo la ESI desde un anclaje sociocultural y de género, rompiendo con la concepción biologicista e higienista de la educación sexual tradicional. En 2009 ve la luz la Ley de Protección Integral a las Mujeres que tipifica las violencias hacia las mujeres y promueve políticas públicas y protocolos de acción institucionales. En 2010 se aprueba la Ley de Matrimonio Igualitario que amplía la concepción de matrimonio a personas LGBTTTIQ. En 2012 se sanciona la ley de Identidad de Género, la primera en el mundo en no patologizar la identidad trans, reconociendo oficialmente el nombre y el género elegido y la cobertura de los tratamientos médicos necesarios para la adecuación a la expresión de género, tanto en el sistema de salud público como privado. En 2012 se crea la Ley de Femicidios que establece la figura de femicidio y extiende las penas en casos de homicidios por razones de género.

En el terreno mediático, los medios cumplen una función ambivalente, promoviendo algunas experiencias como el #niunamenos, pero a la vez sosteniendo discursos y coberturas mediáticas con claros tintes patriarcales (de los Encuentros, de los casos de femicidios). En nuestro punto de partida, el 2018, el debate sobre la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo irrumpirá en los medios, generando situaciones antes nunca vistas y completamente inesperadas, como la invitación de reconocidas figuras feministas pro legalización a un programa de chimentos de la banda horaria de la tarde que provoca un récord de búsqueda en google de la palabra “misoprostol” (medicamento utilizado para realizar abortos seguros y autogestionados).

Con más o menos debates, y más o menos movilizaciones populares, estos hitos instalaron, en los últimos años, una y otra vez las problemáticas de género en la agenda pública argentina.

La ruptura con el pasado social quiebra el silencio enquistado en la biografía personal. Unx hijx habla de su aborto y su madre le confiesa los suyos, silenciados durante 30, 40 años. El diálogo intergeneracional compartido de las vivencias individuales expande las redes de sororidad y repone como experiencia colectiva lo que era callado como culpa personal.

Habilitar la palabra

El alcance público y privado del debate sobre el aborto habilita el testimonio. Los números fríos de la socioestadística se convierten en personas con nombre y apellido. Mujeres, hombres trans e intersexuales comienzan a dar testimonio de su experiencia directa, cuentan cómo fueron sus abortos. La mayoría concuerda en un punto, más allá de las condiciones de salud en que se lo realizaron y las circunstancias socio-económicas-afectivas que lo rodearon:, la dimensión traumática del aborto radica en su clandestinidad. No poder contar, no poder acudir a recibir ayuda, sentirse solx y estigmatizadx.

La visibilidad de la problemática social repercute en la habilitación de los sujetos para poder narrar, para poder decir. En todos los ámbitos se escucha y se lee “yo aborté”.

Esta voz habilitada constituye una ruptura con un pasado de oscuridad y silencio. Las consignas contra la violencia de género ganan una nueva dimensión. Blandemos el “ya no nos callamos más” para reafirmar que lo privado es político. Se habla de los propios abortos en televisión, en las redes sociales propias o públicas, se habla de aborto en las familias.

La ruptura con el pasado social quiebra el silencio enquistado en la biografía personal. Unx hijx habla de su aborto y su madre le confiesa los suyos, silenciados durante 30, 40 años. El diálogo intergeneracional compartido de las vivencias individuales expande las redes de sororidad y repone como experiencia colectiva lo que era callado como culpa personal. Cada vez más mujeres de más de 50 años llevan el pañuelo en su bolsa y serán parte de las movilizaciones junto a las pioneras del movimiento, sus coetáneas. No es un proceso sin contradicciones, ni mucho menos sin dolores, pero el debate y todo lo que habilitó nos dio herramientas no sólo para pensar un horizonte no patriarcal para nosotras y nuestrxs hijxs, sino también un lugar desde el cual reencontrarnos en la experiencia de nuestras madres.[B1]

#QueSeaLey

Parte de este diálogo, íntimo y masivo a la vez, se da en las redes sociales. Éstas como nuevos espacios de sociabilidad y socialización de las nuevas generaciones son una caja de resonancia donde el debate encontró portavoces directas y la propia experiencia sirvió para convocar la de las otras. Protagonistas indiscutidas de la toma de la calle, también coparon los nuevos medios: Tweeter, Instagram, Facebook, Whatsapp. A diferencia de otras dinámicas virtuales, donde siempre intervienen los mismos y nos sabemos de memoria “los bandos”, el debate por el aborto y en general, la reverberación feminista, permite el reconocimiento de sagaces desconocidas que movilizaron miles de likes y retweets desconcertando a trolles y bots[4].

Fotografía, Irina Skamarda

Las redes sociales también ofrecen nuevas referencias político-culturales (influencers), que a su vez se potencian en el entramado que se construyó tanto con militantes y diputadas como con figuras más tradicionales ligadas a la televisión, el cine, la radio y el diario impreso. La autenticidad del movimiento, por contraste a la avalancha de fakes virtuales, se prueba en la calle: dos veces más de un millón de mujeres acompañan el debate legislativo durante horas, acampando en las cercanías del Congreso.

En algunos casos estas jóvenes vienen de procesos de fuerte movilización y toma de escuelas secundarias –donde no dejaron de reclamar el cumplimiento de la Educación Sexual Integral- y otras se sumaron a las asambleas de Ni Una Menos. Muchas probablemente se sintieron identificadas por muertes atroces de otras jóvenes de su edad. Muchas encontraron en el feminismo, las redes de sororidad y los espacios de habla la oportunidad de cuestionar preceptos –morales, familiares, políticos y estéticos- y explorar ideas –géneros fluidos, preferencias sexuales, alternativas relacionales-. Chavas de 14, 15, 16 años sin miedo a llamarse feministas y con avidez de libertad. Ellas encuentran simultáneamente una causa, un método y un lenguaje, y el movimiento, una nueva sujeta.

La calle y el glitter

Una dinámica muy particular caracteriza este proceso. Los símbolos y consignas colman todo el campo donde se despliega el debate. Algunos reflorecen, otros se reactualizan, se apropian y transforman en una batalla campal simbólica. Estar de un lado o de otro, cuyas implicancias son tanto ideológicas como espaciales, ya que la Plaza del Congreso fue dividida en dos partes separadas por vallas, deviene en adoptar símbolos, consignas, dinámicas corporales y sociales específicas. Dentro de la diversidad de las multitudes, atendemos a cierta uniformización implícita.

El pañuelo es el símbolo más fuerte y reconocido, y el crecimiento de su presencia en el ámbito público y privado acompaña la consolidación del movimiento pro legalización. Si el pañuelo blanco identificó a “las Madres”, el verde será el estandarte de la “revolución de las hijas”.

Quienes están del “lado verde” portarán el pañuelo de ese color en el cuello, muñecas, brazo, pelo, bolsas. Este símbolo nace con la Campaña por el Aborto Legal, retomando la impronta de los pañuelos como símbolos políticos en Argentina desde que lo adoptaron como emblema las Madres de Plaza de Mayo; el color verde será elegido por su poco uso en el ámbito político y por estar relacionado a la representación de la vida. El pañuelo es el símbolo más fuerte y reconocido, y el crecimiento de su presencia en el ámbito público y privado acompaña la consolidación del movimiento pro legalización. Si el pañuelo blanco identificó a “las Madres”, el verde será el estandarte de la “revolución de las hijas”. Cada vez más personas se atreven a usarlo cotidianamente. Especialmente las adolescentes y jóvenes, quienes con su acción inspiran a las más grandes a imitarlas. El pañuelo se lleva a todos lados, es un elemento para reconocerse aliadas pero también, para instalar agenda subrepticiamente. No hay manera de ignorar el problema ni el planteamiento político.

Hasta unos meses antes del debate legislativo, sólo podía ser comprado a lxs integrantes de la Campaña. Frente a la masiva demanda, aparece un nuevo mercado: en las esquinas de las principales ciudades se verán cada vez más vendedorxs ambulantes vendiéndolos. Para lxs militantes a favor de la legalización, se hace obligatorio expresar su posición y “plantar pañuelo”.

Fotografía, Constanza Pozzi

El espacio público no está exento. Durante las semanas previas, intervenciones espontáneas en la vía pública cubren de verde diversos tramos de la Ciudad y reponen una y otra vez consignas feministas en el medio de la vida cotidiana.

Así, con la instalación del pañuelo como símbolo, se genera una acción particular: el pañuelazo. En los cierres de actividades sociales, políticas, culturales o en eventos convocados específicamente para eso, se desplegarán los pañuelos verdes. Las caras se tapan y lo personal se diluye en lo colectivo.

El “uniforme” de las personas a favor de la legalización se completa con un elemento inesperado: el glitter. Aportado por las más jóvenes, ligado a la escena LGBTTIQ y a las fiestas “under”, el brillo establece una dimensión festiva, alegre e irreverente a este movimiento político. Lo perfomático se pone en escena creando un aire de carnaval con reminiscencias tribales o ancestrales.

El glitter y el maquillaje, donde se incorpora el color violeta del movimiento de mujeres y disidencias, constituyen una especie de máscara de guerra, pero también, una transformación de un acto tan ligado a lo femenino: como antes nos arreglábamos para salir de fiesta y someternos a los cánones de belleza heteropatriarcales, ahora lo hacemos para salir a luchar por nuestros derechos. Nuevamente las lógicas políticas se trastocan con la incorporación de lo femenino-feminista.

Los cuerpos son protagonistas de este lado de la valla. Aunque hace frío, está por comenzar el invierno en Argentina, vemos baile, cuerpos abrazados, mate y alcohol para mantener el calor y el espíritu. Una espera larga, de años, que se acorta con el correr de las intervenciones en el parlamento, una consigna concreta para un movimiento tan potente como polisémico.

La apropiación de las consignas pro legalización se repite al plantearse los fundamentos de “este lado” del debate: “educación sexual para prevenir, anticonceptivos para elegir, contención para no abortar y adopción para vivir”. A la vez, se identifican como la “Ola Celeste” e, incluso, promueven un feminismo “pro vida”. En pos de la construcción de la propia identidad pública, buscan simultánea la diferenciación de aquellos clichés con los que se asocia al feminismo y a las feministas, que a su vez se vuelven cada vez más difíciles de estereotipar.

Están presentes algunos símbolos que representan el aborto clandestino. Carteles caseros nos recuerdan las principales consignas. La percha, como símbolo de los abortos clandestinos, precarios y peligrosos, se hace presente a la par que una consigna deja anclada la discusión de fondo “no es aborto sí o aborto no, es legal o clandestino”.

La masividad, exponencial crecimiento y alcance del movimiento pro legalización, genera una metáfora que lo bautiza. Así surge la Marea Verde, una imagen que remite a la fuerza del agua, su inmensidad, su fluidez. Todo se diluye en la marea, nuevamente lo personal se funde en lo colectivo.

La polarización que generó el debate del aborto en Argentina y la rápida consolidación del movimiento pro legalización supuso un problema para las organizaciones y sujetos que se posicionaron/posicionan en contra. En poco tiempo debieron articularse y generar mecanismos de representación, comunicación y movilización para tener una referencia y acción políticas visibles a la par de las que desarrollaba el campo contrario.

El problema de la representación del “lado celeste” se resolvió en gran medida con la reapropiación de los símbolos y consignas pro legalización. En Mayo, la ONG “Más Vida” lanza el pañuelo celeste, con el logo de una madre entrelazada al feto que lleva en el vientre, como forma de identificarse. El color elegido remite a los colores patrios (la bandera Argentina es blanca y celeste). El cruce entre lo nacional, lo argentino y la defensa de “la vida” estará muy presente en el discurso político e ideológico del movimiento contra la legalización. La fundamentación de la acción política será la defensa de los valores de la familia y, por lo tanto, de la base de la sociedad argentina.

Aunque esa premisa se mantendrá durante todo el debate legislativo, el discurso contra la legalización muta rápidamente de una defensa intransigente del “fetito”, símbolo de la vida que sería “asesinada” si se legalizara la interrupción del embarazo, a una proposición que incluye a la persona gestante, intentando resolver la dimensión de salud pública del planteo (la muerte de personas gestantes por aborto clandestinos). Así nace la consigna “Salvemos las dos vidas” y la consecuente identificación del movimiento como “pro vida”.

La apropiación de las consignas pro legalización se repite al plantearse los fundamentos de “este lado” del debate: “educación sexual para prevenir, anticonceptivos para elegir, contención para no abortar y adopción para vivir”. A la vez, se identifican como la “Ola Celeste” e, incluso, promueven un feminismo “pro vida”. En pos de la construcción de la propia identidad pública, buscan simultánea la diferenciación de aquellos clichés con los que se asocia al feminismo y a las feministas, que a su vez se vuelven cada vez más difíciles de estereotipar. A cada paso, el movimiento antiaborto parece estructurarse de una manera defensiva, reaccionando a los mecanismos de representación y articulación exitosos del movimiento pro legalización.

De lado celeste de la valla, vemos una concentración menor de personas, pero un escenario más grande. En él se presentarán números artísticos y se realizarán ecografías en vivo transmitidas por pantalla gigante. Aquí la política se hace en “familia” y siguiendo los preceptos de Dios, tanto del catolicismo como de las Iglesias cristianas. Aunque estos elementos también están presentes en el campo pro legalización -grupos como “Católicas por el derecho a decidir” son pilares de la Campaña-, es en este lado que se configuran como ejes fundamentales. La “Ola Celeste” está compuesta en gran número por ancianxs, niñxs y personas religiosas. Las calles están decoradas con globos rosas y celestes, representando a los niños y niñas por nacer, remarcando la binariedad de su concepción de género. Al momento del debate del proyecto en el Senado, el 8 de Agosto, dos meses después de la media aprobación, la cantidad de personas en el “lado celeste” es mayor. Mientras que la Iglesia Católica aseguró el lobby dentro del gobierno y el Parlamento, las organizaciones evangelistas se dedicaron a movilizar a miles de fieles[5].

Fotografía, Irina Skamarda

“Adentro” y “Afuera”

El debate por el aborto atraviesa perpendicularmente la polarización política que venía marcando el ritmo de las discusiones en las cámaras y las elecciones en las urnas: kirchnerismo y antikirchnerismo, y recientemente su contracara, macrismo y antimacrismo; abriendo así su propia “grieta”. Diputadxs de diversos espacios políticos, oficialistas y de la oposición toman la posta que dejó el presidente e inmediatamente comienzan a movilizar los apoyos necesarios para tratar el proyecto en comisiones y en la Cámara. La medida y sus reacciones generó agrupamientos inéditos: referentes de derecha, centro e izquierda articulan con la Campaña por el Aborto seguro, legal y gratuito para presentar un borrador[6].

El movimiento feminista encuentra aliadxs insospechadxs en ese debate haciendo proclamas altamente significativas y disruptivas, que alteraron los marcos con los cuales solíamos pensar quién-estaba-con-quién (o con qué). Las categorías usuales (sobre todo las clasistas y maniqueas) de diagnóstico son incapaces de dar cuenta de lo que estaba sucediendo. Y por sobre todo, las Comisiones de discusión tienen una vitalidad desconocida para un país típicamente presidencialista: en los noticieros y por las redes circulaban fragmentos de las más de 200 intervenciones de especialistas y militantes, de entre 16 y 80 años de edad, que durante nueve semanas discurrieron sobre la cuestión. Cada debate en Comisión fue convocado como un “martes verde” en las afueras del Congreso. Esa dinámica entre el “adentro” y el “afuera” del Congreso fue decisiva para su aprobación en la sesión del 13 de junio: el grupo interbloque de Diputadxs que había impulsado la medida salieron en reiteradas oportunidades durante la noche para mantener vivo el acompañamiento, se apropiaron del pañuelo y el glitter y lo introdujeron al recinto.

Tal como sucedió en la Cámara de Diputados, la transversalidad de la temática fue ganando centralidad poco a poco en los espacios menos pensados y entre figuras que hasta ese momento nunca habían puesto en juego sus capitales (sociales, simbólicos, culturales) para una causa política y polémica. Hasta el 2018, el debate había quedado relegado también por la difundida creencia entre políticxs, funcionarixs y expertxs de ser un tópico “piantavotos”, es decir, con negativas consecuencias electorales para sus promotorxs. Esto también vale para actrices, cantantes, escritoras, periodistas, vedettes, artistas plásticas e intelectuales que hicieron una apuesta riesgosa en sus trayectorias para visibilizar el debate y apoyar la causa. En pos de potenciar su apoyo a la legalización del aborto (y colectivizar también el impacto simbólico de la toma de posición) y delinear una estrategia de intervención, se crean nuevas organizaciones colectivas de diferentes ámbitos –desde ilustradoras y muralistas hasta científicas-. Estas organizaciones son centrales para el acompañamiento de reclamos particulares antes invisibilizados e incluso para pensar problemáticas vinculadas a los géneros en sus propios espacios de desenvolvimiento.

La medida obtiene la media sanción en Diputados por pocos votos. A pesar de la masividad creciente del apoyo a la medida, el miedo a las consecuencias electorales en territorios provinciales históricamente más conservadores y católicos y las creencias individuales de lxs parlamentarixs pusieron en vilo la votación. El debate en el Senado tuvo otro tipo de características: se llega con mucha confianza pero también con una mayor organización por parte del movimiento antiderechos; algunxs de lxs impulsorxs con lxs que se contaba en esa Cámara tienen problemas personales y casi no participan en las diferentes instancias; la vicepresidenta de la Nación y presidenta de la Cámara alta se manifestó en reiteradas oportunidades en contra de la legalización del aborto y la dinámica de representación tuvo otro peso en la elección.

La presentación del aborto como una cuestión de salud pública se explica por la importancia de las muertes provocadas por abortos clandestinos mal realizados, siendo una de las principales causas de defunción de mujeres embarazadas y el hecho de que, aún en forma ilegal, la práctica ha sido, es y será realizada por cientos de miles de nosotras cada año.

Los argumentos

Los argumentos esgrimidos para defender el proyecto de legalización del aborto seguro y gratuito se pueden estructurar en dos grandes ejes: el del aborto como problema de la salud pública y el del aborto como el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. La disputa ideológica que se dio en diferentes ámbitos recogía puntos de uno y de otro, y si bien ambos tenían el mismo objetivo y sirvieron a la “despenalización social” del aborto, se puede decir que los proyectos políticos que tenían como horizonte eran diferentes. La tensión entre estos dos grandes argumentos ya ha estado presente en otro tipo de discusiones anteriores como son la despenalización de las drogas (ya sea caracterizado como problema de salud o seguridad pública) y también en otros espacios nacionales, donde el debate ha sido directamente caracterizado como “pro-choice”, en parte también por una construcción disímil de lo público y la relación entre el Estado y lxs ciudadanxs.

La presentación del aborto como una cuestión de salud pública se explica por la importancia de las muertes provocadas por abortos clandestinos mal realizados, siendo una de las principales causas de defunción de mujeres embarazadas[7] y el hecho de que, aún en forma ilegal, la práctica ha sido, es y será realizada por cientos de miles de nosotras cada año. Desconocerla e intentar desincentivarla a través de la prohibición, se ha probado altamente ineficiente en los casi 100 años que lleva vigente la ley actual. Implica un reconocimiento de la incapacidad del Estado para tutelar los cuerpos y una especie de “liberalismo” por la negativa: estar de acuerdo con la legalización del aborto no implica estar de acuerdo con el aborto en sí. Este argumento apela fuertemente a las consecuencias desiguales que tiene el aborto clandestino en los diferentes estratos sociales. Bajo la consigna de “las ricas abortan y las pobres mueren” se buscó visibilizar la universalidad de la práctica y la desigualdad a la que somete la clandestinidad. En este sentido, existe en Argentina, por lo menos simbólicamente, una fuerte idea de que el Estado debe intervenir en situaciones de injusticia social (donde la injusticia se lee sobre todo en términos de clase –antes que otros clivajes-). El sistema educativo y de salud público se consolidaron durante el s. XX como los dos grandes pilares de ésta representación, que a pesar de los intentos neoliberales de privatización, siguen teniendo un rol fundamental en la democratización del bienestar. Es por eso, que en un Estado que asume su obligación con la salud de la población, se deben garantizar las condiciones para que todas aquellas mujeres que desean interrumpir su embarazo lo hagan en condiciones dignas.

Fotografía, Constanza Pozzi

Asimismo, en los últimos años, han sido las muertes una de las principales causas de organización masiva de las mujeres en el país. El reconocimiento del femicidio como consecuencia de la violencia patriarcal fue simultáneamente una conquista popular (a partir de la convocatoria “Ni una menos”), legislativa (Ley 26.791) y hasta epistemológica que permitía poner las muertes por abortos clandestinos en serie con los femicidios, de los cuales el Estado ya había reconocido su responsabilidad indirecta en éstos últimos (Ley Nº 27.452).

Por su parte, el aborto como derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo apelaba a otro conjunto de ideas, representaciones y prácticas. En este caso, el aborto venía a expandir derechos afirmativamente, lo que justifica su legalización no es la incapacidad del Estado sino su ilegitimidad para restringir la autonomía de la vida de las mujeres en tanto seres gestantes. Se hace hincapié en la potestad diferencial de la cual gozan varones y mujeres en relación a su cuerpo, la sexualidad, la contracepción, la medicalización y la división del trabajo y los roles, que obliga a las mujeres a la maternidad. Por eso, aquí la serie en la que se ponía el aborto era la de los derechos sexuales reconocidos como derechos humanos: la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad de género.

Mientras el otro argumento echó luz sobre una realidad opaca y ocultada, éste abrió un sin fin de debates de orden filosófico que desbordaron ampliamente el Congreso: desde el corrimiento de las identidades binarias (varón/mujer) para hablar de cuerpos gestantes hasta el cuestionamiento del aborto como “solución en última instancia” y evento traumático, resituando la angustia de la experiencia no en sí misma sino en la clandestinidad de la práctica (más allá incluso de las condiciones sanitarias en las que se realice. Se criticó la lógica por la cual en la ley vigente existen excepciones en las que se permite el aborto (ya sea por riesgo de la salud de la madre o por violación), poniendo de manifiesto que lo que se penaliza no es el aborto como práctica sino el goce sexual de las mujeres. Se opuso firmemente a las propuestas de “atravesar el embarazo para dar en adopción al bebé nacido”, apelando que este tipo de soluciones reducían el cuerpo de la mujer a “una incubadora”. Se defendió la maternidad asociada al deseo, indicando que lo que humaniza al cuerpo gestado no es el estadío evolutivo del embarazo sino justamente su representación como hijx. Y uno de los principales corolarios fue la puesta en evidencia de la presencia de la doctrina cristiana en las diferentes instancias del Estado.

Los argumentos en contra se articularon en torno a la discusión del inicio de la vida y la caracterización del aborto legal como genocidio, de la ilegitimidad de la mujer para decidir sobre la vida del feto e incluso con propuestas de penalización sin excepciones (es decir, más punitivista que la ley actual). Se propone la continuidad del embarazo y la adopción como alternativa al aborto.

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Ya no habrá vuelta atrás, hacia un pasado de silencio y ocultamiento. La experiencia política de organización, debate y movilización deja una base firme sobre la que construir. La Marea Verde rompe fronteras, a lo largo de América Latina la experiencia se replica y comienzan a generarse campañas por la legalización del aborto en varios países.

Es 9 de Agosto, son las 4 de la mañana, miles de personas esperan entumecidas y con frío entre la avenida 9 de Julio y la Avenida Callao, en Buenos Aires. No paró de llover en todo el día. En el lado verde, se transmite por pantallas el debate. Finalmente, luego de una jornada larguísima y pobrísima en Senadores, se rechaza el proyecto de legalización del aborto. Se cierran meses de intenso debate, discusión, y acción política.

Fotografía, Irina Skamarda

El balance no se hace esperar. Es difícil establecer de qué lado quedó la derrota y de cuál la conquista. La sociedad argentina avanzó hacia la despenalización social del aborto, de eso se habla, se discute, se promueve la autogestión y las redes sororas-solidarias para acceder a abortos más seguros. Sin embargo, quedaron expuestos numerosas fuerzas conservadoras, tradicionales y nuevas, tanto en el ámbito parlamentario como en la sociedad civil. La reacción contra todo lo que huela a feminismo y perspectiva de género no se hace esperar. En sintonía con los movimientos religiosos, católicos y evangélicos de la región se lanzan las campañas en contra de la “ideología de género”, buscando atacar la Educación Sexual Integral. A la par, se dificulta el acceso a interrupciones legales del embarazo a mujeres, adolescentes y niñas violadas, procedimiento legal desde principios de Siglo XX[8]. Si bien se observa el resquebrajamiento de roles y tabúes sexuales y de género, también se escuchan cada vez más fuerte consignas fascistas. La reacción antiaborto intervienen en todas las instituciones del país: de salud, judiciales, políticas.

Sin embargo, el saldo para quienes estamos a favor de la legalización es positivo. El crecimiento exponencial y la consolidación del movimiento implica un quiebre en la lucha por los derechos de las mujeres y las disidencias. Ya no habrá vuelta atrás, hacia un pasado de silencio y ocultamiento. La experiencia política de organización, debate y movilización deja una base firme sobre la que construir. La Marea Verde rompe fronteras, a lo largo de América Latina la experiencia se replica y comienzan a generarse campañas por la legalización del aborto en varios países.

Lo que deja la marea

El 2018 y el debate por el aborto fue un catalizador de procesos que se desarrollaron en múltiples escalas y temporalidades: biografías reescritas, historias colectivas releídas, nuevas palabras para nombrarnos, para denunciar lo que sufrimos y para construir lo que deseamos. El 2019 es un año especial, en el contexto de una creciente recesión económica y descontento político, habrá elecciones presidenciales, gubernamentales en la mayoría de las provincias e incluso legislativas. Algunas de las figuras involucradas en la dinamización del proyecto en las Cámaras ya no estarán. Ante este panorama, cabe preguntarnos ¿qué pasará con la legalización del aborto? ¿Qué consecuencias tendrá el debate en las elecciones? ¿Y la conformación de una reacción conservadora articulada? ¿Cómo afectarán a las lealtades partidarias las diferencias en materia de género? ¿Alcanzan las elecciones para expresar y representar a la sociedad civil?

Algunos indicios ya aparecieron en el debate: no se puede subestimar las movilizaciones de millones de mujeres, no se puede desconocer el ingreso a la vida política y electoral de estas jóvenes feministas[9], no se puede obviar el avance político de fuerzas eclesiásticas, sobre todo en la tensión que introducen para el feminismo popular. Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta de la Nación y actual senadora, que durante su gobierno (2007-2015) no impulsó este debate ni se pronunció a favor, dijo que el peronismo –movimiento y partido eminentemente viril con una importante carga de personalismos masculinos fuertes, asociado en sus inicios a la iglesia y el ejército- así como tras la última dictadura tuvo que repensarse no sólo como “nacional y popular” sino también democrático, ahora es tiempo de que sea “nacional, popular, democrático y feminista”.

Confiamos en la irreversibilidad de nuestra toma de conciencia y de cuerpo pero también entendemos que el movimiento plantea desafíos a estructuras de poder consolidadas (roles de género, inserciones en el mundo del trabajo, desigualdad en las remuneraciones, trabajo doméstico, obligatoriedad de la maternidad, etc.) y a la vez corre el riesgo de quedar relegado a un lugar meramente decorativo en los próximos programas partidarios. Para generaciones que vivieron la derrota de proyectos políticos de igualdad, para lxs nacidxs durante la emergencia y auge del neoliberalismo, el fin del patriarcado es un nuevo horizonte de radicalidad con una potencia de siglos contenida. Lo que se desencadenó sólo con mucha violencia podrá revertirse, y ni aún así nos van a sacar la certeza de que se va a caer[B2] .


Notas

[1] Si bien la situación social empeorará en los meses posteriores al anuncio, ya en ese momento la evolución económica y política del gobierno de Cambiemos, tras dos años en el poder, se veía incapaz no sólo de cumplir sus promesas de campaña sino de contener la inflación, el desempleo y la pobreza, en un contexto de alza constante de las tarifas de los servicios básicos, retracción de la producción industrial y devaluación de la moneda.

[2] En el primer Encuentro (Buenos Aires, 1986) participaron 1000 personas, en el último (Trelew, 2018), el más austral de todos, participaron 50.000.

[3] http://www.abortolegal.com.ar/about/

[4] http://anccom.sociales.uba.ar/2018/08/08/el-debate-del-aborto-en-twitter/

[5]https://www.letrap.com.ar/nota/2018-8-9-2-54-0–los-catolicos-pusieron-lobby-politico-y-los-evangelicos-la-gente-en-la-calle

[6] Para una crónica de esta gesta ver http://revistaanfibia.com/cronica/cronica-de-ls-sorors-2/

[7] http://soberaniasanitaria.org.ar/wp/aborto-clandestino-lo-que-muestran-y-lo-que-ocultan-las/

[8] El último caso (al momento de redacción): http://cosecharoja.org/pidio-un-aborto-legal-le-hicieron-una-cesarea/

[9] Como por ejemplo la referente Ofelia Fernandez https://www.nuestrasvoces.com.ar/mujeres-en-lucha/ofelia-una-rebelde-con-causa/

Florencia Labiano es estudiante del Doctorado en Sociología en el Instituto de Altos Estudios Sociales (Universidad Nacional de San Martín) y desde 2018 es becaria de investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Realizó estudios de Licenciatura y Profesorado en Sociología en la Universidad Nacional de La Plata. Actualmente se interesa por la sociología económica.
Contacto: [email protected]

Lucía Uncal es actriz y estudiante del Doctorado en Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Universidad Nacional de La Plata) donde también realizó el Profesorado en Historia. Desde 2018 es becaria de investigación de esa misma casa de estudios. Actualmente se interesa por la historia del teatro español.
Contacto: [email protected]

La Historia y sus Gusanos


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