Macri y las elecciones en la Argentina – Por Mónica Peralta Ramos

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Por Mónica Peralta Ramos *

Macri llego al gobierno a fines del 2015 prometiendo un futuro glorioso con “pobreza cero”, grandes inversiones en la economía, libertades democráticas y fin del  populismo al que responsabilizó por la  supuesta decadencia económica y política del país. Sus cuatro años de gestión han provocado una brutal transferencia de ingresos desde los sectores más pobres de la población hacia los más ricos y un crecimiento enorme del endeudamiento externo y de la fuga de capitales.

Sus políticas dieron prioridad a  la especulación financiera, beneficiaron a las actividades primarias y extractivas, impulsaron la dolarización del precio de los combustibles y de las tarifas publica y aseguraron el control de estos sectores por parte de un grupo de empresas pertenecientes al Presidente, sus amigos y entenados.  La resistencia a la dolarización de tarifas y combustibles por parte de grandes empresarios que controlan monopólicamente áreas estratégicas de la economía y pueden formar sus precios dio lugar a una inflación imparable que, sumada al aumento de las tasas de interés en el mercado financiero internacional, provocó en el 2018 una corrida cambiaria seguida de masiva fuga de capitales.

Al borde del default Macri pidió ayuda a su amigo Donald Trump. Este facilitó la intervención del FMI y el otorgamiento de un crédito“stand by” a la Argentina por 57.000 millones de dólares, el mayor  en la historia  de esta institución. Violando sus estatutos, el FMI permitió que el préstamo fuese usado para mantener bajo el valor del dólar dando seguridad de cambio a la especulación financiera y facilitando la fuga de capitales. Esto pretendía posicionar a Macri para ganar las elecciones presidenciales de octubre del 2019. El FMI ponía así fin al populismo encerrando al país en el callejón sin salida del ajuste económico y el endeudamiento ilimitado.  Vaca Muerta, segunda reserva mundial no convencional de gas y cuarta de petróleo también no convencional, garantizaban esta aventura.

Desde un inicio, Macri vulneró la legitimidad de las instituciones y la vigencia del Estado de Derecho montando operaciones mediático judiciales con el objetivo de destruir al peronismo acusado de corrupción. La investigación del juez federal Alejo Ramos Padilla sobre el caso M D’Alessioy la extorsión de un empresario revela a diario la envergadura de la mafia para-estatal que, con participación  de los servicios de inteligencia, los medios de comunicación y altos funcionarios de los tres Poderes del Estado, digita estas operaciones mediático judiciales para encarcelar a la oposición política.En este clima de impunidad, el gobierno contrató para manejar los resultados electorales a una empresa cuyo sistema informático es susceptible de manipulación. Paralelamente orquestó una campaña de  odio y  miedo al “peronismo K “ – en referencia a Cristina Fernández de Kirchner- a través de los medios de comunicación y de las redes sociales.

La decisión de la expresidenta de dar a Alberto Fernández la candidatura a la Presidencia permitió unificar al peronismo en el Frente de Todxs impulsando un proyecto de país basado en la sustitución de la especulación financiera por el crecimiento de la producción, la creación de empleo y la inclusión social. La población acudió masivamente a las urnas y dio un triunfo contundente al peronismo en las elecciones primarias (PASO) del 11 de agosto pasado. La avalancha de votos obstaculizó la manipulación de los resultados. Estos mostraron una altísima probabilidad de triunfo electoral del peronismo en octubre, sin necesidad de  segunda vuelta electoral.  Ante esto, Macri diseñó una estrategia de tierra arrasada: si pierde en octubre dejara un campo minado que atara de pies y manos al peronismo impidiéndole cambiar su legado.

Al día siguiente de las PASO Macri dio orden al Banco Central de la República Argentina de no intervenir en el mercado de cambios, y “dejar que el dólar vaya a donde quiera ir así los argentinos aprenden a votar”. El resultado electoral desató una corrida cambiaria   culminando en una devaluación del 30% del peso y un derrumbe del 48% del valor  en dólares de las acciones locales. Grandes fondos de inversión extranjera fueron perjudicados. Uno de ellos, que tenia asignado el 12% de sus fondos globales a la especulación en el mercado argentino, perdió el 3.8% de su valor, la caída diaria mas grande de este fondo desde la crisis financiera internacional del 2008.

La presión del mercado financiero internacional obligo al Banco Central a vender dólares de sus reservas para facilitar la fuga de capitales. Al poco tiempo, la corrida fue contenida y Macri anunció medidas para mitigar el impacto de la devaluación sobre los ingresos de la población. El 87% de los fondos liberados por estas medidas irán a los bolsillos de los estratos sociales con mayores ingresos y provendrán de los recursos de las provincias y de un congelamiento de los precios de los combustibles por 90 días. Con estas medidas Macri pretendió fidelizar a su electorado, castigar a las provincias que votaron por el peronismo y generar conflictos que  pueden provocar a corto plazo desabastecimiento e hiperinflación.

Asimismo, con la excusa de asegurar una transición pacifica, Macri intenta desprestigiar a Alberto Fernández ante su electorado involucrándolo en las medidas que toma. Al mismo tiempo, en lugar de adoptar un control de cambios para impedir la  fuga de capitales y la amenaza de  una nueva corrida  cambiaria, Macri liquida progresivamente las reservas internacionales del BCRA  con el supuesto objetivo de  mantener la estabilidad del  dólar. Al ritmo actual, éstas se habrán  agotado cuando se inicie un nuevo gobierno. Este tendrá ante si vencimientos de deuda e intereses imposibles de pagar y sin posibilidad de acceso  al financiamiento externo será mas vulnerable  a las exigencias del FMI.

Desde las PASO, el FMI  desapareció  de la escena política.  Reapareció en el país  el lunes 26 de agosto y anuncio  “un intercambio productivo de opiniones” con Alberto Fernández. Este, sin embargo,  resalto la falta  de coincidencias entre sus propuestas y las del FMI y exigió  que éste y Macri asuman su responsabilidad por la catástrofe social que han desatado. En este contexto, el tiempo que falta hasta las elecciones de octubre parece una eternidad y una crisis económica y política de magnitud inédita se cierne sobre el horizonte.


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