Puerto Rico exige respeto al presidente Trump – El Nuevo Día

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El presidente de Estados Unidos ha vuelto a faltarle el respeto a Puerto Rico, precisamente en la víspera de una nueva amenaza ciclónica que revive en el alma puertorriqueña el golpe del huracán María, y las secuelas trágicas de la respuesta tardía e incompleta de los gobiernos local y federal.

Aesta hora, lo que los cerca de 3.3 millones de ciudadanos de Estados Unidos en Puerto Rico esperan de la institución presidencial es una respuesta rápida, eficiente y digna ante un embate natural.

Es lo menos que merece todo ciudadano del país que los puertorriqueños hemos defendido desde hace más de un siglo con la mayor valentía, a nombre de la democracia que aspira a la igualdad entre todos los seres humanos. Los hijos de esta isla, y sus descendientes en los estados, seguimos apoyando con sangre las lides de Estados Unidos alrededor del mundo.

Donald Trump debería saber que los puertorriqueños, cinco millones de los cuales habitan en los estados, han aportado a la nación estadounidense trabajo, riqueza y vidas. Con valor y sin faltar a la dignidad propia o de otros.

En esta hora de angustia renovada por la incertidumbre atmosférica, Puerto Rico le exige al presidente Trump que respete. Demanda que, desde la alta cúpula del gobierno federal, se provean los recursos necesarios para que la isla resista a una situación de peligro como el fenómeno Dorian.

El mandatario ha vuelto a mentir ante el mundo acerca de los fondos federales que Puerto Rico ha recibido para paliar la emergencia del huracán María. Trump insiste falsamente en que la isla ha recibido $92,000 millones para la recuperación. El Congreso ha asignado -no liberado- cerca de $49,360 millones para mitigar los estragos causados por el ciclón María. Esta última cifra representa poco más de la mitad de la cantidad que Trump reclama haber desembolsado. Aunque los desembolsos rondan los $20,000 millones, apenas $1,500 millones es dinero destinado a la reconstrucción.

La evidencia sobre las dilaciones de las partidas federales incluye la precariedad prevaleciente en las cerca de 30,000 viviendas que aún tienen toldos. Y las numerosas carreteras y puentes deteriorados y vulnerables a los impactos atmosféricos.

Mientras Dorian se desarrollaba, los puertorriqueños han confirmado que Trump no considera una prioridad a Puerto Rico. Por ejemplo, el radar Doppler -único en la isla- funciona de forma intermitente desde su reinstalación tras ser destruido por el huracán María. Fue reparado el martes en la noche con la tormenta cerca del Mar Caribe. Se sabe que hay estaciones del Servicio Geológico federal sin calibrar en puntos críticos donde se mide la cantidad de lluvia, así como las subidas en niveles de los ríos que pueden representar riesgos a la seguridad y vida de vecinos y transeúntes.

Ciertamente, ante eventos de la naturaleza, los puertorriqueños tenemos el deber de planificar, prevenir y protegernos. Es igualmente importante que las autoridades locales establezcan, y cumplan, parámetros de pulcritud, transparencia y rendición de cuentas en el manejo de los fondos.

Pero el gobierno federal no queda exento de su responsabilidad hacia sus ciudadanos en la isla. El presidente de Estados Unidos debería asegurar que las agencias federales, en coordinación con las locales, trabajan mano a mano para superar las deficiencias documentadas antes, durante y después del azote de los huracanes Irma y María.

La ocasión es oportuna, además, para aclararle al presidente que las amenazas ciclónicas contra Puerto Rico continuarán por la geografía tropical, intensificadas por el cambio climático que la misma Administración Trump rehúsa aplacar en cooperación con otras naciones industriales.

La experiencia de hace dos años, que nos dejó alrededor de 3,000 muertos, tiene que cruzar la frontera de lo irrepetible. Donald Trump, en el descargue de su responsabilidad presidencial hacia los ciudadanos estadounidenses en Puerto Rico, tiene que trabajar en armonía con los puertorriqueños para hacerlo posible.

El Nuevo Día