Campaña incendiaria – La Razón, Bolivia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

A escasas siete semanas para las elecciones del 20 de octubre, la tragedia provocada por los incendios en la Chiquitanía y en otras regiones del país se ha convertido, hasta el momento, en el principal suceso de campaña de estos comicios. Desde diferentes posiciones, tanto el oficialismo como las fuerzas de oposición asumen el asunto con olfato electoral. Todavía no se sabe cuáles serán los efectos.

Pese a que las quemas forestales, provocadas con o sin control para ampliar la frontera agrícola, son moneda corriente en esta época del año; y aunque las primeras alertas en esta ocasión surgieron a mediados de julio; recién cuando el presidente Evo Morales, el 19 de agosto, tomó acción directa con su presencia en el lugar, el asunto ingresó de lleno en la agenda político-electoral. Desde entonces se atizan todo tipo de mensajes para tratar de incidir en las preferencias electorales de la ciudadanía.

En las últimas tres semanas, diversas acciones de candidatos, declaraciones de voceros partidarios, la agenda informativa y de opinión en los medios, y las fogosas redes sociales digitales, se han ocupado sin tregua del desastre ambiental. En algunos casos el asunto es utilizado para producir y difundir información falsa o tendenciosa, que incluso ha sido compartida por algún candidato presidencial y asambleístas. Es frecuente también el uso de imágenes de incendios en otros lugares y momentos.

La disputa político-electoral en torno a este suceso de campaña se concentra en dos mensajes. Por un lado, el Gobierno tratando de mostrar la magnitud del operativo para controlar los incendios. Y por otro, la oposición buscando responsabilizar al presidente Morales por la tragedia. En medio de las cenizas se agitan banderas desinformadas sobre la ayuda internacional y las condiciones para declarar desastre nacional. Y quedan dudas sobre la suspensión temporal de la campaña por parte de unos y otros.

Como ha ocurrido en otros hechos con efectos medioambientales o en torno a la “defensa de la naturaleza”, como la marcha en defensa del TIPNIS en 2011, surgen en escena algunos especialistas y gente en el terreno con datos, noticias y argumentos esclarecedores. Pero lo que más abunda, sobre todo en redes sociales digitales, son legos que opinan desde la distancia, en algunos casos con recién estrenada vocación verde. La multiplicación de gente consternada por el futuro de la Amazonía es impresionante.

Con la mirada puesta en la votación del 20 de octubre, la gran pregunta es cuánto y cómo influirá la tragedia de la Chiquitanía en el resultado de los comicios. ¿La gestión de los incendios influirá de manera decisiva en la intención de voto en contra del Presidente, hoy a la cabeza en las encuestas electorales? O, dada la temporalidad, ¿tendrá más bien un impacto marginal en los convencidos y algunos indecisos urbanos? Hasta ahora ninguna encuesta ha captado tal impacto. Habrá que esperar.

La Razón