En el momento de votar – El País, Uruguay

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Estamos muy cerca del domingo de las elecciones y en dos días empezará la veda pensada para otorgar un momento de silencio por el cual el ciudadano dispondrá de tiempo para pensar cuál será su más íntima decisión al votar.

Ese día, solo, apoyado en sus convicciones, sus valores y también sus intereses, deberá votar a las personas que gobernarán el país en los próximos cinco años y también a las que darán respaldo parlamentario a ese gobierno.

Si la forma en que cada partido (y dentro de esos partidos, cada sector) diseñó su campaña fuera suficiente para determinar al ganador, sería muy fácil saberlo de antemano por cuanto en esta oportunidad, como pocas veces antes, hubo un partido (y un candidato) que manejó una impecable estrategia sobre la que fue avanzando paso a paso, que le permitió reaccionar ante cada vuelta de tuerca, ponderar las situaciones a medida que se iban planteando, responder ante posibles crisis y alinearse junto al liderazgo indiscutido de quien fue ungido candidato en las elecciones internas.

Pero una campaña bien montada no define por sí sola una elección (aunque en mucho ayuda). Al final, como decíamos, es la gente quien por las razones que sea vota lo que prefiere. Una primera pregunta que habrá de hacerse cada ciudadano al enfrentar las urnas este domingo, es si quiere que la coalición de grupos de izquierda que bajo el nombre de Frente Amplio gobierna el país, continúe por un cuarto período.

Una porción importante de uruguayos no desea eso: prefiere que quienes hoy están se vayan y vengan otros en su lugar. Eso lleva a hacernos otras preguntas. ¿Cualquier partido opositor sirve para lograr esa alternancia? Todo indica que ninguno tendrá la mayoría necesaria y habrá que ir a segunda vuelta. Por eso importa saber cuáles de esos partidos están decididos a coaligar con los otros para formar gobierno y tomar las riendas del país. Es que la elección de este domingo implica también establecer qué tipo de bancada queremos darle a ese gobierno; qué senadores y diputados serán los más aptos para desde el Parlamento, acompañar esa gestión.

Para ello habrá que ver si la prédica de cada partido opositor se dirige a fortalecer a un presidente que a partir de la segunda vuelta, conduzca esa coalición. Al comenzar este proceso electoral muchos estaban apurados por concretar esos acuerdos sin siquiera saber cuántos votos tendrían. Sin embargo, con el paso del tiempo aparecieron los que titubean, los que no están seguros de con quien coaligar.

Desde el oficialismo, para colmo, algunos “advierten” a los votantes que en algún partido opositor tal vez haya alguien con pasado autoritario. Advertencia perversa si se tiene en cuenta que en la coalición frentista hay grupos, no ya con pasado autoritario y hasta guerrillero sino con doctrinas totalitarias que defienden aún hoy. Doctrinas antidemocráticas como ningún partido opositor tiene, por más a la derecha que esté.

Estos titubeos sobre el final de la campaña quizás buscan marcar un mejor perfil propio aún sabiendo que la coalición es inevitable. No ha tenido dudas al respecto, el candidato por el Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, un firme defensor de esa coalición.

Cualquiera de los candidatos opositores sin duda podría hacer la misma tarea, pero a Lacalle le favorecen no solo las encuestas sino esa íntima convicción de cómo hacerlo.

Demostró ser, además, un buen líder. De ponerse al frente de su sector pasó a ser un líder aceptado y apoyado por todo el partido con una solidez poco usual. En entrevistas y debates se mostró aplomado y ante preguntas complicadas, que las hubo, no respondió como quien se defiende ante una deliberada provocación, sino que las tomó con naturalidad y respondió con honestidad y firmeza. No ocurrió lo mismo con el candidato oficialista. También debió enfrentar una situación lamentable con el escándalo que involucró al intendente de Colonia. Reaccionó en forma inmediata y en fuerte consonancia con el resto del partido, en especial con el sector al que pertenecía el Intendente. No hubo lugar a confusión ni mensajes ambiguos, tan solo determinación para enfrentar situaciones críticas.

Todas estas realidades han de estar sobre la mesa para elegir el gobierno que se hará cargo de los destinos del país en los próximos cinco años. Si la población quiere efectivamente una alternancia, deberá tener claro quién es el mejor para conducir ese nuevo gobierno y quiénes serán los mejores socios para apoyarlo desde el Parlamento, a partir de una clara vocación de coalición.

El País