La crisis de la derecha regional golpea a la oposición venezolana – Por Álvaro Verzi Rangel

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Álvaro Verzi Rangel *

El cuadro de situación es bastante deprimente para la derecha regional y  tanto el mandatario estadounidense Donald Trump como sus aliados-cómplices del Grupo de Lima, ese apéndice de su política sudamericana, están experimentando crisis simultáneas, algunas más intensas que otras, que repercuten en la política venezolana.

Las simultáneas crisis estadounidense, de sus satélites y la clase política opositora venezolana, inscriben la situación en un marco internacional distinto al de principios de año.  El conjunto de eventos en las naciones con gobiernos neoliberales debilita al antivenezolano Grupo de Lima, aunque el conflicto geopolítico no desaparece.

Optimista, Craig Faller, jefe del Comando Sur estadounidense, dijo el viernes que las sanciones “estaban teniendo efecto” y que “Maduro no puede resistir indefinidamente”.

La apertura del juicio político a Trump sobrevino justo luego de su discurso ante la ONU en el que, una vez más, intentó responsabilizar de todos los males del planeta a los países a los que ha tachado de enemigos, entre ellos superpotencias como China y Rusia y otras pequeñas naciones rebeldes a sus órdenes como Irán, Corea del Norte, Cuba y Venezuela.  

Desesperado ante la posibilidad de que su carrera por la reelección sea cortada de cuajo, acorralado contra las cuerdas, su peligrosidad aumenta exponencialmente.

Siempre ha sido el subterfugio de los gobernantes de derecha echar la culpa de sus problemas a otros –en los últimos meses a los migrantes venezolanos- para distraer la atención de su ineptitud y corrupción y tratar de salir ilesos de sus acciones, incluso con algún aplauso desde el norte.

En el trance en que se encuentran, no sería raro que desde la OEA o el TIAR pretendieran utilizar nuevamente a Venezuela como un elemento distractor del incendio social que están provocando en la región.

El discurso de EEUU y sus adláteres regionales en contra de la influencia del narcotráfico en los gobiernos latinoamericanos ha quedado en ruinas. A las acusaciones difamatorias de Duque contra Venezuela (rebatidas por la misma prensa colombiana) se suman las amistosas fotos (reales) del autoproclamado presidente interino venezolano Juan Guaidó con líderes del narcoparamilitarismo colombiano.

Todas las crisis están relacionadas con sus escenarios internos, promovidos por problemas de los que pocas veces hablan ellos (y mucho menos en una Asamblea de la ONU), preocupados u ocupados en tratar de demostrar que el único asunto urgente del continente es derrocar a Nicolás Maduro, como dice el libreto escrito en Washington.

Cuadro situacional

Repasemos el cuadro de situación regional: Donald Trump afronta un juicio político en Estados Unidos, mientras sigue regalándole dinero a la oposición venezolana y a Juan Guaidó en particular.

Iván Duque quedó en ridículo en la ONU con su dossier contra Venezuela, mientras en su Colombia, principal productor de cocaína del mundo y abastecedor del narcótico al mercado estadounidense,  siguen siendo asesinados líderes sociales, campesinos, indígenas y hasta candidatos a las elecciones regionales.

Jair Bolsonaro ofreció quizá el peor discurso en la Asamblea General de la ONU, mientras su credibilidad, tras los incendios en la Amazonía, cae –incluso entre los militares- en un Brasil lleno con 13 millones de desocupados y 30 millones de trabajadores precarizados.

La élite política del Perú sigue cayéndose a pedazos en medio de una crisis institucional y de corrupción y al grito popular “que se vayan todos”. La capital peruana es sede del vociferante Grupo de Lima, ariete contra Venezuela, guionado y financiado por Washington.

Mauricio Macri anda en cuenta regresiva y con una crisis económica, financiera y social monumental, con obscenas cifras de hambre e indigencia en un país que fuera el granero del mundo, haciendo grandes esfuerzos para llegar a diciembre.

Por si fuera poco, quedó clara la relación de Juan Orlando Hernández, el mandatario impuesto por EEUU en Honduras, con el narcotraficante más mediático del hemisferio en los últimos tiempos, el mexicano Joaquín “el Chapo” Guzmán. Al chileno Sebastián Piñera ya ni siquiera le compaginan los libretos.

Y, para completar, el Ecuador del renegado Lenín Moreno ha entrado en el torbellino del conflicto económico, social y político con un paquetazo fondomonetarista que colmó la paciencia del pueblo, especialmente de quienes lo votaron seguros de que continuaría con las políticas inclusivas de Rafael Correa. Moreno ofreció una clásica respuesta de gobiernos de derecha: reprimir y decretar el estado de excepción.

La crisis golpe a la oposición venezolana

La ofensiva de sanciones y bloqueos por parte de Estados Unidos sigue adelante: Exxon Mobil Corp prohibió la última semana el uso de embarcaciones vinculadas a los flujos de petróleo desde Venezuela en el último año. La dificultad para encontrar embarcaciones ha disminuido las exportaciones, lo que ha conducido a que los depósitos alcancen su nivel máximo y no se pueda continuar produciendo, señalan las agencias internacionales de noticias.

Como contrapartida, Venezuela llegó a acuerdos con Rusia para la exportación del petróleo y obtener divisas para la importación de insumos y alimentos. La empresa rusa, para evitar las sanciones, estableció una asociación con la India y la refinería Nayara Energy.

Mientras, en Venezuela se explora el diálogo en dos mesas: una con los partidos que la prensa hegemónica suele llamar “minoritarios” (o de la oposición democrática) y otra con los “mayoritarios” (los radicales, que dirigen la Asamblea Nacional, hasta hace poco en desacato). Hay todo un rosario de antecedentes de diálogos: con  las “fuerzas vivas” en pro de la estabilidad del país,  ) con el sector  empresarial para  acordar precios justos: fracasados.

La negociación celebrada en  República Dominicana con dirigentes de la oposición, fue interrumpido por una llamada de Washington para que no se firmara el acuerdo, y el  orquestado por los europeos y dirigido por la diplomacia noruega, entre el gobierno y representantes del autoproclamado presidente interino, está en suspenso.

Los fracasos de la oposición: la radical y la “democrática”

La oposición venezolana, que se jacta de contar con el apoyo de la “comunidad internacional”, salió totalmente derrotada tras la Asamblea General de la ONU. El gobierno constitucional siguió siendo el único aceptado por Naciones Unidas. Para poder entrar, varios dirigentes de la oposición fueron inscriptos dentro de las delegaciones de otros países, como Brasil y Colombia.

La crisis de los países del llamado Grupo de Lima también la sufre la oposición venezolana, en especial la que la controla por orden de Estados Unidos, los grupos de Voluntad Popular y Primero Justicia. El sector opositor más directamente vinculado a EEUU y al Grupo de Lima viene de sufrir reveses consecutivos devastadores, como la difusión de las fotos y videos de Juan Guaidó con cabecillas del grupo narcoparamilitar los Rastrojos y la confesión de Lilian Tintori (esposa itinerante de Leopoldo López) acerca de esas relaciones non sanctas.

No se puede olvidar las insólitas declaraciones de la seudoembajadora en el Reino Unido, Vanessa Neumann, en las que recomendó ceder el territorio Esequibo a cambio de apoyo político internacional para el “presidente interino”.

Las dos iniciativas de diálogo que se desarrollan internamente en Venezuela, una en la Asamblea nacional –tras el retorno de los diputados oficialistas- y las conversaciones iniciadas en la Casa Amarilla entre el gobierno y sectores de la oposición, buscan entendimientos que puedan aflojar las tensiones, dejando de lado el  condicionante previo de la salida de Nicolás Maduro antes de la realización de elecciones

La reciente resolución de la Asamblea Nacional sobre un “Acuerdo Político Integral”, se sumó al diálogo iniciado en la Casa Amarilla, y las conversaciones apuntan a acuerdos parciales tendientes al fortalecimiento institucional  y la renovación de los poderes públicos, a descartar la opción de una intervención extranjera, y también en la búsqueda de acciones comunes que puedan aliviar la grave situación económica de la ciudadanía, chavista y antichavista.

Los sectores de la oposición que no dependen directamente de las políticas de Estados Unidos, están transitando un camino diferente (y hasta opuesto) al trazado en enero con la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente interino y la puesta en marcha de la publicitada Operación Libertad, que en ocho meses supo acumular fracasos, incluidos intentos de provocar un levantamiento militar.

La agenda en ambas instancias de diálogo interno comienza con decisiones relacionadas con la elección parlamentaria prevista para el año próximo. Una vez superados los escollos iniciales, es probable que se reanuden en Barbados las conversaciones promovidas por Noruega, con un esquema flexible, que permita acuerdos parciales sin necesidad de que se abarquen todos los puntos en discusión.

Ambas iniciativas han sido severamente cuestionadas por otros factores de la oposición que encuentran en María Corina Machado –valiente mujer que posó junto a George Bush-  su figura representativa ante las autoridades estadounidenses y de la ultraderecha mundial, y que tienen el respaldo de círculos sociales y medios de comunicación nacionales y extranjeros muy influyentes.

Este sector cuestionó la “ruta integral” aprobada por la oposición en la Asamblea Nacional porque no contempla la salida de Nicolás Maduro de la presidencia antes de un proceso electoral. Y por ello fue galardonada por la internacional liberal y capitalista.

Sin dudas, las dos instancias estarán condicionadas por la evolución del conflicto en el que se enfrentan los gobiernos de EEUU y de Venezuela por razones específicas de carácter geopolítico, a las que responden tanto el esquema de un cambio de gobierno por la vía de un poder dual diplomático en el exterior, las sanciones y el embargo financiero y petrolero.

Acorralado ante la posibilidad de un juicio político que truncaría sus intenciones de reelección el año próximo, Donald Trump puede huir hacia adelante y lanzarse a una aventura bélica, o hasta considerar conveniente la realización de acuerdos parciales.

La caída de Guaidó

El sector opositor más directamente vinculado a EEUU, a la secretaría general de la OEA y al Grupo de Lima viene de sufrir reveses consecutivos devastadores, como la difusión de las fotos de su líder Juan Guaidó con cabecillas del grupo narcoparamilitar los Rastrojos y la confesión de Lilian Tintori acerca de esas relaciones non sanctas.

Previamente se habían difundido las insólitas declaraciones de la pseudoembajadora en el Reino Unido, Vanessa Neumann, en las que recomendó ceder el territorio Esequibo a cambio de apoyo político internacional para el “presidente interino”.

El sector representado por María Corina Machado –tan valiente ella, que posó con Ronald Reagan- cuestionó “ruta integral” aprobada por la oposición en la Asamblea Nacional, y por ello fue galardonada por la internacional liberal y capitalista.

El desacuerdo consiste en que lo aprobado en la AN “altera la ruta”, al no contemplar la salida de Nicolás Maduro de la presidencia antes de un proceso electoral.  Con anterioridad, había sido cuestionado igualmente la mesa de diálogo instalada entre varios partidos y el sector gubernamental.

La crisis interna se ha expresado también a través de síntomas como la renuncia (no dirigida a Guaidó, sino a su jefe político, Leopoldo López) del supuesto representante ante el Banco Interamericano de Desarrollo, Ricardo Hausmann, lo que según analistas evidencia que importantes sectores de la burguesía venezolana se están desentendiendo del Experimento Guaidó.

Y como si hubier pocas islas en el archipiélago opositor, se informó que se ha creado un nuevo partido de ultraderecha, en la línea de Vox española: el Partido de Derecha Popular, dirigido por J. Contreras.

* Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


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