La “liberación de la nación mapuche” de la mano de la chilena – Por Adriana Meyer

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Adriana Meyer(*)

El ingrediente mapuche se sumó a la rebelión popular, desde cárceles y territorios ocupados, con sus propias demandas contra un mismo adversario político, el gobierno de Sebastián Piñera con sus “pacos” y “milicos”. A su vez, los manifestantes usaron esa bandera como principal seña de identificación. La Coordinadora Arauco Malleco llamó a levantarse “más que nunca” con las reivindicaciones territoriales. Entre los muertos hay miembros de los pueblos originarios, y un desaparecido.

“Arauco tiene una pena que no la puedo callar:
son injusticias de siglos que todos ven aplicar.
Nadie le ha puesto remedio pudiéndolo remediar.
¡Levántate, Huenchullán!” Violeta Parra

Ciego quien no quiera ver, en el mar de banderas que acompañan la histórica rebelión popular en Chile hay tantas enseñas de ese país como de la nación Mapuche. Los integrantes de este pueblo originario participan activamente en las asambleas de organizaciones sociales, estudiantes, trabajadores, docentes universitarios y ciudadanía en Temuco y otras localidades chilenas. Al menos tres del total de personas asesinadas en la represión del gobierno de Piñera son indigenas y entre los desaparecidos, reclaman por Leonardo Curinao Huañaco, visto por última vez cuando un grupo de carabineros y militares lo subían a una camioneta. “Miles de banderas mapuche coronaron las marchas, las jornadas de protesta, fue por lejos la principal seña de identificación de los manifestantes que ven en ella un emblema de rebeldía y resistencia la modelo neoliberal”, dijo a Ojos Vendados Pedro Cayuqueo, periodista y escritor especializado en asuntos indígenas. En tanto, la Coordinadora Mapuche Arauco Malleco (CAM) realizó un llamado a las comunidades a levantarse “con más fuerza que nunca con las reivindicaciones territoriales”. También convocaron a crear nuevas ORT (Organos de resistencia Territorial) para “combatir al enemigo en común que mantiene empobrecido al Wallmapu (territorio mapuche, suelo, aire, ríos, fuerzas y espíritus)”.

“Los mapuche desde hace décadas venimos cuestionando el modelo chileno y hemos pagado un alto precio por ello; cárcel, muerte, persecución política. Lo saben las nuevas generaciones de chilenos y chilenas y tal vez por ello nos eligieron como símbolo”, agregó desde Santiago. Según dijo el colega, el nivel de participación mapuche en esta semana de protesta social en Chile fue muy significativa. “Hubo numerosos pronunciamientos de importantes organizaciones mapuche en el sur apoyando las demandas ciudadanas y llamando a sumarse a las movilizaciones, cosa que aconteció en diversos territorios”.

Cayuqueo también remarcó que “fue masiva también la participación de ciudadanos mapuche en las marchas que tuvieron lugar en las principales ciudades de Chile, somos los mapuche un pueblo mayoritariamente urbano en la actualidad y se notó aquello en las movilizaciones”. Sin embargo, donde mayormente quedó reflejado este nexo entre las luchas de ambos pueblos fue en la utilización, por parte del movimiento social, de la bandera mapuche como símbolo. “Miles de banderas mapuche coronaron las marchas, las jornadas de protesta, fue por lejos la principal seña de identificación de los manifestantes que ven en ella un emblema de rebeldía y resistencia la modelo neoliberal”. El autor de Historia Secreta Mapuche explicó que su pueblo desde hace décadas viene cuestionando el modelo chileno. “Y hemos pagado un alto precio por ello; cárcel, muerte, persecución política, lo saben las nuevas generaciones de chilenos y chilenas y tal vez por ello nos eligieron como símbolo”.

Dos pueblos oprimidos, una misma rebelión

Los voceros mapuche afirman, en momentos de estado de excepción y brutal represión, que en sus territorios la virulencia de los carabineros y el Ejército es aún mayor. La conflictividad por las demandas de sus pueblos originarios adquiere dimensiones muy superiores del otro lado de la cordillera en comparación con la que hay en la Patagonia.

Hace poco más de un año, Facundo Jones Huala —lonko de la Lof en Resistencia de Cushamen donde desapareció Santiago Maldonado– fue extraditado a Chile y permanece detenido en la cárcel de Temuco en una causa por un incendio de 2016 en el que los demás imputados fueron absueltos. Aunque ya habían exigido garantías por sus condiciones de detención, ayer reclamaron expresamente la “libertad para los prisioneros políticos mapuches defensores de la Mapu (tierra) que son acusados bajo montaje político chileno”, tal la bandera que plantaron frente al penal sus familiares. En esa prisión están alojados doce de los 30 presos políticos mapuches detenidos.

En tanto, esta criminalización sistemática sufrió un duro revés con el denominado Operativo Huracán: un procedimiento investigativo policial iniciado por Carabineros bajo el amparo de la Ley de Inteligencia, que en septiembre de 2017 condujo a la detención de ocho comuneros mapuches supuestamente involucrados en una asociación ilícita terrorista en el sur de Chile, asociados con la cúpula de la CAM y Weichan Auka Mapu. En enero de 2018, el Ministerio Público informó que había descubierto mediante pericias técnicas que Inteligencia de Carabineros manipuló las pruebas que incriminaban a los detenidos, mediante la intervención fraudulenta de mensajes en teléfonos celulares, razón por la que abrió una investigación contra la propia policía uniformada para determinar la existencia de los delitos de falsificación de instrumento público, obstrucción a la investigación y asociación ilícita.

En Chile las políticas de criminalización de la protesta indígena vienen de los años ‘90, en dos décadas hubo más de 200 presos políticos y los procesados ascienden al triple. Ricardo Lagos en 2001 inauguró el uso de la ley Antiterrorista para perseguir a militantes indígenas. Los presos mapuches son condenados y procesados por demandas por la tierra o protesta social violenta, sabotaje y otras acciones de resistencia. “Es una ley que hizo Augusto Pinochet en 1984 para perseguir a opositores políticos y hacerlos desaparecer y en la actualidad se aplica de manera sistemática. Hubo enjuiciamientos a lonkos que fueron condenados y finalmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos anuló la sentencia, porque se denunció el uso arbitrario y discriminatorio de esa ley contra militantes indígenas. Aunque las condenas se terminan cayendo, los fiscales la emplean para encarcelar preventivamente hasta dos años, como una condena anticipada”, había explicado Cayuqueo en una entrevista con este diario en septiembre del año pasado.

La protesta social mapuche no encontró cauce político desde el retorno de la democracia, y derivó en manifestaciones de violencia política, que son habituales también en marchas estudiantiles o feministas, destrozos urbanos como la quema de un microbús. A menudo son sabotajes a la propiedad privada industrial, camiones forestales, las comunidades pelean con el rubro forestal y las grandes industrias madereras porque tienen mucho territorio usurpado que reclaman como propio los pueblos originarios. “El blanco de las acciones de resistencia generalmente son maquinarias forestales, que no califica en ninguna parte del mundo como terrorismo, según la doctrina internacional son daños a propiedad privada. No es un fenómeno de insurgencia armada, ni guerrilla rural lo que se vive en el sur de Chile, pero en forma mediática se genera una estigmatización funcional a las estrategias de represión a movimientos que tienen legitimidad democrática. De hecho, en otras regiones del mundo la demanda mapuche por autonomía, territorio, cultura y participación política ha sido resuelta”, dijo el periodista.

Aunque la ministra de Seguridad Patricia Bullrich y su gobierno intentó demonizar a la agrupación RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), ésta sería de ínfimas proporciones respecto de la CAM, aunque se reivindican como organizaciones afines. “Para la prensa de Chile la CAM es la organización enemiga número uno del Estado”, apuntó Cayuqueo. Y para los mapuche, es a la inversa, más aún luego del asesinato del weichafe (guerrero) Camilo Catrillanca, en noviembre de 2018, tal como quedó en evidencia durante su funeral.

Rabia y dignidad

“A nuestro pueblo nación mapuche, en solidaridad con el pueblo chileno en lucha, como Coordinadora Arauco Malleco, declaramos que “frente al estallido del pueblo chileno contra el orden establecido, la institucionalidad burguesa opresora y sus prácticas neoliberales, en primer lugar, nos solidarizamos con las justas demandas sociales que, si bien entendemos, no tienen conducción política de la izquierda revolucionaria, sí representan el justo y digno clamor de un pueblo oprimido por esas políticas que ya hizo crisis por la avaricia y la ambición de los poderosos, quienes no dudan en imponer a sangre y fuego sus políticas neoliberales, extractivistas y depredadoras, arrasando así los territorios y los derechos de la gente en general”, expresó la CAM en su comunicado.

“En el marco de estas luchas impregnadas de rebeldía, rabia y dignidad, reivindicamos el legítimo derecho a la rebelión por parte del pueblo chileno oprimido, toda vez que la gobernanza neoliberal impone políticas económicas sólo en beneficio de los grandes grupos económicos y que, a la hora de las movilizaciones, no tardan en responder con feroz represión en contra de las resistencias, sacando inclusive a los militares a la calle, quienes en su historial sólo cargan genocidio al pueblo mapuche y masacres a la clase trabajadora y los sectores populares organizados, y quienes sin pudor, aún muestran sus manos llenas de sangre de la dictadura de Pinochet, siempre con el objetivo de proteger la oligarquía opresora tanto de chilenos como mapuche”, agregó la Coordinadora Arauco Malleco. E hizo un llamamiento “a dar continuidad con mayor fuerza a la disputa territorial y la resistencia en contra del poder burgués, como lo venimos haciendo hace más de dos décadas”.

La propuesta de esta agrupación mapuche es “luchar sin tregua y sin temor hasta el desalojo total de las forestales, centrales hidroeléctricas y todas las demás inversiones capitalistas amparadas en este régimen colonial, cuyo objetivo sólo se logra a través de las expresiones de resistencia y organizaciones consecuentes de nuestro pueblo nación mapuche unidas en una propuesta política y revolucionaria para la liberación nacional mapuche, sustentada en nuestras líneas estratégicas para la reconstrucción nacional a través de la resistencia y control territorial”. A su criterio, “este proceso de liberación nacional mapuche se vislumbrará mejor cuando las y los oprimidos del pueblo chileno comiencen a levantar un verdadero proyecto de izquierda de raigambre y representación popular, de los trabajadores y revolucionarios, que no caiga en las formas ya desgastadas de hacer política, con pseudos líderes pequeño burgueses, traidores y lacayos representados por el Frente Amplio y la Nueva Mayoría”.

(*) Periodista.

Adriana Meyer


Bandera mapuche se transformó en símbolo de la explosión social

La bandera del pueblo nación mapuche empezó a flamear el 5 de octubre de 1992 y se la conoce como Wenufoye (canelo del cielo). Fueron 500 los diseños para confeccionarla que se presentaron tras el llamado de la organización Aukin Wallmapu Ngulam o Consejo de Todas las Tierras, y hoy es la más reconocida como símbolo de la resistencia y reivindicación territorial de los mapuches en el país.

En las marchas, concentraciones y protestas que vivimos por la explosión social derivada de la inequidad y desigualdad, la Wenufoye fue levantada por miles de manifestantes, tanto mapuches como chilenos. Ello es reflejo que hoy existe un alto nivel de comprensión de las demandas del pueblo mapuche por parte de las personas y que la persistencia de las comunidades del Wallmapu en la lucha por la recuperación de los territorios ancestrales es vista como un ejemplo a seguir por parte de los sectores postergados del sistema neoliberal.

La bandera mapuche se transformó en sinónimo del aukin (el ser rebelde) que expresa su hartazgo e indignación con los abusos en el weichán o lucha por sus derechos. La década de los 90 inauguró un nuevo ciclo represivo del Estado contra los mapuches y en el que no hay diferencias significativas entre los gobiernos de uno u otro signo político.

Esta agresión obedece al último y más violento embate del neoliberalismo en el Wallmapu. La acción de las grandes empresas forestales ha depredado los ecosistemas que habitan las comunidades, relegándolas a pequeñas reducciones cuya extensión y baja calidad de suelos no posibilita la reconstitución de la forma de vida mapuche, basada en el respeto a la Ñuke Mapu (Madre Tierra).

En la gran mayoría de las acciones de control territorial ejecutadas por diversas organizaciones, tales como la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) o la Alianza Territorial Mapuche (ATM), la Wenufoye está presente.

La bandera es también una representación antisistémica, una forma de decir “otra forma de vida es posible”, cuyo fundamento es la cooperación y los lazos sociales comunitarios, elementos básicos de la cultura mapuche, y no la competencia individual y la acumulación económica sin límites del capitalismo.

Periódico Fewla