Las barreras para el desarrollo de la mujer rural en América Latina

Las barreras para el desarrollo de la mujer rural en América Latina

En el marco del Día Internacional de la Mujer Rural, es valido examinar cuál es la situación que vive día tras día la mujer rural de América Latina y los desafíos a los que se enfrentan en particular en un país como Colombia donde el 51% de la población son mujeres, de las que 5.442.241 habitan en zonas rurales, 37% viven en condiciones de pobreza y 4.85% trabaja en la producción agrícola, según datos aportados por la Agencia de Desarrollo Rural.

Esto a propósito de las recomendaciones y advertencias que ha realizado para esta fecha la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), exigiendo, se les garanticen las medidas necesarias para erradicar la violencia y la discriminación, dos de las grandes problemáticas que enfrentan las mujeres en el campo y que impiden el goce pleno de sus derechos en comparación con los hombres rurales y con las mujeres y hombres urbanos.

Para Ana María Restrepo del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), a estas problemáticas que afectan la calidad de vida de las mujeres, no solo en Colombia sino en general en América Latina, es necesario sumarles los daños que ocasionan el extractivismo y los megaproyectos sobre sus cuerpos y su condición de salud, la persecución a las defensoras de DDHH, en un contexto en que se criminaliza su labor cada vez con más fuerza y una última situación ligada al fortalecimiento de discursos de derecha que niegan la participación política de las mujeres y que tienen un mayor impacto en las zonas rurales.

Así las cosas, la CIDH alerta que para las mujeres existe un mayor riesgo de ser víctimas de violencia a causa de la persistencia de actitudes discriminatorias, esto sumado a los desafíos que enfrentan para acceder efectivamente a la justicia, y tolerancia social, problemáticas que a menudo también están ligado a otros fenómenos como el desplazamiento forzado, asesinatos y violencia sexual.

Esta desigualdad, según la Comisión es evidente en el acceso a la tierra, a los recursos naturales, educación y servicios de salud, los que en su mayoría son limitados, por lo que, para Restrepo, «es muy importante seguir buscando las garantías de derechos de propiedad de la mujer rural» que aunque no estén negados no favorecen a las mujeres impidiendo que ellas puedan acceder a títulos, créditos o a tener un protagonismo en la toma de decisiones de los territorios.

En la mayoría de los casos, son las mujeres rurales quienes realizan la mayor parte de la carga de trabajo no remunerado en los hogares e incluso cuando tienen un empleo formal, no siempre son cubiertas sus garantías sociales básicas, «si el hombre cultiva es productor pero si ella cultiva es economía doméstica, es importante dar esa discusión en su rol como productora», afirma la investigadora del CINEP.

La importancia de la heterogeneidad de la mujer en el campo

Por su parte, Hada Marlén Alfonso, consejera nacional de Planeación del Sector Mujer Rural, menciona que estas dificultades «son realidades que no han disminuido como se espera en el papel que el Gobierno tiene como garante de derechos», sin embargo resalta que desde los diversos gremios que involucran al campo se han ido involucrando como parte del Estado para incidir en algunas líneas. «En el territorio trabajamos con las compañeras en la reivindicación de las mujeres afro e indígenas, hacemos énfasis el Gobierno tiene que ser asertivo para orientar y hacer efectivos esos enfoques»-

Es por eso, que para superar esta brecha, es clave que el Gobierno consolide datos que permitan conocer la situación de la mujer del campo colombiano y así resaltar la heterogeneidad de la población y su diversidad de identidades, un llamado que han realizado tanto mujeres campesinas, como indígenas y afrodescendientes, «no se trata de habitar solamente un espacio sino que hay una identidad alrededor de una forma de vida particular». concluye Restrepo.

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Día Mundial De La Mujer Rural | La resistencia ante proyectos hidroeléctricos

Cuentan las mujeres de esta historia, en el bajo Cauca Antioquieño y en bordes del río Sogamoso, que los hombres se fueron de las veredas en busca de oficios nuevos porque los proyectos, como les dicen indistintamente a Hidroituango e Hidrosogamoso, les arrebataron la pesca y todo oficio tradicional relacionado con el río.

Las mujeres y los niños se quedaron en sus veredas y, desde entonces, la forma de vida en el lugar donde habían nacido cambió.

Antes de que el corregimiento Oro Bajo, en Sabanalarga, se fragmentara por cuenta de esas megaobras, recuerda Acened Higuita, las familias llegaban para cambiar fríjoles por pescado u organizar partidos de fútbol. Pero eso es cosa del pasado.

“Como no había pesca, vimos en los primeros años mucha desnutrición en los habitantes del caño del Cauca”, trae al presente Acened.

Descendientes de la comunidad indígena Nutabe, las familias de Oro Bajo se separaron, unas tomaron camino a Ituango y otras a Toledo y Medellín. Pero ese corregimiento no fue el único que contó con esa suerte. Barbacoas, del municipio de Peque, tuvo el mismo final: Unas familias del pueblo Nutabe se fueron a Sabanalarga y otras a Liborina y al casco urbano de Peque. Transcurrían los primeros año del 2000.

Acened fue barequera, de eso solo le quedan recuerdos de cuando iba con sus hijos al río para conseguir oro.

Hidroituango, Hidrosogamoso y la Salvajina son solo algunos de los proyectos que han afectado a las comunidades que originalmente estuvieron donde se construyeron. El proceso, eximiendo sus detalles, parece ser el mismo. Los hombres parten por nuevos trabajos lejos de casa y las mujeres junto con sus hijos se quedan solos, pensando en alternativas: ¿cómo obtendrían el agua ahora?, ¿cómo se protegerían?, ¿de qué se alimentarían?

En Cauca, como en Antioquia y Santander, diferentes colectivos de mujeres se agruparon para encontrar respuesta a estas preguntas. Su articulación nacional, Ríos Vivos, funciona como una organización donde las mujeres toman protagonismo y luchan contra las implicaciones negativas que han traído los diferentes proyectos hidroeléctricos en sus regiones.

Los peces, recuerda Acened, dejaron de verse en las aguas cercanas a su casa. “Perdimos a Barbacoas, era un corregimiento que fue reubicado por el proyecto. La gente se dispersó, unos fueron a Sabanalarga otros a Liborina y otros a Peque. Desintegraron a todas las familias, perdieron su identidad, los nutabe son muchos y, por la estigmatización de los pueblos indígenas, la gente ya no se identifica como nutabe. El pueblo se está acabando”.

Si bien diferentes grupos armados como el ELN, Farc y paramilitares han tenido disputas en esta zona del Bajo Cauca, Acened afirma que a muchos de los desplazados por Hidroituango los han maquillado como víctimas del conflicto armado, aunque a ella las balas sí la obligaron a irse de su territorio, a despedirse de familiares para siempre y a consentir una necesidad constante por regresar.

Las huertas comunales y el apoyo de las instituciones educativas para que la formación de los niños esté enfocada a la permanencia del territorio han sido algunas de las soluciones que han encontrado estas comunidades frente al desarraigo. Y con eso han llegado otras cosas buenas, como la unión entre vecinos. “Gracias al proceso con las mujeres, hemos visto que las venganzas y odios de hace tanto tiempo entre familias se han diluido al tiempo que luchamos por nuestro territorio”.

Ana Aparicio ha tenido que vivir una historia parecida por Hidrosogamoso. Cuando los hombres adultos se fueron, narra, el proyecto hizo que una población diferente a la de su territorio se asentara cerca a la ribera del río y se empezaron a reportar casos de adicción y prostitución. Aquellos días donde los pescadores salían y regresaban a casa con el alimento, desaparecieron.

Los paros y las marchas a favor de la vida y del territorio tal y como lo recordaban, hicieron que el grupo tomara notoriedad. Eso, sumado a que el Magdalena Medio, una región rica en recursos naturales, tiene un velo notorio de pobreza y abandono del Estado.

“Podemos volver a empezar de nuevo, podemos seguir cuidando el agua, pero lo poquito que hemos dejado es que para seguir sobreviviendo. El agua se cuida, la naturaleza se cuida, estamos enseñando eso a los niños”, cuenta la mujer.

América Latina vive un momento donde los proyectos hidroeléctricos están en auge. Por eso Ríos Vivos se articula también con otras organizaciones del continente para dialogar e intercambiar conocimientos sobre lo que sucede en sus territorios.

Ana, como muchas mujeres de Latinoamérica, sabe que muchas de estas hidroeléctricas tienen un periodo de caducidad, de décadas, donde ya no pueden producir energía, sin embargo sabe que las poblaciones no han podido recibir indemnizaciones por las empresas porque estas sencillamente se van.

“Vimos la lucha de las mujeres invisibilizadas buscando alternativas”, cuenta Diana Giraldo, una de las muchas mujeres afectadas por Hidroituango que ha visto como el agua, abundante en el pasado, pasó a ser de uso restringido.

Otra estrategia común para estas mujeres son las plantas medicinales, de las cuales se abastecen cuando aparece alguna enfermedad. A partir de ellas han encontrado otra forma de subsistir y de darle sentido a permanecer en el lugar de donde han querido sacarlas, pues las enfermedades se ven con más frecuencia y con mayor intensidad con la llegada de los proyectos.

Diana también tiene miedo. Sabe que las mujeres de los diferentes colectivos se enfrentan a un poder demasiado grande. “Defendemos la vida y tenemos que encontrar las alternativas para que no nos maten”, sentencia.

En un encuentro con comunidades de Chile, Diana descubrió que una nueva forma de comunicar el dolor y lo que las mujeres sentían con sus esposos era el bordado. Ahí podían plasmar sus ideas y transformarlas lejos de la palabra viva para convertirla en una palabra tejida, visual, narrativa de escenas únicas grandilocuentes y pequeñas escenas.

Este proceso, tan artístico, hizo que los conflictos personales y las nociones de angustia se fueran disolviendo entre tela e hilo. El pensamiento se traslada hacia un lugar interior donde estas mujeres logaron apropiarse de una técnica que podía ser enseñada y usada como una reflexión sobre lo que alrededor sucedía.

Hombres que se van de sus casas en busca de trabajo, una pesca desafortunada, niños al cuidado de sus madres y ríos adulterados por proyectos hidroeléctricos se entrelazan con intenciones de la intimidad que afectan a las familias por el cambio que ha sufrido lo que llaman hogar.

Semana


Mujeres rurales son homenajeadas en su día como “guardianas de la tierra”

Este año, en el Día Internacional de las Mujeres Rurales se celebra el papel fundamental que desempeñan las mujeres rurales en la acción por el clima, destacando el tema “Mujeres y niñas rurales, creadoras de resiliencia climática”. ONU Mujeres, organismo de las Naciones Unidas creado en julio de 2010 por su Asamblea General, hace un llamado al apoyo y reivindican la figura de las mujeres como protagonistas de cambios, influyendo de manera determinante en la defensa de los derechos de las comunidades además de resguardar la soberanía y seguridad alimentaria de los pueblos.

“En un momento en el que el mundo se enfrenta a una necesidad cada vez más acuciante de abordar el cambio climático, el importante papel que desempeñan las mujeres y niñas rurales a la hora de crear resiliencia es indiscutible” reza un comunicado de ONU Mujeres en el marco de la iniciativa “Mujeres y niñas rurales, creadoras de resiliencia climática” que tiene como objetivo “impulsar los cambios precisos para conseguir un mundo neutro en cuanto a emisiones de carbono, no sólo serán necesarios líderes sino poblaciones enteras”.

El 15 de octubre del 2007 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el día Internacional de las Mujeres Rurales. El principal objetivo fue visibilizar la gran contribución de su labor en el desarrollo, en la seguridad alimentaria y en la erradicación de la pobreza.

“Las mujeres y las niñas rurales influyen de manera significativa en la agricultura, la seguridad alimentaria y la nutrición, la tierra y la gestión de los recursos naturales, así como en el trabajo no remunerado y de cuidado doméstico. Ellas son las más afectadas cuando los recursos naturales y la agricultura se ven amenazados. De hecho, a nivel mundial, una de cada tres mujeres empleadas trabaja en la agricultura. Las mujeres también recogen combustibles de biomasa, procesan manualmente materiales alimentarios y bombean agua; el 80 por ciento de los hogares sin servicio de agua corriente depende de las mujeres y las niñas en lo que a recolección de agua se refiere” es lo que reza el comunicado del organismo, en conmemoración de las activistas que luchan por la soberanía de los pueblos.

Respecto a la intención demostrada por gobiernos y naciones alrededor del mundo expresan que “las y los líderes mundiales se han comprometido con la igualdad de género en las políticas y la respuesta relacionadas con el cambio climático; sin embargo, hasta ahora el progreso ha sido lento”.

En el Día Internacional de las Mujeres Rurales, ONU Mujeres hace un llamado a la acción para respaldar a las mujeres y niñas rurales y fomentar sus capacidades a fin de que puedan responder ante el cambio climático mediante la producción agrícola, la seguridad alimentaria y la gestión de los recursos naturales.

Ñanduti


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