Argentina: Promesas y más promesas – Por Carlos Heller | Especial para NODAL

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Carlos Heller (*)

A pocos meses de haber asumido como Presidente de la Nación, Mauricio Macri ya había dejado de lado una de sus promesas de campaña que rezaba que “con el mejor equipo de los últimos 50 años” se comprometía a “lograr una Argentina con pobreza cero”. El supuesto compromiso ya había mutado a “si al terminar mi Presidencia no bajé la pobreza, habré fracasado, más allá de lo que hayamos obtenido. Todo lo demás serán excusas” (La Nación, 7 de julio de 2016).

Poco más de tres años después, los registros del primer semestre de 2019 indican que en la Argentina no sólo no disminuyó la pobreza, sino que ésta se encuentra en niveles históricamente altos. Según publicó el Instituto de Estadísticas (Indec) en base a un relevamiento de 31 aglomerados urbanos de todo el país, el 35,4% de las personas son pobres, un fuerte incremento frente al año pasado cuando alcanzaban al 27,3%. Más alarmante aún es la cifra que abarca a los niños hasta los 14 años: el 52,6% de ellos son pobres, es decir, comienzan sus vidas con privaciones que luego afectan su desarrollo y educación.

Además del lamentable devenir de los niveles de pobreza, el Presidente ni siquiera puede ufanarse de haber mejorado otros aspectos de la sociedad durante su gestión.

Salvo por el rebote de la producción agrícola luego de la sequía que afectó la cosecha pasada, el resto de los sectores económicos continúan mostrando desempeños negativos. La industria, en particular, descendió un 8% en los primeros siete meses de este año y ya perdió 1,4 puntos de participación en el PIB desde 2015, seguido por el comercio: -1 punto.

La variación del nivel de precios acumula un 30% desde comienzos de año y se proyecta llegar a, como mínimo, un 55% de inflación a fin de año.

La tasa de desempleo sigue con incrementos y alcanzó las dos cifras en el segundo trimestre: 10,6%. Más aún, la cantidad de personas con problemas laborales (desocupados, subocupados y ocupados que necesitan trabajar más) llega a 7 millones. Una cifra que equivale a un cuarto de la población económicamente activa en Argentina.

Los indicadores de distribución del ingreso también mostraron un marcado deterioro. En efecto, el aumento del ingreso del 40% más pobre de los argentinos fue del 38% entre el segundo trimestre 2019 e igual periodo 2018, para el 40% siguiente fue del 41,6% y el 20% de la población más rica tuvo un incremento del 44,5%. Con un índice de precios minoristas que alcanzó un 56,3% de aumento en el mismo lapso, no caben dudas de que todos perdieron. Pero los que menos tienen fueron los más perjudicados.

Hay que destacar que esto no es producto de ninguna inclemencia de la naturaleza: Macri utilizó reiteradas veces la palabra “tormenta” para indicar que los malos resultados económicos fueron fruto de una situación ajena al control de su gobierno. Son el previsible resultado de la aplicación de las políticas que se pusieron en marcha el 11 de diciembre de 2015.

Lo llamativo es que en su actual campaña como candidato, Macri utiliza las mismas estrategias que puso en práctica desde que inició su gobierno y nutre su discurso de promesas que claramente van en contra de su ideología.

Un ejemplo lo constituye su promesa de aumentar los salarios de los trabajadores, al tiempo que decide, por decreto y ante un eventual segundo mandato, eliminar las contribuciones patronales por cada nuevo empleado que contraten las PyMEs. Una medida cuya lógica subyace en la idea de que el problema de la falta de empleo son los costos laborales. Algo que, siendo un joven empresario, Macri reconocía en los noventa en un programa periodístico: “tenemos que bajar los costos, y los salarios son un costo más”. Esto se llevó a la práctica desde que Macri asumió la Presidencia. Sólo en lo que va de 2019, los trabajadores argentinos perdieron un 11% de su poder adquisitivo. Más aún, ni siquiera esta baja de los ingresos laborales devino en una mejora del empleo, como supone la teoría ortodoxa a la que es afín el actual gobierno. Todo lo contrario. En el acumulado de los primeros siete meses de 2019 se perdieron 186.000 puestos de trabajo registrados en Argentina.

¿Quién puede creerle a alguien que está en el ejercicio del poder hace casi cuatro años y que hizo prácticamente todo lo contrario a lo que dijo que iba a hacer y a lo que está prometiendo en esta nueva campaña?

Además, de seguir en un contexto en el que las PyMEs no tienen a quién venderle frente a un mercado interno en constante reducción, serán muy pocos los empresarios que se verán incentivados a tomar nuevos empleados por la eliminación del “impuesto al trabajo”, errónea denominación que utiliza el Presidente para hablar de los aportes a la seguridad social que efectúan trabajadores y empleadores.

Una lógica similar tuvieron varias medidas que se implementaron durante la gestión Macri. Ejemplo de ellas fue la “Ley de asistencia a las MiPyMEs” presentada por el Ejecutivo al Congreso de la Nación en 2016. En mi rol de diputado de la Nación señalaba en ese entonces la ineficacia del proyecto presentado. Frente a fortísimos incrementos de tarifas de la energía, un ingreso indiscriminado de productos importados y un mercado interno en plena reducción, los beneficios impositivos derivados de la ley del Impuesto a las Ganancias recaerían sólo en aquellas pequeñas empresas que las tuvieran. Muy pocas en una economía ya complicada.

La idea de reducir las indemnizaciones a los trabajadores por accidentes laborales tiene la misma lógica. En realidad, la reducción de los costos de las empresas aseguradoras de riesgos de trabajo no debería aplicarse por el lado del trabajador, reduciendo sus beneficios en caso de accidente, sino incentivando a las empresas a que inviertan en mayores medidas de seguridad laboral.

Esta vez sí se puede afirmar que el próximo gobierno nacional a ser elegido ahora en octubre, que todo parece indicar que será presidido por Alberto Fernández, verdaderamente tendrá una “pesada herencia”. Por supuesto que nada es irreversible en materia económica y social, siempre y cuando existan firmes convicciones de implementar un modelo de crecimiento con equidad, acompañado por el apoyo popular.

(*)Presidente Partido Solidario de Argentina. Ex diputado nacional por Ciudad de Buenos Aires