Bolivia y los límites de la paz social transgredidos – El Comercio, Ecuador

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El 20 de octubre hubo elecciones en Bolivia. Desde esa tarde se encendió la mecha de la protesta violenta. Por 20 horas consecutivas los conteos de votos se paralizaron. Al volver el sistema, los números daban poco a poco el triunfo al Presidente.

La oposición denunció y denuncia fraude. El ex presidente y contendiente de Evo Morales, Carlos Mesa, exige nuevos comicios, sin un Tribunal Electoral inclinado al Gobierno. En la tarde del 20, la Organización de Estados Americanos (OEA) ya expresó dudas sobre los conteos. La misma preocupación proyectaron observadores de la Unión Europea. Pero esa era solamente la punta del iceberg. Para ser candidato, el Presidente forzó el mandato constitucional que impedía más reelecciones.

Puso al pueblo a dilucidar en una consulta popular que creyó que ganaría pero perdió, y luego construyó la figura jurídica -valiéndose de un tribunal- de que la participación en la reelección es un derecho humano. Las protestas, que no han cesado, alientan otras hogueras, más allá de las que se prenden en las calles. Vuelve la idea de la secesión. Ya los dirigentes políticos de Santa Cruz de la Sierra, en el Oriente boliviano, vuelven a agitar esa bandera. Luis Fernando Camacho, dirigente de Santa Cruz, llegó hasta el aeropuerto de El Alto pero no pudo salir del terminal.

El lugar fue rodeado por militantes del MAS ( Movimiento al Socialismo, el partido de Morales) y ayer regresó en avioneta. En una carta pedía la renuncia del Presidente. En Washington, el canciller Diego Pary denunció ante el Consejo Permanente de la OEA que se busca dar un golpe de Estado. Además hizo alusiones a referencias racistas. El líder opositor Carlos Mesa rechaza la estratagema política y explica que en Bolivia no hay racismo y que Morales busca victimizarse.

Pero Bolivia está en caos; el límite de la paz social parece ya transgredido, mientras la violencia de las partes en conflicto amenaza dividir más al país. Una vuelta atrás en la elección parecería una solución sana, siempre y cuando haya una autoridad electoral limpia e imparcial.

El Comercio