Colombia | Olga Lucía Quintero, dirigenta campesina: “La lucha no solo es en diciembre, para eso viene el año 2020”

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Por Leandro Albani para La tinta

Olga Lucía Quintero remarca que en Colombia, desde el 21 de noviembre, se desarrolla un levantamiento popular generalizado, donde convergen –como no sucedía hacía mucho tiempo-, el campesinado, los pueblos originarios, las comunidades afrodescedientes y muchos sectores urbanos, agotados de las políticas económicas y sociales del gobierno del presidente Iván Du que, un delfín del tristemente célebre Álvaro Uribe Vélez.

Quintero integra la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat) y en diálogo con La tinta habla sobre el Paro Nacional lanzado en todo el país hace tres semanas, una medida de fuerza para rechazar las reformas laboral y previsional impulsadas por el Ejecutivo. Con el correr de los días, las protestas se multiplicaron y sumaron otra demanda concreta: que el gobierno detenga la represión desplegada a través del temido Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), responsable del asesinato del joven Dilan Cruz, una muerte que conmovió a todas las colombianas y los colombianos.

Muchos de los sectores urbanos que se suman al paro, explica Quintero, “no están en organizaciones sociales, sin embargo la inconformidades frente a las leyes tributaria y laboral, y el tratamiento del ESMAD, han generado que las gente se levante en protesta”.

La integrante de Ascamcat detalla que las protestas cruzan diferentes regiones del país, como el Suroccidente, Catatumbo, el norte de Santander, el Chocó, el Magdalena medio, el departamento de Arauca, zonas donde “los campesinos, indígenas y afrodescendientes también han venido escalonando la lucha reivindicativa en las carreteras”.

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“El paro está activo –asegura Quintero-. El jueves pasado a la noche las fuerzas del Estado empezaron a disparar contra manifestantes, por lo cual la situación se puso en alerta de los diferentes organismos, como el ministerio del Interior, la Defensoría, Naciones Unidas, para evidenciar y hacer un llamado a la no represión de las comunidades que están levantando su voz de protesta”.

La referente relata que los días 6 y 7 de diciembre hubo una masiva reunión de delegados y delegadas indígenas, campesinas y afrodescendientes de todo el país en la universidad de Bogotá, donde se discutieron los pasos a seguir ante la negativa oficial de encontrar soluciones para las demandas presentadas. “Discutimos la agenda de movilización para el futuro, porque esto lo estamos proyectando para que no sea una situación de 15 días, sino que se vaya escalonando en la medida de las posibilidades, y con fuertes movilizaciones en las jornadas de paro en el año 2020”, enfatiza Quintero.

Como parte del Paro Nacional, el sábado pasado se realizó un velatón nacional, el domingo el concierto #UnCantoxColombia, y para este lunes se espera una nueva reunión de la comisión tripartita, compuesta por el gobierno, empresarios y sindicalistas, para discutir, entre otros puntos, el salario mínimo.

Sobre las respuestas gubernamentales a las demandas, Quintero lo resume de la siguiente manera: “El 5 de diciembre se llevó a cabo una reunión de acercamiento con el gobierno nacional, estuvieron los delegados. Se pudo evidenciar que el gobierno no tiene la voluntad de realmente negociar. Ellos hablan de un diálogo. Se le entregaron 13 puntos, pero dicen que no saben qué quieren decir esos puntos, que hay que desarrollarlos más. Nosotros les dijimos que no había problemas, que los íbamos a desarrollar y aprovechamos la asamblea en Bogotá para hacer este ejercicio y nutrir el pliego de peticiones y poder avanzar. Ese pliego se debe entregar el lunes por la tarde, y nos volveremos a sentar con el gobierno nacional el 11 de diciembre”.

“Esperemos que haya alguna clase de resultado ante las solicitudes que está haciendo el pueblo colombiano con respecto a esos 13 ejes de negociación –manifiesta Quintero-, que incluyen los temas agrarios, ambiental, los derechos laborales, el desmonte del ESMAD. Aunque hasta ahora no se ve voluntad política, porque el gobierno intenta desgastar el asunto porque estamos en diciembre. Pero la lucha no solo es en diciembre, para eso viene el año 2020”.

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Si existe una característica que destaca al Estado colombiano, es la represión sistemática contra los movimientos sociales, defensores de los derechos humanos y organizaciones política progresistas y de izquierda. Gobierne quien gobierne en Colombia, la represión es la constante en un país conmocionado por 60 años de conflicto interno armado.

“El nivel de represión en Colombia siempre es alto –expresa Quintero-. Mataron a Dilan Cruz, un chico que iba caminando por la calle y un agente del ESMAD le disparó un gas lacrimógeno, y todos sabemos el lamentable desenlace. Actualmente, hay más de 200 personas lesionadas por el ESMAD, sobre todo en la ciudad de Bogotá. Se habla de unas 850 personas que han sido detenidas arbitrariamente y procesadas. Si bien no están privadas de la libertad, sí les abren un proceso judicial y les queda el antecedente. Mucha gente que quizá ni siquiera estaba en la protesta, pero iban a caminando de retorno a sus hogares, el ESMAD los detenía de manera arbitraria. Por eso, una de las solicitudes es el desmonte del ESMAD, precisamente por su actuación criminal. El caso de Dilan se volvió emblemático, sin embrago hubo otros casos donde el ESMAD estuvo involucrado por asesinatos a manifestantes”.

La referente de la Ascamcat enfatiza que “quedó en evidencia que el gobierno quiso armar, entre el 21 y el 22 de noviembre, una matriz de opinión de vandalismo, de generar pánico social frente a los vándalos que iba a atacar las casas, las residencias en Bogotá, y eso recubierto con un toque de queda que no se ameritaba. Pero necesitaban generar una matriz de opinión para que después venga la policía, los militares, como los salvadores. Esto genera situaciones de miedo en la comunidad, que calan en algunas personas, pero otras saben que es una trampa y es parte de la campaña sucia y de posicionar el tema del vandalismo para desvirtuar el objetivo central de lo que se quiere decir con la protesta social”.

Al referirse al campesinado colombiano, Quintero explica que ese sector atraviesa una situación compleja, que tiene como telón de fondo el acuerdo de paz firmado entre el Ejecutivo y las FARC-EP en septiembre de 2016. “Hay muchas expectativas en el campesino, sobre todo en el punto uno del acuerdo, que refiere a una reforma rural integral, y en el punto cuatro, que es sobre las drogas ilícitas –detalla-. En ese sentido, las comunidades han puesto su granito de arena, específicamente en el punto cuatro, para que 130 mil familias que quieren dejar los cultivos ilícitos los puedan hacer”.

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“Sin embargo, la voluntad del gobierno no se ve por ningún lado –agrega Quintero-. Por el contrario, el gobierno intenta minar la confianza del acuerdo de paz, está desfinanciando el plan de desarrollo a esas familias, no hay una ruta clara frente al Fondo Nacional de Tierras, no hay una intención clara con respecto a la zonificación ambiental que es importante. En ese sentido, lo que se necesita es ordenar el territorio para saber con qué se cuenta, de qué manera se va a distribuir la tierra a los campesinos, a los indígenas, a los afrodescendientes, y que los conflictos, que son los orígenes de toda esta situación, puedan mermar. Y que esto se pueda dar de manera equitativa.

Por último, Quintero analiza las manifestaciones que se encienden en varios países del continente. “Las protestas en América Latina, y la situación en Bolivia, o lo que ahora sucede en Francia, nos muestra que el neoliberalismo está en una crisis –asevera-. No podemos decir que sea su fin, pero si está tocando la fibra de la mayoría de la gente. Eso ha generado una inconformidad que se convierten en esos levantamientos en los diferentes países. No podemos comparar Colombia con Chile, donde la gente sale con mayor fuerza, masivamente, pero nosotros estamos haciendo un ejercicio importante de unidad popular, donde por primera vez sindicatos, campesinos, afrodescendientes y diferentes sectores, estamos haciendo un pacto por la unidad”.

La Tinta


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