Discurso de Axel Kicillof en la UNPAZ: “No hay universidad democrática y transformadora si los únicos que acceden son aquellos que gozan de privilegios”

“No hay universidad democrática y transformadora si los únicos que acceden son aquellos que gozan de determinados privilegios”

Por Axel Kicillof

Discurso pronunciado el 27 de noviembre de 2019 en la Universidad Nacional de José C. Paz, en la jornada “70 años de gratuidad universitaria”. *

En el contexto actual hay mucho para decir sobre la universidad, sobre José C. Paz, sobre la situación política, sobre el gobierno que viene.

En primer lugar, respecto de la fecha que conmemoramos, los 70 años de gratuidad universitaria, quiero agradecer a toda la comunidad académica de la Universidad de José C. Paz porque representa a quienes en estos últimos cuatro años han sido olvidados: son los docentes, los no docentes, los estudiantes, los graduados, las autoridades. Esa gran familia conocida como la comunidad universitaria, y más ampliamente la comunidad científica argentina.

Existe una leyenda negra sobre la relación entre el peronismo y la ciencia, o entre el peronismo y la universidad, que consiste en la premisa de que los gobiernos peronistas tenían algún conflicto o prejuicio, alguna contradicción con el sistema científico y universitario argentino.

La universidad argentina ha sido mundialmente caracterizada como moldeada por el reformismo.

La palabra reformismo tiene múltiples significados, pero para los que venimos de la universidad y formamos parte de ella, no se refiere a la discusión entre reforma y revolución, o a un movimiento artístico, sino a la reforma universitaria del año 1918. Aquella reforma que estalló en Córdoba y que es recordada también por su iconografía, aquellas fotos en la universidad cordobesa con una bandera, un estudiante: en esos momentos los estudiantes vestían traje y corbata, pero eran estudiantes que estaban ahí llevando adelante esa reforma. Fue una reforma más bien revolucionaria: en esa reforma al rector de la universidad lo amenazaron con tirarlo por la ventana. Esto no es una cuestión de modos, sino de valorar el contenido y el resultado de esa reforma universitaria.

La universidad argentina es netamente reformista, esto ocurre en 1918, y por otro lado, venimos de un período de un fuerte ninguneo de la universidad donde también hubo un fuerte ninguneo de la historia, de los hechos históricos, de los personajes históricos, de nuestros próceres (que fueron removidos de los billetes). Esta idea de olvidar la historia, de no recordar la historia, de no valorar la historia, de no discutir la historia, nunca es inocente. Nunca cuando viene una autoridad, cuando viene un referente, un dirigente, cuando viene un Presidente, una gobernadora, cuando viene alguien a olvidar la historia, es inocente: tiene una finalidad.

Hay muchas frases hechas sobre los pueblos que olvidan su historia y qué destino les espera, que es el de repetirla y de repetir las cosas malas de esa historia. Es mucho peor, porque la cuestión de no hablar de historia también implica desdibujar, olvidar, pero también tratar de reescribir de manera autoritaria, no la historia porque se pretende no discutirla, sino la identidad misma de un pueblo y de una sociedad. Cuando no se habla de historia es porque hay un chanchullo.

La historia de las sociedades está llena de momentos mejores y peores, de momentos que uno disfruta, quiere, recuerda, lo emociona y de otros momentos que no, que preferiría olvidar. Pero la historia es ese cúmulo de acontecimientos y va construyendo una trayectoria, una cultura y una identidad. Y allí creo que está la cuestión que aúna este desprecio por la historia, esa falta de referencia a la historia, esa falta de discusión histórica que ocurrió en este período en la República Argentina con el tema de la universidad. Porque la universidad, producto de esa reforma del ’18, es parte central de la identidad. No de los que formamos parte de una forma o de otra de la universidad, sino que esa reforma universitaria y la universidad que parió, que alumbró esa reforma universitaria es indudablemente parte de la identidad de la República Argentina, del pueblo argentino.

Todo lo bueno, lo destacable que ha tenido la sociedad argentina en términos propios y comparativos, tuvo de un modo u otro algo que ver con esa universidad que tiene la República Argentina.

La reforma universitaria del ‘18 fue una reforma que hizo a la universidad más democrática. Decían los reformistas, en su famoso manifiesto liminar –una especie de declaración de principios– que querían terminar con una universidad monárquica y monástica, terminar con una universidad oscurantista, cerrada sobre sí misma, con una universidad de privilegios, con una universidad donde los cargos universitarios eran una cuestión hereditaria, pero sobre todo, con una universidad antidemocrática y elitista.

Lo que hizo la reforma del ‘18 es convertir a la universidad en una universidad democrática, en sus procedimientos internos, pero también democrática hacia afuera.

No era solo la cuestión de hacerla más abierta hacia adentro. Lo que marca el hito fundamental de esa reforma es que la problemática y el objetivo era que esa universidad fuera democrática hacia fuera; es decir: que se vinculara no solo con los problemas de adentro de la universidad sino con los problemas de la sociedad en la que esa universidad operaba. De otra forma, no se puede decir que la universidad fuera un instrumento de transformación de la sociedad, no sirve una universidad que se transformara internamente si no pretende formar parte de la transformación social y del desarrollo social de un país.

Eso quedó planteado en la reforma del ‘18 pero lo que no quedó claro es que esa reforma era incompleta.

Estas son las paradojas que tiene la historia. A veces pasa algo, hay un hecho, un acontecimiento excelente, novedoso, pero que le falta un componente. Es más: la ausencia de ese componente a ese hecho notable lo vuelve contradictorio en sus propios términos. Quería la reforma del ‘18 una universidad democrática, una universidad que fuera un eje de la transformación social, integrada con la sociedad… la verdad es que ese proyecto, por lo excelente que podía ser en sus propios propósitos era incompleto, le faltaba algo. Lo que le faltaba a la reforma del ‘18 era la gratuidad.

No hay universidad democrática, transformadora, integrada con la sociedad si los únicos que pueden acceder a la universidad son aquellos que tienen y que gozan de determinados privilegios, de determinados ingresos, de determinada cuna, de determinada suerte.

La universidad solamente podía cumplir lo que se propuso la reforma del ‘18, si se convertía en una universidad realmente integradora, en una universidad que viniera a funcionar como un instrumento y como un resorte de la igualdad de oportunidades.

Cuando se habla de derecho a la educación, hay gente que piensa en la primaria, que piensa que hay que extenderlo a la secundaria, piensa que hay que agregar jardines de infantes. Todo eso es verdad, indudablemente. Pero el derecho a la educación tiene que ser también derecho a la educación universitaria.

Eso no quiere decir obligar a nadie a ira a la universidad, pero que el que quiere acceder a la universidad tenga la posibilidad de hacerlo. Y acá viene una cuestión que también ha sido puesta en disputa.

Si bien la educación es un derecho, todos sabemos que en estos años es un derecho que se cumple de manera muy imperfecta. No es verdad que todos los argentinos y argentinas tienen una igualdad ante ese derecho; no es verdad. Hay muchísimas explicaciones, excusas, hay muchísimas condiciones que hacen que el derecho a la educación (como ocurre con el derecho a la salud, con el derecho al trabajo) lo enunciemos como derecho, lo hagamos constar en las leyes, en nuestra Constitución como derecho y sin embargo no sea una realidad efectiva.

Ahí está la contracara por lo menos en mi concepción política, de qué hacer con esos derechos que no se cumplen.

Un derecho para la sociedad, un derecho para el pueblo que no se cumple, se transforma inmediatamente en una obligación para las autoridades y para la dirigencia política. Es una obligación. No puede ser que existiendo el derecho no trabajemos incansablemente. Sabemos que entre ese mundo que queremos y esa realidad que queremos hay un trecho muy largo. Y ese trecho hay que recorrerlo a través de la claridad, del empeño y el trabajo. Y además, la obligación que impone esa sociedad que queremos para los que todavía no la tenemos.

Por eso, hoy lo que estamos celebrando es que la universidad pública, cogobernada, democrática, abierta, relacionada con la sociedad y gratuita es un instrumento poderosísimo para alcanzar ese objetivo que queremos. Y no hay nada peor que aquél que tiene una tarea, que dispone del instrumento, no lo usa o lo desprecia, o lo ataca o lo aparta.

Estamos ante una época, ante una coyuntura histórica, ante una encrucijada histórica, que nos va a poner a todos a prueba. Porque sabemos que no sólo acarreábamos problemas estructurales durante muchísimo tiempo en la provincia de Buenos Aires, que no estaban resueltos. Pero también sabemos que, en el último período, cada una de esas dificultades, lejos de mejorarse se agravó.

Había problemas en la salud, ahora hay más problemas en la salud; había problemas en la educación, [ahora] hay más problemas en la educación; había problemas con niveles salariales, con la estructura social básica… todo eso en este tiempo se agravó.

Es más: cuestiones que estaban relativamente incompletas o encaminadas hoy se han convertido en urgencias. Obviamente eso tiene que ver con cuestiones básicas que atañe al diario vivir de nuestra sociedad en la provincia de Buenos Aires. No estaba todo resuelto. Ahora está todo mucho peor y además en estado de emergencia.

Esta es la situación y el cuadro en el que estamos. Creo que va a ser para todos nosotros un desafío y una gran exigencia la etapa que se abre a partir de ahora. Y creo que todos saben que, por más que los procesos electorales lo han elegido rector a Darío [Kusinsky], ha sido Federico [Thea], el anterior rector.

Acá tenemos muchos rectores, cada uno de ellos sabe que ha sido elegido por su comunidad para llevar adelante su tarea. Tenemos aquí a varios intendentes: de Malvinas [Argentinas], de José C. Paz; tenemos a un gobernador electo de la provincia de Buenos Aires acompañado por la vicegobernadora Verónica Magario.

Sabemos muy bien que la situación es compleja; sabemos que los recursos son menos que los que había antes, pero sabemos también que tenemos obligaciones, responsabilidades. Tenemos un arduo trabajo por delante. Pero a quienes nos toca asumir esas responsabilidades, por más que uno tenga y ocupe un lugar dentro de la comunidad dentro de un sistema político determinado, sabemos que no lo vamos a poder hacer solos.

Venimos de una época donde se hablaba de meritocracia, del “sálvese quien pueda”, se hablaba de llegar a toda costa y de que si no llegabas era tu culpa y tu exclusiva responsabilidad. Aquí se está inaugurando una época distinta, se está inaugurando una época llena de necesidades, de obligaciones, de desafíos, con pocos recursos, pero a los que nos toca asumir roles centrales en esa responsabilidad sabemos que no vamos a poder hacer nada solos. Necesitamos hacerlo entre todos, colectivamente, sumando a todos los sectores del trabajo, de los sindicatos, de las organizaciones.

Y tenemos que encontrar la sabiduría y los modos para que ese trabajo colectivo, solidario, colaborativo contemple absolutamente a todos sin distinción ni siquiera y sobre todo de la ideología política. Tenemos ahora una tarea que es urgente. Tenemos gente, tenemos compañeros y compañeras, tenemos hermanos y hermanas que no pueden comer y hay que darles de comer. Tenemos hermanos y hermanas sin trabajo, tenemos que darle trabajo. Tenemos empresas que cierran, tenemos que recuperar esas empresas; tenemos universidades que necesitan crecer, tenemos que darle los instrumentos a esas universidades.

Tenemos una lista enorme y lo tenemos que hacer entre todos. Esa es la propuesta que vengo a traer. Yo celebro que estén los rectores de las diferentes universidades porque hay cerca de veinte universidades en la provincia de Buenos Aires.

Ya lo he dicho y lo vengo a reafirmar hoy a pocos días de asumir: vamos a poner al gobierno de la provincia de Buenos Aires a trabajar con todas las universidades de la provincia de Buenos Aires, con todas las universidades nacionales que actúan en la provincia de Buenos Aires.

Así como dijo Federico Thea que las universidades vienen a ofrecer, el gobierno de la provincia viene a ponerse a disposición de las universidades nacionales y provinciales para coordinarnos mejor, para actuar más efectivamente, para usar hasta el último recurso en bien de la provincia de Buenos Aires.

Lo último que quiero decir es que el proyecto, el brillo de la universidad argentina tiene que ver con lo público, con su autonomía, tiene ver con su cogobierno. Pero tiene que ver fundamentalmente con su gratuidad y esa gratuidad fue lo que convirtió a la universidad en esa palanca tan poderosa para nuestra sociedad y su desarrollo.

Ahora bien, supongamos que alguien piensa que hay demasiadas universidades, o piensa que en la educación pública en general sólo asiste al que no le queda otra, o piensa que los pobres no acceden a la universidad pública. Eso puede ser una cuestión de desconocimiento, de falta de cercanía.

A mí lo que más me preocupa de frases como esas no es que lo creen; me parece que algunos están hablando de proyecto. No es que creen que no vienen los hijos de trabajadores… basta con mirar las estadísticas, sabemos hoy que eso es mentira.

Pueden aplicar laboratorios, papers, pero acá, Mario Ishii le acaba de demostrar a la República Argentina y al que quiere hacerse el distraído o al que lo ignora, que eso no es verdad.

Pero a mí me preocupa algo que lo veo peor: aquel que sabe que no es verdad, pero le gustaría pensar o tener una universidad de nuevo cerrada, elitista, para pocos; de nuevo solo para el que tiene las condiciones económicas o la suerte de haber nacido en un lado o en otro para llegar a la universidad.

A mí me preocupa que ese proyecto todavía esté en pié, que piensen todavía que la universidad es un gasto; que el CONICET, el sistema científico tecnológico le sale muy caro al país, que hay que ajustarlo y que vaya a la universidad el que puede ir y el que puede pagárselo. Es una ideología, es una forma de ver el mundo y también indica un proyecto de país. Un país para pocos, donde las oportunidades estén espantosamente distribuidas según indicadores económicos y sociales.

No solo no es cierto que los hijos de trabajadores no van a la universidad, sino que muchísimos más hijos de sectores populares que antes no tenían acceso lo han logrado, porque hubo un estado y una política pública presente, y hubo un gobierno que abrió 19 universidades. Todos sabemos que aún si no hay que pagar la matrícula ni la cuota, la universidad no es gratuita, le cuesta a las familias, es un esfuerzo, hay carreras que no se pueden hacer trabajando y los jóvenes necesitan trabajar para aportar a su familia o para independizarse.

La universidad aún siendo gratuita como la hizo Perón, es un gasto y un costo que no todas las familias pueden afrontar. Y, además, por más que se avanzó, por más que hay más universidad y más oferta y más infraestructura, tampoco es cierto hoy que la cobertura de la educación universitaria haya llegado a la universalidad que tenía que llegar.

Por eso digo, está equivocado quien piensa que a la universidad no van los hijos de trabajadores. También quien quiere que los hijos de trabajadores no vayan a la universidad está exactamente en las antípodas de la forma en la que piensa este gobernador electo.

A quien piensa o no entiende porque hay tantas universidades o las considera y califica de demasiadas, le quiero responder que el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, a partir del 10 de diciembre, piensa que no hay muchas, hay pocas. Falta cobertura, falta alcance, acceso, falta igualdad de oportunidades y acceso gratuito en la provincia de Buenos Aires.

No es ni un capricho ni una idea; es un derecho que vamos a apuntar a cumplir y que me parece que una parte se hace con recursos, con articulación, con coordinación, con inteligencia, con eficacia, entre las universidades que tenemos en la provincia de Buenos Aires y el Gobierno de la provincia de Buenos Aires.

Vamos a conseguir que más estudiantes, más bonaerenses puedan acceder a la universidad pública y gratuita en la provincia, porque la universidad es un derecho y un instrumento de igualdad y desarrollo que la provincia no va a desperdiciar.

* El discurso también será publicado en Revista Derechos en Acción, Año 4/N° 13, primavera 2019 (https://revistas.unlp.edu.ar/ReDeA)

Fuente-Revista Bordes de la Universidad Nacional de José C. Paz


VOLVER