Argentina: Vientos de cambio – Por Carlos Heller | Especial para NODAL

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Carlos Heller (*) 

El 10 de diciembre asumió Alberto Fernández como Presidente de la Nación Argentina. En su primer discurso mantuvo los ejes de sus intervenciones anteriores y profundizó sobre las políticas con las cuales gobernará. 

Pero resulta interesante ir un escaso tiempo atrás, a la conferencia de la Unión Industrial Argentina (UIA) que tuvo lugar a fines de noviembre, donde estuvieron presentes el Presidente saliente Mauricio Macri y el entrante Alberto Fernández. Esta conferencia ofrece una interesante posibilidad para analizar las distintas visiones de modelo de país al que apuntan ambos referentes políticos, y permite reflexionar sobre el período que finalizó y avizorar éste que acaba de comenzar, que evidencia un marcado cambio en las prioridades en materia económica y social. 

El expresidente Macri, quien terminó sus funciones el pasado10 de diciembre, señaló que sería necesario profundizar “muchos de los logros” de su gestión para fortalecer la economía. Además, el exmandatario afirmó que durante su gestión se lograron establecer “bases sólidas” para la economía. A lo que Alberto Fernández respondió: “no sé cuáles son las bases sólidas que nos dejan, yo siento que camino en un pantano”.

Lo cierto es que la realidad se inclina fuertemente hacia la descripción de Alberto Fernández. Un rápido repaso de los últimos datos estadísticos de la economía argentina da cuenta de que continúa mostrando su peor cara. La gestión de Macri concluyó con un país que produce alrededor de un 5% menos que cuando comenzó. Más aún, si se toma el producto per cápita, este se redujo en un 9%. Un dato que además empeora en el caso de las mayorías más vulnerables de la población, dado que otro sello distintivo de este modelo fue un empeoramiento de la pobreza y de la distribución del ingreso. 

Los ingresos de los trabajadores también se vieron afectados por este escenario económico. En el acumulado de 2019 hasta septiembre, los salarios del sector registrado cayeron en más de un 9%; el sector informal por su parte, resultó más perjudicado con una pérdida de poder adquisitivo del 14%. La situación empeora si se toma esta variable desde el último periodo recesivo que comenzó en el segundo trimestre de 2018. Desde ese entonces, los trabajadores registrados vieron achicarse su salario en cerca de un 13% y los no registrados un 22%.

En este contexto se tornaba imperioso cambiar el esquema económico para reactivar la economía y devolverle calidad de vida y bienestar a la población y no sólo a una mínima parte privilegiada. Las palabras del Presidente en la ya mencionada conferencia de la UIA van en este sentido: “Argentina no necesita de los que especulan, necesita de los que invierten y dan trabajo”. Hizo alusión además a “poner en marcha a la economía” y “revivir el consumo”, aclarando que el “modelo neoliberal”, cuyas consecuencias están presentes más que nunca en la región, “no es el camino”.

En su primer discurso como Presidente de las argentinas y los argentinos, Alberto Fernández profundizó estos temas. Acerca de la herencia recibida, expresó que detrás de los números negativos de la gestión “hay seres humanos con expectativas diezmadas” como producto de esta aventura “que propició la fuga de capitales, destruyó la industria y abrumó a las familias argentinas”.

Además de haber manifestado reiteradas veces que su pensamiento político se encuentra en las “antípodas” del de Mauricio Macri y su equipo, Alberto Fernández destacó ante el Congreso que va a “impulsar un conjunto de medidas económicas que comiencen a revertir el rumbo estructural de atraso social y productivo” heredado de la última gestión.

Un enfoque esencial pasa por los “Acuerdos Básicos de Solidaridad en la Emergencia (que) serán el punto de partida para detener la caída libre de la situación que recibimos”, sostuvo, para indicar que se realizarán a partir del consenso y de manera paulatina y sostenida. Entre esos acuerdos figura la constitución, a través del tratamiento parlamentario, de un Consejo Económico y Social para el Desarrollo, que será el órgano permanente para diseñar, consensuar y consagrar un conjunto de políticas de Estado para la próxima década.

La conformación del Consejo Económico y Social que impulsa el Presidente es, en este sentido, fundamental. Será importante que sea una instancia de diálogo en la que los trabajadores, los sectores productivos, los usuarios y el Estado estén representados. Por lo tanto, habrá que buscar aquellas alternativas que vayan en el sentido de los objetivos que persigue el gobierno entrante. Como lo destacó el Presidente: “Aspiramos a que desde este Consejo se abran debates informados, con evidencia científica, con participación creativa, con el concurso de técnicos y profesionales de toda la Argentina que puedan inspirar la construcción de rumbos diferentes”.

Claro que el nuevo camino no está exento de obstáculos. La abultada deuda pública que dejó la administración de Macri es uno de ellos. Aún antes de asumir, Alberto Fernández expresó con claridad su posición respecto al endeudamiento heredado: “si vos tenés un problema porque estás endeudado, la solución no es seguir endeudándote”. También agregó, estableciendo sus prioridades: “el primer arreglo que tenemos que hacer es decir no me presten más plata, pero déjenme desarrollar para poder pagarles (…) necesitamos tiempo para volver a poner en marcha la economía”. Además, exhortó a “volver a fabricar, tenemos que dar créditos, poner plata en el bolsillo de los jubilados para que la usen para lo que necesitan y no para comprar remedios”. 

De esta forma, el mandatario señaló que no requerirá al FMI los desembolsos que faltan según el acuerdo alcanzado por los funcionarios de Macri. Un acuerdo firmado a mediados del año pasado y que implicó un préstamo por 57.540 millones de dólares, de los cuales restaría recibir algo más de 12.000 millones de dólares. Un monto que Alberto Fernández decidió no solicitar.

Esta actitud cambia a todas luces el peso de cada actor en la negociación. Constituye un cambio cualitativo en la forma de acordar con el FMI y hace énfasis en la necesidad de volver a tener soberanía en la toma de decisiones. Apunta a sacar adelante el país y luego hacerle frente a las obligaciones de deuda y no al revés. Experiencias sobran para demostrar que cuando se siguen al pie de la letra las condicionalidades en materia de política económica que “sugieren” los acreedores como el FMI, a la población nunca le llega el alivio, más bien todo lo contrario. 

Las definiciones sobre la política exterior en el discurso inaugural han sido por demás interesantes. Indicó: “seguimos apostando por una América Latina unida, para insertarnos con éxito y con dignidad en el mundo. También informó: “Vamos a robustecer el MERCOSUR y la integración regional, en continuidad con el proceso iniciado en 1983 y potenciado desde 2003. Con la República Federativa del Brasil, particularmente, tenemos para construir una agenda ambiciosa, innovadora y creativa, en lo tecnológico, productivo y estratégico, que esté respaldada por la hermandad histórica de nuestros pueblos y que va más allá de cualquier diferencia personal de quienes gobiernan la coyuntura”. 

El Presidente dejó en claro que: “en cualquier escenario, la Argentina levantará alto sus principios de paz, de defensa de la democracia, de plena vigencia de los derechos humanos. Defenderemos la libertad y autonomía de los pueblos a decidir sus propios destinos”. Toda una definición que retoma las posturas históricas de la Argentina, abandonadas durante la gestión de Mauricio Macri.  

Somos conscientes de que esta drástica reversión del rumbo no será fácil, implicará una trabajosa gestión en la que habrá que balancear los intereses de varios sectores. Recuperar el ingreso y el consumo popular, posponer los vencimientos de la deuda pública, bajar la tasa de interés e impulsar programas de crédito para las familias y los sectores productivos, mejorar los ingresos fiscales, desligar las tarifas de servicios públicos del valor del dólar, y acordar precios y salarios generarán impactos positivos sobre la economía y la sociedad.

A esta altura, afortunadamente, queda claro que estas metas van exactamente en sentido contrario a las políticas que se aplicaron en la gestión de los últimos cuatro años, y dan paso a una fundada esperanza.

(*) Presidente Partido Solidario de Argentina.