Desescalar el conflicto venezolano – Por Leopoldo Puchi

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Leopoldo Puchi (*)

El conflicto venezolano se inicia en 2020 con nuevos elementos que pudieran modificar el curso seguido el año anterior. Entre esos elementos, destaca la decisión del gobierno estadounidense de introducir cambios en su planteamiento, que ponían el acento en la salida previa de Nicolás Maduro de la presidencia antes de cualquier proceso electoral.

Esta posición es recogida en la declaración de Mike Pompeo en la que introduce la variable de una negociación sobre las condiciones para una participación en las elecciones. Diversas interpretaciones se le han dado al documento del Departamento de Estado, pero es indudable que el contenido y el tono es algo distinto al utilizado con anterioridad.

Y, de hecho, si esa declaración hubiese sido emitida a principios de agosto de 2019, en lugar de las sanciones anunciadas ese mes en Lima y de la reiteración de que la única negociación sería sobre “el avión o el lugar dónde se iría rumbo al exilio” el mandatario venezolano, seguramente las conversaciones de Barbados se hubieran podido continuar desarrollando.

Pero el documento del Departamento de Estado llegó a la prensa y a las cancillerías de varios países con seis meses de retardo. Mientras, el accionar del flujograma ha continuado, de lado y lado, y los datos de la realidad no son los mismos de agosto pasado. Sin embargo, todavía hay tiempo para que en 2020 se suscriba un armisticio, que pudiera consistir en la celebración de elecciones parlamentarias con Maduro en la presidencia y con condiciones acordadas.

Por supuesto, hay que tomar en consideración que lo ocurrido el 5 de enero en la Asamblea Nacional complica los movimientos que deben darse para un entendimiento.

En este momento, tal vez, el propio sector gubernamental debe sentir que no tomó la mejor decisión, ya que una reelección de Juan Guaidó resultaba inocua, puesto que el doble poder se había desvanecido, la oposición estaba muy fracturada y la propia AN había descendido su imagen a niveles de 18% de reconocimiento positivo, aun antes de la denuncia de Humberto Calderón Berti sobre la ayuda humanitaria y de las acusaciones de la comisión de contraloría.

Para un acuerdo de armisticio como el señalado se debe negociar, más allá de lo que se ha adelantado con un sector de la oposición. El momento más indicado fue el de la visita de la delegación de Noruega, pero el sector de la oposición liderado por Guaidó estuvo en desacuerdo.

De manera que pudiera pensarse en que se insistirá en la estrategia de poder dual, lo que llevaría a la creación de “dos CNE” e incluso al intento de elecciones paralelas, en la modalidad 16 de julio de 2017. De ser así, la división y el conflicto se intensificarían.

Para evitar esa peligrosa evolución de los acontecimientos, hay que comenzar por desescalar las tensiones, estudiar diversas modalidades de acuerdo para la designación del CNE y propiciar la continuidad del trabajo común iniciado en la comisión preliminar de postulaciones.

*Politólogo venezolano, exministro del Trabajo

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