La continuidad de la digna rebeldía – Por Gilberto López y Rivas, especial para NODAL

Por Gilberto López y Rivas *

El 1° de enero de 1994, un ejército insurgente que tomó como imagen simbólica al caudillo agrario de la Revolución de 1910 – 1917, Emiliano Zapata, mostró ese otro México de profundas contradicciones sociales que se encontraba lejos del “primer mundo”, al que prometía arribar Carlos Salinas, con las contrarreformas estructurales neoliberales a la Constitución que abrirían  la privatización de  tierras ejidales y comunales, una de las causas de la insurrección de los zapatistas. Ejército insurgente formado por campesinos de las etnias mayas de Chiapas, emerge del otro México, el de abajo, el que entró a la “modernidad” sobreviviendo, en resistencia y defensa de derechos, tierras, territorios, soberanía y la vida misma.

Un mérito político inédito del EZLN es iniciar una convergencia de pueblos, ciudadanos y trabajadores dirigida a comprender la siempre negada realidad indígena, compartiendo su diálogo de paz de 1994 a 1996, con una representación significativa de la diversidad étnica y la sociedad civil mexicana. Esta es una diferencia profunda con los diálogos de paz de cruentos conflictos armados en El Salvador, Guatemala o Colombia.

El zapatismo impone la problemática indígena en el debate nacional y obliga al Estado mexicano a negociar los Acuerdos de San Andrés en materia indígena, los cuales, pese de la traición de la clase política, devienen en una plataforma programática para los procesos autonómicos emergentes durante estos 26 años y un referente esencial para la resistencia contra las corporaciones del capital depredador neoliberal. El EZLN y los pueblos indios siguen un principio histórico y una estrategia, la autonomía, para resistir los embates de estas políticas neoliberales, para defender los patrimonios naturales y recursos naturales con un proyecto civilizatorio alternativo al sistema capitalista.

La mayor conquista de estos años de lucha es la conformación de un sujeto autonómico, con hermandades nacionales e internacionales y lealtades compartidas entre reivindicaciones propiamente étnicas y proyectos democráticos de carácter nacional–popular. Por ello, las élites políticas y el gobierno actual de México, no toleran la participación de los pueblos indios en la vida y los destinos de la nación.

Si definimos la izquierda como la fuerza política que construye poder popular contra el capitalismo, sin apropiarse la representación de las fuerzas sociales constitutivas, el EZLN ha sido en estos 25 años una organización particularmente congruente con uno de sus más caros principios: “Para todos todo, para nosotros nada”, que hace realidad al retirar a sus cuadros político militares de sus gobiernos autónomos. Mandar obedeciendo, revocación del mandato, rotación de los puestos, convencer y no vencer, bajar y no subir, guían su práctica política,  opuesta al vanguardismo y al burocratismo. Las experiencias de la autonomía en territorio de hegemonía zapatista marcan la diferencia de la nueva era, en la que los pueblos viven en la dignidad de una expresión de poder popular.

En estos años, el EZLN muestra su capacidad de innovación, aportando en temas cruciales: participación activa de mujeres y jóvenes en los procesos autonómicos, nuevas generaciones educadas en preceptos pedagógicos liberadores, asumiendo la dignidad como brújula de la convivencia social y del gobierno como servicio, amasando, a su manera, las utopías revolucionarias del pasado.

El EZLN ha sido la conciencia crítica frente al Estado y la sociedad, espejo en el que los intelectuales sistémicos pueden ver reflejada su pérdida de principios morales y anclajes anticapitalistas, su silencio frente a la guerra contra los pueblos, su corrimiento hacia una cómoda alternancia que no cuestiona el sistema de explotación, ni la particular dominación imperialista de Estados Unidos sobre un México saqueado en sus recursos y devastado socialmente.

El 17 de agosto de 2019, el Subcomandante Insurgente Moisés, actual vocero del EZLN, en cumplimiento de la palabra empeñada, práctica ética que lo caracteriza, comunica que, al igual que el Congreso Nacional Indígena – Concejo Indígena de Gobierno, el EZLN “pasó a la ofensiva en su lucha de la palabra, la idea y la organización”, y da a conocer una extraordinaria noticia para los movimientos emancipadores: la ruptura del cerco contrainsurgente y el establecimiento de nuevos Caracoles y municipios autónomos rebeldes zapatistas. Estos autogobiernos rebeldes son producto de un prolongado proceso de consulta, con miles de asambleas comunitarias, en el que se forjan sujetos autónomos concientizados, politizados y motivados en el mandar obedeciendo.

¡Que broten Caracoles y Centros de Resistencia Autónoma por la geografía nacional y mundial, con procesos autonómicos anticapitalistas, antirracistas y antipatriarcales, para hacer posible en nuestros territorios esa utopía concreta que edifican los mayas zapatistas en estos 26 años de digna rebeldía!

* Profesor investigador del Instituto Nacional de Antropogia e Historia, articulista de La Jornada (México), adherente de la Sexta Declaracion.


VOLVER