Trabajadores de la Biblioteca Nacional de Brasil resisten la política cultural del presidente Bolsonaro

Resistencia en la Biblioteca Nacional de Brasil.

Por Daniela Morán para Nodal Cultura

La cultura y la gestión política de Brasil atraviesa una dura crisis: recortes, desmantelamientos y funcionarios sin el recorrido para ocupar cargos mantienen a las instituciones y artistas en constante resistencia. 

Sobre las escalinatas de la entrada principal de la Biblioteca Nacional de Brasil, un cartel negro con letras blancas anuncia: “¡BN Resiste!”. En diciembre del año pasado Rafael Alves da Silva -conocido como Rafael Nogueira- fue nombrado como presidente de la Biblioteca Nacional por Roberto Alvim, quien fue secretario de cultura hasta la semana pasada cuando se lo destituyó por citar al nazi Joseph Goebbels en uno de sus discursos. Silva es un profesor de derecho y filosofía recibido Universidad Católica de Santos que se hizo famoso por difundir sus informes bajo la plataforma de Youtube y Twitter (en esta última tiene más de 40 mil seguidores). Al igual que el presidente, Jair Bolsonaro y el ex secretario Alvim, Rafael Silva es devoto y discípulo del pensador Olavo de Carvahlo: un filósofo autodidacta, terraplanista y ultraconservador.  

A partir de su designación la  Associação dos Servidores da Fundação Biblioteca Nacional (ASBN), fundación que articula con la gestión de la Biblioteca, se puso en alerta. Fundada en 1814, la misión principal de la Biblioteca es la preservación de la memoria nacional. Además es una de las diez bibliotecas nacionales más grandes del mundo, con más de 9 millones de piezas, con copias y obras históricas. Consultados por Nodal Cultura al respecto, integrantes del  organismo explicaron que: “nuestro papel es velar por la institución y garantizar los derechos de los trabajadores, por lo que siempre tratamos de mantener el diálogo abierto con quienes ocupan la presidencia”.  

En la actualidad lo que sucede en la Biblioteca Nacional retrata la situación por la que está pasando toda la cultura de un país: “Resistimos la falta de compromiso y la evidente falta de respeto del gobierno por los problemas culturales. En ese sentido, apoyamos las acciones de otras asociaciones culturales”, agregan. Entre estas, se encuentra el Foro Nacional de Cultura y Frentes Parlamentarios, que monitorean de cerca los problemas relacionados con las administraciones nombradas en ese gobierno. 

El modus operandi

“En los últimos 30 años, el marxismo cultural y sus derivaciones, como el gramscismo, se unieron a las oligarquías corruptas para socavar los valores de la nación y la familia brasileña. Queremos un Brasil con todos los colores: verde, amarillo, azul y blanco. ¡Necesitamos liberarnos! ¡Liberémonos!”, fue una expresión del actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro en relación a la cultura.  

El inicio del proceso del desmantelamiento de una cultura al servicio del pueblo comenzó con Michel Temer cuando dejó de existir el Ministerio de Cultura para pasar a ser una pequeña secretaría dentro del Ministerio de Turismo. Con la llegada de Bolsonaro al poder, vino el nombramiento de Roberto Alvim, hombre que despertó un rechazo desde el primer momento. 

Y antes de haber citado a Goebbels, Roberto Alvim ya tenía antecedentes: había sido despedido de su cargo en la Dirección de Funarte (institución estatal dedicada al fomento cultural) por sus palabras agresivas contra Fernanda Montenegro, reconocida actriz del teatro y el cine brasileño nacional. En sus redes sociales, el ex funcionario expresó en referencia a esta mujer que el teatro está “podrido” y la definió como “sórdida”. Al parecer, su mérito para ser nombrado fue la postura ideológica conservadora y el choque con la comunidad artística.

Desde la Fundación de la Biblioteca Nacional cuentan que estos cambios de directivos es un modus operandi y que reflejan el grave contexto político que vive la cultura. “Estos cambios son siempre abruptos y no permiten la continuidad institucional, la planificación, y ni siquiera permiten que el personal elija un proyecto de gestión que consideran más fundamentado para la institución”, cuentan desde la Asociación. Frente a este contexto realizaron una campaña y junta de firmas para que se pudiera elegir democráticamente una autoridad para llevar adelante a la BN. Para eso ya han juntado más de 5000 firmas. 

“El nombramiento de Silva en diciembre, fue solo otro elemento que corroboró con una imagen con la que ya no estábamos satisfechos, principalmente porque, de acuerdo con su plan de estudios oficial, no tiene una calificación consistente con la posición máxima de la institución, especialmente con respecto a la experiencia con administración pública”, aseguraron las autoridades de la Asociación. Además, que este nombramiento como el de Roberto Alvim, en su momento son parte de “una serie de indicaciones políticas que ponen en peligro la implementación de políticas culturales y el patrimonio histórico cultural del país”. 

Quienes trabajan directamente con el nuevo presidente de la Biblioteca, aseguran que él mismo admite su propia falta de conocimiento sobre el desarrollo y la implementación de las políticas de la biblioteca. Esto se suma una larga lista de expresiones desafortunadas: en una oportunidad Silva asoció a Caetano Veloso, Legião Urbana y Gabriel O Pensador al analfabetismo. “Los libros de texto están llenos de canciones de Caetano Veloso, Gabriel The Thinker, Urban Legion. Después no saben por qué todos son analfabetos”, manifestó en sus redes personales. Si bien durante el primer mes Silvano ha tenido ninguna conducta que censure o dañe el lugar, quienes trabaja en la Fundación “estamos atentos y seguimos de cerca los discursos públicos de Silva en las redes sociales y las entrevistas”.  

Un guía espiritual en el proceso

Casi todas las figuras dispuestas para llevar adelante los organismos e instituciones de la cultura que sobreviven en Brasil poseen el mismo perfil. Ultracatólicos, populares en redes sociales o audiencias asociadas al espectáculo, intelectuales de derecha. 

Sobre el recién exonerado y ex Secretario Especial de Cultura, Roberto Alvim desde la Asociación anunciaron que no les sorprende lo que hizo. “Habló en varias oportunidades sobre la guerra cultural y el rescate del conservadurismo en las artes. Ahora hace mención directa del nazismo, no es una novedad”, afirmaron.  Alvim fue quien estuvo a cargo de varios nombramientos de las principales instituciones culturales, incluida la de Sérgio Camargo, quien también fue destituido de su cargo por dar declaraciones que eran completamente incompatibles con la Fundación Cultural Palmares, insinuando que la esclavitud era beneficiosa para los negros.

Lo que no se esperaba fue la rápida salida de Alvim por su cercanía al presidente brasileño. ¿Por qué habrá reaccionado tan rápidamente Jair Bolsonaro? Un factor determinante pudo haber sido que quien fue al cruce de los dichos de Alvim desde el primer momento fue el gurú del Bolsonarismo, el pensador Olavo de Carvahlo. 

Este filósofo consultor de Bolsonaro fue uno de los primeros en salir a decir algo al respecto, y le soltó la mano a uno de sus fieles seguidores. “Es temprano para juzgar, pero Roberto Alvin tal vez no esté muy bien de la cabeza. Veremos”, publicó generando polémica en sus redes personales. Antes de enterarse que sería removido de su cargo, el ex secretario Alvim dijo que la opinión de Carvahlo era lo que más le dolía de todo lo que estaba sucediendo. 

Las medidas y los cambios ocurridos tienen base en un supuesto “control cultural” que pretende hacer el actual gobierno sobre lo que se produce y difunde desde el ámbito artístico, literario e intelectual. No sólo abarcan al ámbito documental y literario, sino que se traslada al cine, la música, el teatro y todo tipo de expresiones independientes. Los actores culturales que se resisten a estas iniciativas, consideran que con líderes como estos sin duda Brasil está frente a un nuevo periodo de oscurantismo.