Coronavirus, comunidad LGBTIQ+ y derechos humanos – Por Rodrigo Mallea Cardemil

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Rodrigo Mallea Cardemil

El contexto diario de las vidas de personas LGBTIQ+ ya es bastante complejo. Violencia, exclusión, discriminación y negativa de derechos mínimos son el pan de cada día. Hoy día, ante una crisis mundial sanitaria y pandémica, cabe preguntarse ¿cómo repercute la prolongación de la crisis pandémica para la comunidad LGBTIQ+?

En el estudio del cumplimiento de las obligaciones de un estado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sido clara: “Toda persona que se encuentre en una situación de vulnerabilidad es titular de una protección especial (…) es imperativa la adopción de medidas positivas, determinables en función de las particulares necesidades de protección del sujeto de derecho, ya sea por su condición personal o por la situación específica en que se encuentre[1]

Si bien la salud de todas las personas corre riesgo, el sistema público hace notar su abandono. Mientras que profesionales de salud denuncian falta de organización central e insuficiente abastecimiento, militares cuentan con mascarillas y equipamiento para vigilar toques de queda nocturnos. A la fecha, no han existido comunicaciones oficiales en torno a resguardos especiales de entrega de medicamentos de la comunidad VIH+, para personas trans en medio de sus procesos de transición o el acompañamiento necesario para víctimas de violencia.

La pandemia también dificultará la realidad laboral y económica de las diversidades. Un 53,7% de los grupos LGBT de regiones distintas a la metropolitana les resulta muy difícil encontrar empleo. En adición, 1 de cada 4 siente un ambiente laboral fóbico, y 1 de cada 6 siente algún tipo de aislamiento en su contra[2]. El Plan de Contingencia Económica del gobierno para proteger empresas y pymes está limitado al trabajo formal y contempla medidas insuficientes como el “Bono Covid”, que ya es cuestionable en sí mismo, sobre todo cuando el monto es solo de 13 mil pesos. Mientras tanto, economistas proponen medidas efectivas como garantizar salarios para trabajadores formales e informales y asegurar una indemnización de 3 a 4 para los casos de despidos.

Así mismo, para el año 2019, de los 1103 abusos denunciados en dicho año, un 15,14% de ellos fueron violaciones a derechos humanos en lugares comunitarios como la familia, vecinas/os o amigas/os[3]. Esto quiere decir que el encierro y la cuarentena se desarrolla en espacios que no son necesariamente seguros, sino que de hecho,podrían ser grandes focos de violencia fóbica.

Los distintos activismos disidentes nos sumamos a la cuarentena, pero el encierro no es una medida neutral en términos de género. No solo implica exposición a riesgos de violencia sino que a las desigualdades estructurales, como el no reconocimiento y remuneración del trabajo doméstico, que también sobrecarga a mujeres lesbianas, mujeres trans y a identidades femeninas, producto de los estereotipos de género impuestos en el espectro social y familiar.

Ante el desborde del sistema de salud, económico, laboral y doméstico, el llamado es a respetar la cuarentena, formar redes de apoyo y entregar información de fuente oficial. Las emergencias no son neutrales al género, por ello la respuesta siempre, siempre será organizarnos.

[1] Corte Interamericana de Derechos Humanos, Sentencia de Ximenes Lopes v. Brasil, 4 de julio de

2006, pp. 103

[2] Chile no sabe: Primer Estudio sobre Diversidad Sexual y Trabajo Dependiente

[3] XVIII. Informe Anual de Derechos Humanos de la Diversidad Sexual y de Género en

Chile (Hechos 2019)

El Desconcierto


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