Argentina | El Estado, más presente que nunca – Por Carlos Heller, especial para NODAL

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Carlos Heller*

Si hay algo en lo que todos los especialistas están de acuerdo es en que la actual pandemia azota a todos los habitantes de todos los países del mundo. Y que ésta constituye una situación totalmente excepcional y, como tal, requiere de la intervención de los gobiernos para amortiguar los efectos de toda índole que genera. Según las palabras de Carmen Reinhart, conocida economista especializada en crisis internacionales y profesora de Harvard, “los países emergentes sufren un shock de tal magnitud que no se veía desde 1929 y habrá una «lluvia de quiebras» a nivel mundial”.

Por su parte, un editorial del conocido periódico británico Financial Times señala que “si hay una luz de esperanza en la pandemia del Covid-19 es que ésta generó un sentido de unidad en sociedades polarizadas. No obstante, el aislamiento económico y social necesario para combatirlo también deja al descubierto las inequidades existentes e incluso crea algunas nuevas”.

En este contexto, queda en evidencia, más que nunca, la necesidad de un Estado presente ante una situación de emergencia social y económica a la que el mercado por sí mismo no puede dar respuestas. El propio Financial Times, alejándose de su perfil conservador, lo dejó en claro en el editorial: “Los gobiernos deberán aceptar un rol más activo en la economía. Deben pensar los servicios públicos como una inversión más que como un gasto (…) la redistribución volverá a estar en la agenda y los privilegios de los adultos mayores y los más ricos también”.

En el caso de Argentina, la pandemia llegó en un momento en el que el país ya se encontraba en emergencia: en diciembre de 2019 el Congreso de la Nación aprobó una ley que declara la emergencia pública en materia económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social. El presidente Alberto Fernández asumió su gobierno luego de cuatro años de continuo endeudamiento público, fuga de capitales y caída en la evolución de todas las variables de la economía real durante la gestión anterior. El PIB de 2019 se redujo en un 2,2%, los niveles de pobreza se incrementaron significativamente llegando a más del 50% en algunos grupos etarios como los niños, la tasa de desempleo cerró el año con un valor cercano al 10%, entre otros datos dramáticos. A esto se le sumó la deuda pública que no paró de incrementarse durante los cuatro años de gestión de la coalición Cambiemos, en especial la denominada en dólares. Esta evolución implicó la utilización de cuantiosos recursos destinados al pago de intereses y culminó con la imposibilidad de obtener financiamiento internacional y por lo tanto la necesidad de una reestructuración dada la insostenibilidad de su perfil de vencimientos.

A pesar de ello, ante el avance de la pandemia, el gobierno liderado por Alberto Fernández impulsó una batería de políticas fiscales y monetarias anticíclicas que están permitiendo amortiguar los efectos económicos de la crisis global. Al mismo tiempo, la presteza con la que el Poder Ejecutivo decidió decretar el aislamiento obligatorio permitió contener, dentro de los parámetros esperables, el avance del virus en el territorio nacional. En efecto, al comparar las cifras de la Argentina con otros países latinoamericanos en los que se detectaron los primeros casos del Covid-19 en momentos similares, se observa que mientras que en Chile por ejemplo ya se registran 4.815 infectados al 7 de abril, en Argentina se confirmaron 1.628 a la misma fecha con una población total sustancialmente mayor.

Si bien fue una medida completamente oportuna, la paralización forzada de la mayoría de los sectores de la economía está generando lógicamente consecuencias, especialmente económicas, a las que hay que hacerles frente. El objetivo de las medidas tomadas se basó en atender la urgencia de corto plazo y auxiliar a los sectores más vulnerables del trabajo y la producción, por la caída de sus ingresos.

Se lanzaron líneas subsidiadas para el pago de capital de trabajo a una tasa del 24% anual, bien por debajo de las actuales tasas de mercado, destinadas especialmente a las PyMEs, que ya venían fuertemente golpeadas por el achicamiento del mercado interno en los últimos años. En materia laboral, se establecieron rebajas transitorias a las contribuciones patronales, también orientadas en particular a las pequeñas empresas, y además se implementó un sistema de beneficios para todas aquellas empresas que hayan sido particularmente afectadas por la crisis.

Adicionalmente se puso en marcha un sistema de ayuda directa a aquellas familias que se encuentran en el amplio espectro del trabajo informal, monotributistas de las categorías más bajas (trabajadores por cuenta propia) y empleadas de casas particulares a los que se otorgará un bono de emergencia. En la misma línea, se fortalecieron los programas de seguridad social ya existentes (como la Asignación Universal por Hijo y los haberes jubilatorios mínimos) y se otorgó un periodo de gracia y rebaja de tasa de interés para aquellos jubilados y jubiladas que han tomado préstamos de la Anses (Administración Nacional de Seguridad Social).

Asimismo, con el objetivo de dinamizar la actividad, se anunció la ampliación de la partida presupuestaria para gastos de capital destinados a obra pública, educación y turismo.

No obstante, la realidad indica que, más allá de todos los esfuerzos y el importante rol que está teniendo el gobierno en la sociedad y la economía argentinas, los efectos de la pandemia se sienten y se sentirán en el futuro próximo. Una situación que por supuesto se replica en casi todos los países del mundo. Hay grandes probabilidades de despedirse, por ejemplo, del crecimiento de China al 6% por los próximos años, con todo lo que ello implica para los países que poseen lazos comerciales importantes con ese país.

Debe quedar claro que este deterioro en las economías no se manifiesta de igual manera hacia el interior de los sectores económicos. Es por ello que, tal cual se está haciendo en Argentina, es a los más afectados y a los más débiles (tanto empresas como trabajadores) a los que el Estado debe asistir de forma prioritaria. Luego de cuatro años de políticas recesivas, y en medio de una catástrofe que resultaba impredecible tan sólo unos meses atrás, las medidas tomadas por el gobierno argentino van en ese sentido, que no es más que incluir en su agenda a las mayorías que más lo necesitan en esta emergencia.

*Diputado Nacional por el Frente de Todos y Presidente del Partido Solidario.

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