América Latina | El pan diario, una movilización contra el hambre – La República, Perú

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El director para América Latina del Programa Mundial de Alimento (PMA), el peruano Miguel Barreto, ha señalado en este diario que con el cierre de escuelas por la pandemia más de 85 millones de niños y niñas beneficiarios de los programas de alimentación escolar en la región dejaron de recibir sus dietas.

En muchos casos, esta entrega era la única comida del día. Otros grupos vulnerables, entre ellos adultos mayores, mujeres embarazadas y lactantes y niños menores de cinco años, y familias en extrema pobreza, tienen ahora mismo serias dificultades para acceder a los alimentos por la pérdida súbita de medios de vida.

Antes de la pandemia, 900 mil peruanos se encontraban en pobreza extrema con gran privación de alimentos, en tasas que en la sierra y el área rural alcanzaban el 8 % y 12 % de la población, respectivamente.

Con la pandemia esta realidad se ha agravado y ampliado. Miles de los desplazados internos que a pie se dirigen a sus pueblos, y los que esperan ser trasladados, reciben escaso apoyo público organizado y en más de un caso son los vecinos de las zonas donde permanecen o por donde pasan en su recorrido los que acuden en su ayuda.

El hambre se ha instalado también para los usuarios de los comedores populares que han cerrado sus puertas, y en una parte de los adultos mayores que viven solos, alrededor de 800 mil en todo el país de acuerdo al último censo nacional. Por ello, es positivo que hace días se reanudaran las entregas de alimentos del programa Qali Warma, aunque no se tiene información del porcentaje de cobertura que ha recuperado. Otros comedores se han organizado y aumentan las formas de autogestión alimentaria.

El Perú es uno de los 23 países de la región que han aprobado distintas formas de ayuda y protección a los grupos privados de sus medios de vida en las casi 7 semanas de cuarentena. A los primeros bonos se sumaron las canastas de alimentos entregadas por los municipios y luego el Bono Universal. No obstante, la experiencia internacional indica que son las transferencias monetarias las más rápidas y menos burocráticas de asistir a las personas vulnerables, por lo que es necesario garantizar tanto la mayor cobertura de beneficiarios como la entrega oportuna y en una frecuencia que la situación exige.

Es preciso iniciar una movilización contra el hambre que se proponga no dejar a nadie atrás, que identifique a los grupos y territorios que necesitan ser asistidos y que colabore con el mejor uso de la ayuda para evitar el rebrote de la desnutrición crónica y la anemia. Es una tarea inmediata.

La República