Costa Rica a la OCDE – Por Rafael Cuevas Molina

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Por Rafael Cuevas Molina *

La OCDE ha dado luz verde para que Costa Rica se incorpore a la organización. Según cálculos de la ministra de comercio exterior, esto podría hacerse realidad hacia finales de año.

Las autoridades costarricenses han explotado de alegría, es un esfuerzo -dicen- que ha abarcado tres administraciones, y que consideran que los coloca en el “club” de los países desarrollados, lo cual daría prestigio al país.

Para llegar a este punto, se ha tenido que pasar por un escrutinio de su institucionalidad, y por un ajuste de tuercas para estar acorde con los cánones que exige la organización. Algunas de las últimas leyes que ha aprobado la Asamblea Legislativa apuntan en esa dirección.

La última tiene que ver con la llamada Ley del Empleo Público, que pretende ahorrar varios miles de millones de colones rebajando los salarios de los empleados públicos, haciendo tabla rasa de conquistas laborales de casi medio siglo.

Visto en un contexto más amplio, los ajustes que ha venido haciendo el país para entrar a esta organización deben inscribirse en el esfuerzo, lento pero seguro, que ha acrecentado el ritmo en los últimos dos años, por cambiar el sentido de la formación social costarricense.

Ésta se caracterizó, a partir de los años 40 del siglo XX, por intentar hacer un balance de las diferentes necesidades e intereses de clase y sectores sociales, que llevó a poner al país en un lugar destacado, en un continente caracterizado por la desigualdad, y la a veces hasta pre moderna forma de explotación de la fuerza de trabajo.

A partir de la década de los 80, ese rumbo varió. Una fuerte crisis del Estado de Bienestar a inicios de la década, que debe ser entendida como parte de la continental crisis de la deuda externa, que desembocó en las recetas del Consenso de Washington, propiciaron los primeros pasos de la reestructuración con los llamados Programas de Ajuste Estructural (PAE), que se llevaron a cabo en esa década.

El segundo momento que hizo crujir el andamiaje fue el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con los Estados Unidos. En su momento, el tratado fue presentado, por el presidente Oscar Arias y sus adláteres, como la medicina milagrosa que enrumbaría al país, por fin, hacia el desarrollo.

El señor Arias llegó a pronosticar, en un discurso ante trabajadores de una fábrica, que ellos llegarían a su trabajo, en unos años más, en automóviles de lujo, dejando de lado sus carcachas de segunda mano o las motos y bicicletas.

Como los costarricenses han podido comprobar en carne propia, se trataba de un espejismo, tal vez de un embaucamiento de mala fe, que buscaba beneficiar a quienes están próximos a los oídos de los que ocasionalmente ocupan puestos de poder, y les susurran el rumbo que les conviene a ellos.

El tercer momento de avance importante de este cambio de rumbo es el que vivimos actualmente, en medio de este período que la canadiense Naomi Klein ha caracterizado como “shock pandémico”. Estos susurradores de consejos se han aprovechado de las circunstancias excepcionales que vivimos para saltar a la palestra, a rostro descubierto, proponiendo una serie de medidas que terminan por acogotar a la clase media, a los asalariados y, en general, a todos los que no forman parte de la patronal.

Es en este contexto que la OCDE aprueba el ingreso del país a su seno. Los requisitos y normas que establece la organización para permanecer en ella están acordes con un modelo neoliberal estricto, muy en consonancia con las aspiraciones de la patronal local costarricense.

De ahí su alborozo. Propugnan a los cuatro vientos que el país reafirma su carácter de modelo para América Latina, y aducen en su apoyo que Costa Rica es puesta como ejemplo por diversos organismos internacionales.

Olvidan, o soslayan intencionalmente, que ya hubo otro país en nuestro continente que dichos organismos proclamaron faro iluminador de una ruta similar a la que sigue Costa Rica: Chile. Y si por las vísperas se saca el día, que Dios nos agarre confesados.

* Historiador, escritor y artista plástico. Licenciado en filosofía y magíster en Historia por la Universidad de La Habana. Catedrático, investigador y profesor en el Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA), adscrito a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional (UNA), Costa Rica. Presidente de AUNA-Costa Rica.


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