Cuba y Colombia – Diario El Tiempo

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Es necesario aproximarse al hecho de la inclusión de Cuba en la lista de países que apoyan el terrorismo por parte del Departamento de Estado de Estados Unidos, en toda su complejidad.

Resulta preciso recordar y reivindicar lo que se podría llamar “el factor Cuba” en el ajedrez geopolítico. Y aquí hay que tener claro que la isla es un jugador político y diplomático de enorme importancia mundial y regional. En el caso colombiano, y a pesar de las distancias ideológicas, en los últimos 50 años este país le ha echado una mano a Colombia siempre que se ha requerido.

Procesos de paz, exitosos y fallidos, intermediación diplomática con sectores colombianos o países extranjeros, todas estas han sido gestiones en las cuales ha participado La Habana, a instancias colombianas, con muy buenos resultados.

Ahora que el Gobierno de Estados Unidos pone a Cuba en la lista negra de los protectores del terrorismo, es conveniente entonces que el Gobierno reflexione sobre todas las implicaciones que en el corto y en el largo plazo tiene esta decisión. En la relación bilateral, por supuesto, pero también en el escenario mundial.

En este análisis hay que considerar el que los comandantes del Eln están en la isla –motivo que esgrimió Estados Unidos– porque La Habana está honrando un protocolo de la diplomacia internacional. Es verdad que Colombia lo desconoce a partir del brutal atentado de ese grupo guerrillero a la escuela de Policía General Santander, pero también es cierto que buena parte de los países del mundo considera un instrumento válido y respetable.

En síntesis, al evaluar el Gobierno colombiano el rumbo que se debe tomar en la relación binacional cometería un error en centrarse únicamente en la actual coyuntura.

Es recomendable una visión de larga duración para entender que un eventual distanciamiento de La Habana no sería una opción prudente.

El Tiempo