¡Duele Brasil! – El Tiempo, Colombia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La tragedia que está padeciendo el pueblo brasileño a causa del coronavirus debe servir de espejo para los demás países de la región, que pueden caer en lo mismo si no se fortalecen los servicios de salud pública, y los gobiernos privilegian la politiquería y el populismo por sobre el genuino bienestar de sus pueblos.

Con casi 292.000 contagiados y poco menos de 19.000 muertos, Brasil va camino de convertirse, con el paso de los días, en el nuevo epicentro mundial de la pandemia, mientras en China, Europa y EE. UU. parece estar cediendo, aunque con la preocupación latente de una segunda oleada.

Una crónica publicada en este diario daba precisa cuenta del drama que se vive en el mayor cementerio de la región, en São Paulo, donde los sepultureros no dan abasto para enterrar los muertos que en soledad llegan a su destino final.

Múltiples factores, que no son ajenos al resto de países en América Latina, parecen conjugarse en Brasil para favorecer la proliferación del virus: la alta densidad poblacional en las barriadas de sus ciudades, las dificultades para el acceso a la salud y la pobreza y la informalidad en el empleo que no permiten el éxito de las estrategias de confinamiento y distanciamiento social parecen poco frente a la responsabilidad que le cabe al Ejecutivo del ultraderechista Jair Bolsonaro, un gobernante que no solo se ha dedicado a minimizar el impacto del covid-19 al compararlo con “una gripita”, sino que sistemáticamente ha boicoteado las iniciativas de los gobernadores de los estados que –ellos sí– han ordenado cuarentenas para preservar las vidas de los habitantes.

Pero si el mayor líder del país está pensando más en su reelección que en los muertos, no es mucho lo que se puede esperar de las políticas nacionales, más cuando el cargo de ministro de Salud se ha convertido en un desfile de funcionarios aplastados por la irresponsabilidad de su presidente. ¡Duele Brasil!

El Tiempo