El Primero de Mayo hay lucha social a pesar de la pandemia – Por Edgar Isch L.

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Por Edgar Isch L. *

Hay principios constantes en la conmemoración del Primero de Mayo que no se ven afectados por la pandemia y el encierro forzoso, aunque cambien de forma de expresión. Tal vez, en parte del planeta, ya no será en las calles y plazas, pero los trabajadores no abandonarán el recuerdo de sus héroes, de los que han sabido dar su vida, de una u otra manera, para luchar por la emancipación humana. Tal vez la plataforma de lucha se exprese en cacerolazos, banderas en los balcones, mensajes electrónicos y manifiestos, pero no dejará su sentir combativo y prometedor.

El 1 de Mayo es ocasión para que los que luchan por la vida se reúnan y la pandemia ha demostrado estar juntos no solo es una necesidad humana, sino que tiene contenido de clase. Mientras los ricos se reúnen en sus campos de golf o clubs de lujo y planifican como acrecentar sus millones, los pobres lo han hecho reforzando el tejido social y familiar, aplaudiendo a los trabajadores de la salud, la alimentación, el aseo o la seguridad, interconectándose para cursos de todo tipo, entre los cuales los de contenido político se han multiplicado.

Claro, no todo caso es igual, pero en general las redes del engaño han servido hoy también para difundir la verdad, para pensar más allá de lo individual, para mantenernos en contacto. Y entonces, se ha celebrado la victoria sobre el fascismo en Italia, crecen las protestas desde los balcones en Brasil o Chile, las redes difunden las demandas de los trabajadores y las trabajadoras, las mujeres mantienen la alerta ante la violencia patriarcal, los indígenas plantean temas urgentes y profundos. Nada ha quedado intocado, nada será olvidado este primero de mayo. La lucha de clases se mantiene a pesar de la pandemia.

Los colectivos populares, demuestran tanta vitalidad hoy, cuando se comprueba que quienes mantienen la vida y la economía son los de abajo, los que laboran todos los días. Esa gente ve en múltiples manifestaciones “la bestialidad del imperialismo”, como la calificara el Che Guevara y que hoy bloquea a pueblos enteros que requieren alimentos y medicinas para enfrentar la pandemia.

Y observa que las distancias sociales son enormes e injustificadas entre ricos y pobres, que el “quédate en casa” no es igual para el que vive en mansiones y para el que vive en una covacha o no tiene techo; que la educación es desigual entre quien accede a computadores e internet y el que los mira desde lejos. La desigualdad social se presenta también en los servicios hospitalarios, en la seguridad de contar alimentos, en las esperanzas personales y familiares para el futuro.

Este Primero de Mayo la permanente demanda por un empleo digno se presenta hoy como universal, cuando los de arriba tienen su entorno y su riqueza protegida, mientras los de abajo sufren amenazas de desempleo, de reducciones salariales (incluso por debajo del mínimo vital), de alteración de sus condiciones contractuales, de ataque a los trabajadores migrantes, estén donde estén y sin importar su procedencia. Trabajadores y trabajadoras con o sin empleo, sin importar su origen étnico, deben unirse para enfrentar la guerra contra los pobres que anuncian burgueses y oligarcas. Basta ver a los seguidores de Trump pidiendo la reapertura de las empresas en Nashville, Tennessee, con letreros que pedían que: “sacrifiquen a los débiles”; o los preparativos para apropiarse militarmente del petróleo venezolano; o la disputa por la posición y negocio con las vacunas para el coronavirus.

Trabajo digno implica condiciones, al menos mínimas, de salud y protección sanitaria en los lugares de trabajo. Múltiples huelgas, en diversas partes del mundo, incluyendo en transnacionales poderosas, han sido necesarias para que se demande esa protección contra la pandemia. Incluso los trabajadores de la salud de diversos países han denunciado la falta de equipos básicos para su protección y la de los pacientes, siendo amenazados con despidos por hacer conocer la verdad.

¿Quieren que se abran los comercios y las fábricas? ¿En qué condiciones? Increíblemente los burgueses demuestran que les es más barato ver enterrar a sus obreros antes que gastar en equipo de seguridad. Descaradamente, demuestran que el capitalismo es muerte.

Cuando se generalizó el Primero de Mayo como el día internacional de lucha de los trabajadores y todos los oprimidos por el sistema capitalista, un punto central fue la jornada de trabajo. Esta se convirtió en conquista en gran parte de los países, pero ahora se la amenaza con formas de explotación mediante el teletrabajo y mecanismos que acentúan la precarización laboral.

La sobrecarga laboral se va convirtiendo en norma en las empresas capitalistas y también en trabajos del sector público, como en la sanidad y la educación. Para enfrentarla, se necesita defender el contrato colectivo, impedir que cada quién se vea forzado a pactar condiciones que le ponen a escoger entre el desempleo o la sobreexplotación. Y para tener contrato colectivo los sindicatos y organizaciones laborales deben ser de existencia obligatoria, con democracia interna y con perspectiva de clase. Siglo XXI y nuevamente la jornada laboral está en la mira.

Trabajo digno es lo mínimo que se puede demandar hoy, como se lo ha hecho a lo largo de las marchas por tanto tiempo. Trabajo que garantice la dignidad humana desechando toda discriminación a la mujer trabajadora, unificando a los trabajadores de la ciudad y el campo, respetando las diversidades étnicas.

Trabajo que sea protegido por los Estados, que por lo general protegen a la riqueza y la sacrosanta propiedad privada. Esto, justo cuando la propiedad común y los intereses comunes se muestran como la salida posible a la crisis, como incluso lo han debido reconocer al mencionar que la salud en manos públicas y gratuita es un bien que debe ser fortalecido y dejado al margen de las leyes del mercado.

La solidaridad, en este período se ha mostrado, una vez más, como una característica de los de abajo. No importa el país de procedencia, las condiciones de vida de los trabajadores, sus necesidades y demandas son básicamente las mismas.

Y se observa la necesidad de gobiernos de los trabajadores, trabajar con esa finalidad. Mucho se habla de lo nuevo que se verá tras la pandemia y las nuevas condiciones de trabajo, las nuevas luchas, posibilitan que entre lo nuevo esté con más claridad la constitución de la “clase para sí”, de los trabajadores y trabajadores que afinan su pensamiento ideológico, de los que buscan unirse en organizaciones propias, de los entienden que solitarios serán derrotados pero unidos pueden vencer y cambiar la historia.

Y el color rojo es el color de los que sufren, pero anuncian que quieren cambiar su realidad. Los trapos rojos señalando hambre, violencia intrafamiliar, necesidad de la mano solidaria, se van transformando en las banderas propias de un día de lucha.

Bandera “Roja, como la sangre de la clase obrera”, dice una consigna de la Unión General de Trabajadores del Ecuador. Roja, intensamente roja, que nos recuerda que estamos ante un Primero de Mayo con nuevas expresiones, pero con la misma esencia: elevar la lucha de clases, anunciar un mundo nuevo.

* Académico y ex ministro de Medioambiente de Ecuador. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


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