Karina Batthyány, secretaria ejecutiva de Clacso: “Los países con mayor tasa de contagios son aquellos donde la desigualdad se manifiesta en la baja presencia del Estado”

Por Daniel Cholakian 

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) es sin duda uno de los espacios de debate más interesantes de toda Latinoamérica. Desde el comienzo de la pandemia por el Covid-19 y la adopción de diferentes formas de distanciamiento y confinamiento adoptadas en todo el mundo, CLACSO ha conformado el Observatorio social del Coronavirus: pensar la pandemia. Desde esa plataforma están produciendo investigaciones, debates, publicando textos y monografías, con distintos ejes temáticos y con diferentes formas de problematizar la situación desde una perspectiva social.

Karina Batthyány es secretaria ejecutiva del consejo desde 2018. Doctora en Sociología y docente de la Facultad de Ciencias de Sociales de la República (Uruguay), es autora de numerosas publicaciones en torno a las temáticas de género, políticas públicas, trabajo no remunerado y cuidados.

Conversamos con Batthyány sobre los datos que pueden observar a partir de los estudios que realizan en este momento: profundización del racismo, la desigualdad de género, las inequidades sociales expresadas en el trabajo y los servicios sanitarios y la necesidad de conservar la relación de los estudiantes con las instituciones y el sistema educativo.

¿Cuál es el trabajo qué hacen desde el Observatorio social de la pandemia que crearon recientemente y qué conclusiones provisorias pueden encontrar a partir del mismo?

Efectivamente desde el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, decidimos, ni bien comenzó todo este fenómeno, crear un observatorio para pensar la pandemia desde las dimensiones sociales, es decir, trascendiendo la emergencia sanitaria, y poniendo el ojo en distintos aspectos de lo social que está impactando la vida de todos y de todas. 

Allí tenemos más de 150 artículos escritos por quienes integran nuestro consejo latinoamericano. Estos abordan desde la transformación de la vida cotidiana, esa vida que tanto nos cambió a todos y a todas desde que se declaró la urgencia sanitaria, hasta los efectos económicos, el impacto a nivel del incremento de las desigualdades, el aumento de la pobreza, la cuestión ambiental y los distintos sectores de actividad en una sociedad. Muchas dimensiones en las que estamos intentando dar elementos para cumplir con uno de los objetivos de nuestra institución, que es la producción de conocimiento para la transformación social, y para pensar el modelo y las opciones para cuando finalice esta emergencia sanitaria. 

Entre las producciones llama la atención la mirada sobre las distintas formas de racismo ¿Están notando que esto aparezca de una manera exacerbada en gran parte de América Latina?

Efectivamente, lo que hemos encontrado tiene que ver principalmente con distintas formas de discriminación y racismo que se exacerban en el marco de confinamiento o cuarentena, según las características de cada país, pero todas con un patrón muy similar. Además los efectos sociales de esta emergencia sanitaria están golpeando de manera diferencial a distintos grupos. Como por ejemplo lo que tiene que ver efectivamente con la población afrodescendiente, tanto en la calidad de atención que tienen y en los efectos económicos que están sufriendo como consecuencia de esta emergencia sanitaria. Efectos económicos que también están relacionados a la forma de inserción que tienen en el mercado de trabajo. También observamos que se exacerban conductas de discriminación hacia los colectivos migrantes. 

Como sabemos, el tema de la migración y la movilidad humana es un tema muy importante en nuestra región latinoamericana y caribeña y allí empiezan algunas conductas, digamos, de destierre a nivel de lo social, y de rechazo hacia lo diferente, hacia el que no pertenece a esta comunidad primaria. Así son vistos en muchos casos estos colectivos migrantes que por su forma de inserción social, en muchos casos son colectivos que están insertos de manera muy precaria, sin protección social y sin acceso a las redes de seguridad social. Y podríamos seguir nombrando, pero hay otro colectivo muy afectado en general, que son parte de todas las variables que se intersectan entre sí, que son las mujeres.

¿Las mujeres son parte un colectivo que además de ser víctimas de patriarcado son parte de todos esos colectivos victimizados?

En ese sentido, si nos detenemos en el tema de las mujeres, hay que mencionar que también las mujeres somos las más afectadas en esta pandemia, por muchas situaciones. La primera por cómo cambió nuestra vida cotidiana. Este cambio en la vida cotidiana ha implicado sobretodo una sobrecarga para las mujeres. Una de las medidas que es común en todos nuestros países es la suspensión del sector educativo, los niños están en las casas, alguien se tiene que hacer cargo de esos niños y ese alguien siempre o casi siempre suele ser una mujer. A su vez en algunos sectores exigen teletrabajo pero no se piensa que el teletrabajo puede ser incompatible con la presencia de niños pequeños en los hogares. Esa es toda una dimensión vinculada a los cuidados, pero hay otras que vienen también de la mano de donde estamos las mujeres en el mercado de trabajo. Sabemos que un porcentaje muy amplio, prácticamente 1 de cada 2 latinoamericanas, están insertas en el sector informal de la economía, y eso quiere decir que son mayoría en el sector que ha sido más afectado producto del cierre de actividades en nuestros países. Por estar en sector informal no tienen cobertura de protección social y ahí tenemos otro elemento que impacta en el colectivo de las mujeres. Un tercer elemento está vinculado a que más del 70% del personal sanitario en nuestra región son mujeres, y por eso son las que están más expuestas al virus. 

Estas dimensiones y la discriminación de la que hablábamos se intersectan evidentemente, porque hablamos de la población afrodescendientes, de los migrantes y las mujeres. Obviamente tenemos mujeres migrantes, mujeres afrodescendientes, y así podemos seguir intersectando, en definitiva, dimensiones de la desigualdad en un continente que, no nos olvidemos, antes del coronavirus era el continente más desigual del planeta. No el más pobre, el más pobre es África, pero sí el más desigual y esto, en definitiva, está  incrementando esas desigualdades.

¿Hay alguna relación entre la desigualdad y la tasa de contagio?

Lo que podemos afirmar es que efectivamente en los países donde se ve una tasa mayor de contagio son aquellos donde la desigualdad se manifiesta en la baja presencia del Estado como estado social. Aquellos países que tienen un sistema de salud digamos, muy fragmentado, y con respuestas diferenciales en función del sector o la clase económica a la que pertenezcan las personas. Estas relaciones están verificadas. Otras dimensiones de la desigualdad quizá no se estudiaron, pero la gran lección que nos deja todo esto es justamente la importancia del estado garantizando los bienes comunes como la la salud, por ejemplo, como un bien común por medio de políticas públicas. Los resultados diferenciales que vemos en los países tienen que ver también con esa presencia menor o mayor del estado como garante de los bienes comunes.

CLACSO tiene una larga trayectoria en el estudio de la educación, que es uno de los grandes temas en este momento, pues cómo decías, una de las coincidencias en la región y el mundo, es que las clases presenciales están suspendidas. ¿Cómo están viendo lo que ocurre ahora y cómo ven el futuro de la educación?

Es sin duda un tema clave, por todas las implicancias que tiene y uno de los elementos que estamos analizando, todavía con conclusiones muy preliminares, tiene que ver con si esta etapa de emergencia sanitaria y de tele-educaciòn exacerba o no las desigualdades en el ámbito educativo. Los indicios que tenemos es que efectivamente esta posibilidad de tele-educación no llega de la misma manera ni se tienen los mismos recursos en todos los sectores como para poder aprovecharlo. El segundo punto importante a destacar tiene que ver con una preocupación excesiva por parte de algunos actores del sistema educativo vinculado a la evaluación, y quizá la pérdida de referencia de que en realidad la educación tenemos que hablar de un proceso educativo por lo que esto hay que tomarlo como un paréntesis en el que no nos tendría que preocupar tanto la evaluación en sí misma, ni cómo van a ser evaluados, cuáles van a ser los resultados, sino preocuparnos más por garantizar que no se pierda el contacto con la institución, la escuela o el nivel que sea. Es importante que no haya deserción o desafiliación de estudiantes del sistema educativo, no tener tanto obsesión en pensar cómo evaluamos los resultados de estos dos o tres meses, lo que dure en cada uno de los países o el tiempo que sea, sino la perspectiva del proceso y que aquí lo importante es no perder el contacto o la afiliación de los estudiantes a los distintos niveles de educación. Creo que esa debería ser hoy la preocupación central. 

En definitiva esto en el marco de un proceso, si vemos la educación como un proceso, dos, tres meses, el tiempo que sea, es apenas un paréntesis y la preocupación, insisto, no perdamos el contacto, y tratemos de garantizar todas las funciones que el sistema educativo cumple en el marco del desarrollo de las personas, que no es solamente el aprendizaje y la evaluación de este aprendizaje. Hay otras funciones, incluso en las escuelas está la función de la alimentación. Debería ser una preocupación más importante que la evaluación. 

*Versión editada para Nodal de la entrevista realizada en el programa “Lo peor ya pasó” emitido en AM530 Somos Radio (Argentina)