La Contra venezolana de Elliott Abrams – Por Andrés Sal.lari

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La Contra venezolana de Elliott Abrams

Por Andrés Sal.lari

El intento de infiltración de decenas de mercenarios a territorio venezolano puede leerse desde distintas direcciones. En este ensayo nos posicionaremos en la cosmovisión de Elliott Abrams, el halcón designado por la administración Trump hace poco más de un año para “ocuparse” de Venezuela. En su historia tal vez puedan encontrarse muchos indicios acerca del origen y la estrategia detrás de la aventura mercenaria capitaneada por Silvercorp.

El Salvador

A lo largo del 10, 11 y 12 de diciembre de 1981, El Salvador sufrió la masacre más grande de la era moderna en nuestro continente. En El Mozote y sus alrededores fueron asesinadxs alrededor de 985 hombres, mujeres y niñxs. Entre las víctimas se contabilizaron 358 menores de 13 años.

Mientras se producía esta masacre en Centroamérica, en Washington asumía el nuevo subsecretario de Estado (vicecanciller) de Derechos Humanos de la administración Reagan, Elliott Abrams.

El Mozote era una pequeña población rural con cerca de veinticinco casas. En la tarde del  10 de diciembre militares llegaron en busca de insurgentes del FMLN que dos días antes habían operado en sus inmediaciones. Los soldados agruparon a los pobladores y les pidieron información sobre la guerrilla, luego les ordenaron que permanecieran encerrados en sus casas hasta el día siguiente, advirtiendo que dispararían contra cualquier persona que saliera.

A la madrugada del 11, los uniformados volvieron a reunir a lxs vecinos. Separaron a los hombres y ancianos de las mujeres y de lxs niñxs.​ Durante toda la mañana procedieron a interrogarlos mediante torturas. Luego de la tortura, cada hombre, mujer y niñx era ejecutadx.

La masacre continuó el 12 de diciembre en otras aldeas circundantes. La acción fue protagonizada por el batallón de Infantería de Reacción Inmediata Atlácatl, entrenado por la CIA en técnicas de contrainsurgencia en la Escuela de las Américas de Panamá.

Raymond Bonner del New York Times y Alma Guillermopietro del Washington Post habían llegado al lugar de los hechos pocos días después de la masacre. En enero de 1982 sus reportajes salieron a la luz y Abrams aseguró que los reportes “no eran creíbles” a la vez que los funcionarios de Reagan presionaban a los medios. Bonner fue retirado de El Salvador.

El periodista relató en 2019 que Abrams comenzó a atacarles y a negar la historia catalogándola como propaganda de la guerrilla, al mismo tiempo valoraba el asesinato de lxs niñxs como un “mero incidente”.

Durante una comparecencia ante el comité de Relaciones Exteriores del Senado el 8 de febrero de 1982, Abrams fue interrogado acerca del accionar del batallón Atlácatl y declaró: “el batallón al que usted se refiere ha sido elogiado en varias ocasiones en el pasado por su profesionalismo y por la estructura de comando y control cercano en que las tropas se mantienen cuando entran en batalla”.

Luego aseguró que todo se trataba de “propaganda comunista” y cuando el senador Paul Tsongas le preguntó si consideraba a Roberto D’Aubuisson como un ultraderechista, el Subsecretario respondió que no, que no lo creía.

D’Aubuisson era el líder de los escuadrones de la muerte de El Salvador y está sindicado como autor intelectual del asesinato perpetrado contra monseñor Oscar Arnulfo Romero el 24 de marzo de 1980.

Víctimas de la Masacre de El Mozote.

Guatemala

Guatemala vivía una situación muy similar, entre 1981 y 1983 sus soldados masacraron a decenas de miles campesinos por su presunta colaboración con la guerrilla del URNG. Los militares violaban, castraban, decapitaban y descuartizaban rutinariamente a sus víctimas.

El general Efraín Ríos Montt, presidente del país, era uno de los preferidos de Reagan, para quien el dictador era un hombre “de gran integridad y compromiso, totalmente comprometido con la democracia”.

Ríos Montt confirmaba su compromiso con afirmaciones como la siguiente: “No practicamos una política de tierra arrasada, practicamos una política de comunistas arrasados”.

El New York Times reportó parte de las tácticas impulsadas por la CIA y aplicada por Ríos Montt para ganarle territorio a la guerrilla, al informar que los soldados llegaban a los pueblos en helicópteros para matar a las mujeres a machetazos, quemaban las chozas y sacaban los ojos de los habitantes.

En diciembre de 1982 el ejército mató a más de ciento sesenta personas en la localidad de Las Dos Erres, los reportes indican que fueron masacrados sesenta y cinco niñxs;  agarrados de sus pies, los dieron vueltas en el aire y les estamparon sus cabezas contra unas piedras.

En esos mismos días Reagan visitaba oficialmente Honduras y se lamentaba de que su colega Ríos Montt fuera “víctima de falsas acusaciones”.

En febrero de 1984, el embajador de Estados Unidos en Ciudad de Guatemala, Frederic Chapin, telegrafió a Washington para comentar “la horrible realidad de los derechos humanos” en ese país centroamericano. Al día siguiente, el subsecretario de Derechos Humanos –Abrams-  y otros dos altos cargos del Departamento de Estado aprobaron un informe secreto que urgía al Congreso a reanudar las ayudas a Guatemala porque este país “había avanzado mucho” en el respeto a los derechos humanos. Meses atrás Ríos Montt había sido derrocado por otro general.

Otro informe secreto del Departamento de Estado fechado en 1986, reconoció una sistemática campaña de secuestros y asesinatos de trabajadores sociales, personal médico y campesinos “por parte de las fuerzas de seguridad y de grupos paramilitares de derechas” en Guatemala desde 1966 y fijó como su peor momento en 1984.

La invasión a Panamá 1989.

Nicaragua

El 5 de octubre de 1986 un avión de carga Fairchild C-123K estadounidense fue derribado por un soldado del Ejército Popular Sandinista en las inmediaciones del Río San Juan, muy cerca del límite con Costa Rica. Tres tripulantes murieron pero el ex marine Eugene Hasenfus saltó en su paracaídas, sobrevivió  y al ser capturado declaró que trabajaba para la CIA. El avión transportaba armas para la Contra desde la base de Ilopango, en las afueras de San Salvador; reabastecía en una pista situada en Costa Rica. Los adolescentes uniformados sandinistas conocían la ruta y lo estaban esperando.

En la capital salvadoreña un agente cubano estadounidense entró en pánico, era uno de los responsables de la base. Su nombre: Félix Rodríguez; líder del equipo de la CIA que capturó a Ernesto Guevara en Bolivia en 1967 y “héroe” de la invasión a Vietnam. El otro encargado de las operaciones en Ilopango era el afamado terrorista Luis Posada Carriles, igualmente remunerado por la Agencia (que además de armas traficaba narcóticos, pero esa es cocaína de otro costal).

(En esta entrevista puede dimensionarse el nivel de involucramiento de Felix Rodríguez, la CIA y Washington en los asuntos internos de El Salvador).

El derribo del C-123K destapó la olla de la operación Irán – Contras, un complejo entramado clandestino mediante el cual los servicios de inteligencia de Estados Unidos vendían armamento a Irán. Con las ganancias financiaban sus operaciones en Centroamérica.

El caso Irán-Contras fue judicializado en Estados Unidos y el subsecretario de Estado Abrams fue condenado junto a otros cinco implicados a dos años de prisión en suspenso, ya que el Congreso había prohibido mediante una ley el financiamiento a la Contra.

Eugene Hasenfus en poder de los jóvenes soldados sandinistas.

Panamá

El 20 de diciembre de 1989 el presidente George H. W. Bush lanzó la Operación Causa Justa, miles de marines invadieron y secuestraron al presidente de Panamá, Manuel Noriega.

Para autorizar la participación de algunos agentes federales en la operación fue necesaria una justificación legal que ideó el fiscal general, William Barr, un ex funcionario de la CIA que trabó relación con Bush padre cuando este dirigió la agencia entre 1976 y 1977; según reveló el propio Barr durante una clase abierta en 2001.

De la pluma de Barr nació el permiso para que el FBI pudiera “ingresar a tierra extranjera sin el consentimiento del gobierno anfitrión”.

El 22 de diciembre de 1989, Abrams declaró al Washington Post que Estados Unidos debió haber invadido el país centroamericano mucho tiempo antes.

En 1992 Barr impulsó un indulto presidencial para los seis condenados por el caso Irán – Contras. Bush lo firmó y Abrams quedó libre de culpa y cargo, al igual que el teniente coronel Oliver North y los demás enjuiciados.

Víctimas de la invasión a Irak (2003).

Irak

En 1997 William Kristol y Robert Kagan impulsaron la creación de un think tank ultraconservador que sería la base ideológica de la administración de George W. Bush. El Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC), cuya obsesión era el derrocamiento de Saddam Hussein. Lo conformaban –entre otros- Dick Cheney, Steve Forbes, Francis Fukuyama, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz y Elliott Abrams; la crema y nata detrás del fraude electoral contra Al Gore, la invasión a Irak, la guerra contra el terrorismo y la legalización de la tortura.

Estos grupos ultraconservadores operaron fuertemente para mantener las draconianas sanciones impuestas a Irak tras la primera Guerra del Golfo, que muy pronto causarían una catástrofe humanitaria. Ya en 1995, dos investigadores de la ONU publicaron un informe en la revista británica The Lancet, en el que estimaron en 567 mil lxs niñxs iraquíes muertos por el hambre provocado por las sanciones.

Antes de volver a invadir Irak, George W. Bush ofreció una conferencia de prensa junto a su aliado Tony Blair, quien informó que “en los últimos cinco años, 400 mil niños iraquíes menores de 5 años han muerto de malnutrición y enfermedades”.

No mencionó que la razón principal eran las sanciones impulsadas por sus gobiernos y por grupos como el PNAC, que para ese entonces ya había colonizado el ejecutivo de Bush. Esos mismos halcones fueron quienes inocularon los falsos argumentos utilizados para justificar la invasión. A tal respecto es recomendable ver la película sobre la vida de Dick Cheney.

El 20 de marzo de 2003, se inició la invasión y el ejército de Saddam -absolutamente diezmado por las sanciones y el desarme- sólo pudo resistir 20 días. Sin embargo la ocupación continuó y centenares de miles de iraquíes perdieron la vida. Hasta la fecha sólo un hombre fue condenado por estas más de dos millones de víctimas fatales. Saddam Hussein Al Tikriti, quien murió en la horca el 30 de diciembre de 2006.

Elliot Abrams impulsó la invasión de Irak desde su cargo de Ayudante Especial del Presidente y Director para Democracia, Derechos Humanos y Operaciones Internacionales en el Consejo de Seguridad Nacional, cuya cabeza era Condoleezza Rice.

Abrams (centro) ladeado por el vicepresidente Dick Cheney y su jefa Condoleezza Rice (2005).

Venezuela

El 11 de abril de 2002, se produjo un golpe de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela.

El diario inglés The Guardian señaló al Ayudante Especial Abrams como el principal instigador de la conspiración, secundado por John Negroponte y Otto Reich, compañero de andanzas de Elliott en Irán – Contras.

Durante esos días, el mismo diario describió a Abrams como líder de la teoría del “hemisferismo”, que tenía como prioridad combatir el marxismo en América.

Hugo Chávez regresa al poder triunfante tras el fallido golpe de Estado el 13 de abril de 2002.

Abrams perdió influencia durante los mandatos de Obama y volvió al centro de la escena pública gracias a la designación de Trump el 25 de enero de 2019.

No fue el único halcón en retomar protagonismo, William Barr -ex fiscal general durante el mandato de Bush padre- volvió a ocupar el mismo puesto en la actual administración. Barr juega sus cartas tal como en su primera gestión, cuando justificó la invasión a Panamá.

El pasado 26 de marzo, este ex funcionario de la Central de Inteligencia le aplicó a Maduro la misma pócima legal que a Noriega, declarando al presidente venezolano como narcotraficante, líder de un supuesto Cártel de los Soles y poniéndole un precio a su cabeza de 15 millones de dólares. La justificación legal para otra invasión.

El 22 de diciembre de 1989 durante la Operación Causa Justa, Elliott Abrams declaró que “el riesgo de una escalada incita a la acción militar limitada en lugar de impedirla”.

Si se observa el despliegue naval estadounidense hacia las costas venezolanas y el de grupos de mercenarios que esta semana intentaron infiltrarse en su territorio, puede concluirse que las estrategias de apoyo al paramilitarismo encubierto de Abrams no han registrado evolución alguna en 40 años.

El proyecto del viejo halcón y de sus jefes de Washington para Venezuela no es otro que revivir la Contra nicargüense de los `80 al mismo tiempo que intentan someter por hambre a su pueblo, tal como lo hicieron con Irak en los ’90 o con Cuba desde 1961.

Nota del autor:

En el siguiente link Elliott Abrams es interpelado sobre Venezuela en la Cámara de Representantes de Estados Unidos el 13 de febrero de 2019.

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