Brasil, epicentro de la pandemia: ¿desgobierno o genocidio planificado? – Por Laura Salomé Canteros

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Brasil, epicentro de la pandemia: ¿desgobierno o genocidio planificado?

Por Laura Salomé Canteros

Nuestramérica es el epicentro de la pandemia por el COVID-19 y si hay algo que esta crisis de sanidad evidenció con urgencia, es la gestión de los gobiernos y el carácter de los Estados de la región para dar respuesta a los contagios y resguardar las vidas y las esperanzas de las personas. La administración de las cuarentenas preventivas y el uso de los recursos públicos son eje de análisis. En Brasil, la crisis sanitaria es también social y económica y en la figura de su presidente, Jair Messias Bolsonaro, es una oportunnidad para desplegar sus políticas y discursos de odio. LATFEM dialogó con tres feministas populares que analizaron la coyuntura brasileña.

Sonia Guajajara es lideresa indígena, integrante de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) y fue candidata a vicepresidenta por el PSOL en las últimas elecciones. Narró la situación actual de los pueblos originarios en Brasil y cómo organizan el autocuidado en las comunidades. “La situación es bastante dramática y es uno de los momentos de mayor desafío de toda la historia”, sostuvo. “Esta pandemia llega, causa mucha preocupación y refuerza el resto de los problemas históricos que los pueblos ya enfrentaban: la violencia, los ataques y el aumento de los asesinatos. Sin embargo, buscan formas de organizarse: bloqueo de las entradas, evitar visitas, implementar barreras sanitarias a partir de la organización de los propios pueblos”, explicó Guajajara.

Las personas pertenecientes a etnias originarias son las más afectadas en Brasil: según el último reporte de APIB (Articulação dos Povos Indígenas do Brasil), las muertes por COVID-19 aumentaron un 70% en las últimas dos semanas y ya llegó a los pueblos de todas las regiones que son 61, siendo el Amazonas la región más afectada y donde se encuentran la mayor cantidad de los proyectos extractivistas del gobierno central.

“Es el lugar de mayor gravedad, donde hay la mayor cantidad de muertes y estamos en una alerta máxima”, dijoi Sonia. “Sin embargo, somos un movimiento organizado. Realizamos una Asamblea de Resistencia para definir un plan de contingencia para enfrentar la pandemia: casas de apoyo, medidas preventivas y entregas de alimentos y materiales biosanitarios”, agregó Sonia Guajajara.

La pelea de poderes que protagoniza Jair Bolsonaro contra el Tribunal Supremo y el ex Ministro de Justicia, Sergio Moro, y que podría terminar en juicio político, se tradujo en la publicación de un video en el que, junto a los integrantes de su gabinente, analizaban qué medidas tomar ante la pandemia global. Allí, en esa mesa de varones, se lo vio insultar a las y los representantes que tomaron medidas estrictas ante la pandemia. Pero además, se escuchó el odio de dos ministros claves: el de educación y el de medio ambiente; el primero, afirmando “odio el término ‘pueblos indígenas’. Sólo hay un pueblo (el brasileño)”; y el segundo, que afirmó que es la oportunidad para “avanzar con todo” en la desregulación de leyes, otorgando beneficios a proyectos extractivistas.

Para Sonia Guajajara, “el de Bolsonaro es un gobierno genocida y etnocida, que quiere exterminar a los pueblos indígenas con todo tipo de ataques: invasiones, matanzas y la legalización de esa violencia a través de un discurso que incita a esas prácticas”. Para la lideresa, la negación de la titularidad territorial para los pueblos indígenas, es de los principales factores para el etnocidio, ya que “negar un territorio es negar una cultura y una identidad. Y si no tenemos la propiedad garantizada, corremos el riesgo de desaparecer”. También habló de ecocidio, advirtiendo que cuando la cuarentena llegó a los territorios, las estrategias de protección del ambiente frenaron.

¿Desgobierno o genocidio?

María Martha Bruno y Luiza Mançano son periodistas feministas y editoras de la revista Género e Número y del medio popular “Brasil de fato”. Con ellas, dialogamos sobre la relación entre el gobierno de Bolsonaro y la prensa tradicional, la intervención de los medios populares y el activismo feminista y cómo se articulan el discurso de odio del presidente y sus seguidores con la falta de políticas públicas de protección hacia las mujeres, el colectivo LGBTTIQ+ y los pueblos originarios durante la pandemia. La pregunta es clara: ¿desgobierno o genocidio planificado?

Para Luiza Mançano, la relación entre el gobierno de Bolsonaro con la prensa en Brasil, es compleja porque por un lado, “la critica mucho y se pone en contra”. Pero, por otro lado, usa el concepto “ya que tiene entre sus seguidores, una poderosa red televisiva, controlada por un grupo evangélico que promueve una agenda a su favor”, que sigue sus estrategias de campaña -y ahora de comunicación de gobierno-, “con la generación de noticias falsas para la desinformación (fake news). Mançano analizó que los medios tradicionales en Brasil son las empresas que apoyaron el Golpe contra Dilma Rouseff contra el Partido de los Trabajadores (PT) en general; o sea que “tienen entre sus responsabilidad el que Bolsonaro haya llegado al gobierno”.

Para la comunicadora, “desde el activismo y los medios feministas y populares, tenemos muchos retos; por un lado, denunciar las acciones del gobierno de Bolsonaro y su proyecto genocida, pero también difundir las estrategias de resistencia”, una encrucijada que evidencia una aceleración de las diferencias sociales por motivos de clase y género.

“En el marco de la pandemia, recibimos denuncias por persecución y violencia policial contra integrantes de organizaciones barriales que inician acciones de solidaridad en sus comunidades, como distribuir canastas básicas o información sobre protección y combate al COVID-19”, sumó. Para ella, “estas desigualdades siguen perpetrándose”, a través de una campaña publicitaria permanente por parte del propio gobierno y sus seguidores más férreos que son un 30% de la población en Brasil.

Al igual que en otros territorios, las consecuencias del aislamiento social obligatorio, para las mujeres, se tradujo en vulneraciones de derechos. “En Brasil, durante la cuarentena, hubo un crecimiento de la violencia machista, con picos de aproximadamente un 50% de registros en Rio de Janeiro y São Pablo”, comentó María Martha Bruno, “a nivel nacional, un 14% más en los primeros cuatro meses del año, respecto al mismo período de 2019”. Además, dijo que “hubo una restricción importanterespecto al acceso al aborto legal (por tres causales) en las unidades públicas, porque los recursos estuvieron destinados a la atención de la amergencia sanitaria contra el coronavirus”.

Según una investigación del medio Género e Número, 76 hospitales públicos que ofertaban el servicio de abortos legales, tan sólo 42 siguen funcionando. Y en la mitad de los estados el servicio no está disponible

Para Luiza Mançano, el discurso militar del gobierno incrementa la violencia de género. “La violencia policial, militar y en las casas, se incrementan en este período debido a esa sensación generalizada de que desde el poder ejecutivo difunden esa violencia”.

Para Bruno, “la negligencia del gobierno en el manejo de la emergencia sanitaria, es bastante coherente con este discurso de odio; ya que no hay políticas específicas para las mujeres, las personas del colectivo LGBTTIQ+, pueblos indígenas ni los negros y las negras que viven en los territorios quilombolas. No hay ninguna política institucional de salud para proteger estas vidas y ellxs mismxs son quienes tienen que protegerse tras la llegada del virus”. Las quilombolas son espacios de resistencia donde las y los esclavos huían para escapar de sus captores, territorios donde aún hoy viven miles de brasileñxs, descendientes de esclavxs y el 97% se encuentran en municipios donde las personas viajan grandes trayectos para recibir atención médica básica. Estas son omisiones que evidencian la vigencia del colonialismos en los países de América Latina.

La situación en las favelas es también dramática. Según la diputada por el Estado de Rio de Janeiro, de donde era originaria Marielle Franco, Talíria Petrone (PSOL), en los últimos 4 meses, la policía mató a 606 personas, 290 durante marzo y abril. “El genocidio es por la bala, por la falta de asistencia y la salud en las favelas”, afirmó, denunciando que los recursos del Estado se destinan a sostener la militarización y la represión en los barrios populares en lugar de garantizar el acceso al agua y a la salud. “Se continúa sistemáticamente matando jóvenes negros”, agregó. Les líderes de las favelas realizaron ayer una protesta -presencial- frente al Palacio de Guanabara, la sede de gobierno, acción que para Petrone fue “una consecuencia de la política de genocidio del Estado”.

A estas protestas se sumaron, manifestaciones antifascistas en São Paulo y en Minas Gerais, que fueron acompañadas por los gritos desde los balcones. La voz política era clara: #ForaBolsonaro.

Brasil es actualmente el territorio con mayor cantidad de contagios por COVID-19 en el mundo y quienes están muriendo son les desposeídxs de siempre. Y mientras hay personas, familias, historias, que se convierten en un número que ya puso a “Brazil a encima de tudo”, como prometió Jair Messias Bolsonaro, sigue dando clases de un liderazgo que estamos llamades a derrotar.

“Primero dios y después el pueblo”, suele decir el presidente brasileño que no es digno ni de la literalidad de la frase. No es el único, en América Latina y el Caribe, los mandatarios que dicen “defender la vida” están al frente de políticas de odio y de terror neoliberal que se vuelven en contra de quienes más necesitan de los Estados. Es un representante más de liderazgos que chorrean machismo, racismo y ¿fascismo? apelando al uso de las armas y alimentando un discurso de división que, desde su asunción en enero de 2019, es la base para la destrucción de los derechos conquistados a través de las políticas de los dos gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT).

En el inicio de la década feminista, son las mujeres y las disidencias contruyendo feminismos populares e interseccionales en la región, quienes estarán en la primera línea histórica de demanda por la vida digna, y de lucha por la defensa y el reconocimiento de derechos adeudados. Son quienes en Brasil dijeron #EleNao, resisten en los pueblos indígenas o en las quilombolas o que en las ciudades desafían el abuso policial para gritar en defensa de la democracia, #ForaBolsonaro.

LatFem