Bemberg o Perón: La expropiación – Por Guillermo Daniel Ñañez

Por Guillermo Daniel Ñañez, director de Derechos Humanos de la Municipalidad de Florencio Varela. Profesor en Historia. Especialista Superior en Historia -UTN- 2007. Magíster en Derechos Humanos y Democratización para América Latina -UNSAM- 2012. Periodista. Investigador. Miembro de Historia a Debate. Integrante del Centro de Estudios “Felipe Varela” (N. Galasso). Profesor de la Universidad Nacional “Arturo Jauretche” -UNAJ-.

La expropiación se instaló en los medios. Hacía años que no asistíamos a una forma de poner en duda la propiedad privada (lo ex-propio) para su utilidad pública.

Vicentín es un holding del sector agroalimentario con una posición dominante en el sector exportador que por medio de maniobras fraudulentas estafó a productores, al Estado a través del crédito público y a la banca privada. Este grupo de empresas cree que está bien privatizar los dineros públicos para luego socializar la deuda hacia todo el pueblo argentino.

Cuando se habla de oligarquía, no son pocos los que piensan todavía en los grandes terratenientes agrícolas ganaderos de la Pampa Húmeda de comienzos del siglo pasado. Sin embargo, fueron muchas las empresas industriales que desarrollaron sus negocios con una “pata” en el campo

Para entender este proceso, Eduardo Basualdo la define como una “oligarquía diversificada”, es decir, una oligarquía que “está compuesta por capitales de diferente origen y grado de diversificación económica”, este es el caso de los Bemberg. Porque “Así, estos capitales no se sustentaron sobre una base económica exclusivamente industrial, aunque controlaban múltiples firmas industriales líderes­, sino que tuvieron una destacada presencia en la propiedad y producción agropecuaria pampeana y extra-pampeana, formando parte de los grandes terratenientes, participaron en la exportación de productos primarios y en los negocios financieros de la época e incluso instalaron o adquirieron firmas en otros países del cono sur. Entre ellos se encuentran Bunge & Born, Bemberg y Tornquist”. (Basualdo, 2010, p. 30)

Otto Peter Friedrich Bemberg Drügg nació en Colonia, Alemania el 1° de mayo de 1827. Llegó a la Argentina en 1852, donde estableció una empresa dedicada a la importación de tejidos y exportación de granos. Aquí se casó con María Luisa Ocampo, lo que le permitió expandirse a otras áreas con apoyo de su familia política, encumbrados terratenientes, colonizadores y constructores de caminos y puentes, entre otras empresas.

En 1860 es nombrado vicecónsul en París hasta 1867. Un dato, cuando fallece en Francia, Juan Bautista Alberdi, el 20 de junio de 1884 el cónsul encargado de llevar adelante la última voluntad es Otto Bemberg. Allí establece la base internacional de su familia (con vinculaciones entre Francia y Bélgica) y envía a su hijo, Otto Sebastián Bemberg, a estudiar la especialización en fabricación de cerveza en la Universidad Técnica de Munich.

Antes de partir de Francia, Otto Peter Bemberg  estableció su primera empresa de manufactura, la Cervecería Franco Argentina; su padre, Pedro Bemberg Boulle, era en parte de ascendencia francesa. En París, también estableció la sociedad anónima Argentina Brewing, Inc.

Por encargo de los presidentes Bartolomé Mitre y Nicolás Avellaneda, Bemberg estableció colonias agrícolas en la por entonces prácticamente sin desarrollar  provincia de Santa Fe, una de las más productivas zonas de cultivo del país.

En 1870 comenzó con la destilación de maíz con capitales franceses. Para poner la planta en marcha se trajeron técnicos extranjeros y el lugar elegido fue en Conchitas (Hudson), hoy Berazategui. En 1879, como consecuencia de la llamada “campaña del desierto”, Otto Bemberg se quedó con 50.000 hectáreas de tierras fértiles robadas a los indios.

Corría el año 1888 cuando Otto Sebastián Bemberg estableció, con el apoyo económico de su padre y de Ricardo Wendelstadt, la Brasserie Argentine Sociedad Anónima, con sede en París. Y, dos años más tarde, en 1890 fundó la Cervecería Quilmes en la ciudad homónima de Argentina. Como parte de su diversificación e integración industrial, en 1904 Bemberg participó en la organización y logística de la fábrica Rigolleau, para la fabricación de las botellas, y financió la creación de la compañía de Tramways Buenos Aires-Quilmes, para facilitar el transporte.

El grupo fue adquiriendo su posición dominante al comprar en 1907 la Cerveceria Schlau, fundada en 1872. Luego, la Cervecería Palermo, fundada en 1897 (grupo Tornquist). En 1913, las sociedades del grupo Bemberg (Quilmes, Palermo y Schlau) se fusionaron junto a las cervecerías Germania (disuelta en 1915) y Buenos Aires (disuelta en 1919), creando el consorcio cervecero Unión, que funda la cervecería del Norte en Tucumán. La Primera Guerra Mundial los benefició porque, por un lado, Francia intervino las acciones de Ricardo Wendelstadt a favor de Otto Sebastián Bemberg y, por el otro, debido a que la escasez de malta y de lúpulo de importación trajo aparejada la caída de la producción (Belini, 2008).

Bajo la dirección de Otto Sebastián, Bemberg pone en funcionamiento su dispositivo para tener el monopolio en la fabricación de la malta y el lúpulo fundando la cervecería y Maltería Los Andes y la Primera Maltería Argentina Conchitas (Hudson). Para 1921, adquiere la cervecería San Martin de Bahía Blanca, la cervecería Santa Fe  y la fábrica de gaseosas Bilz (fundada en 1905). En 1931 compra la cervecería Córdoba y en 1939 la cervecería Bella Vista.

Bemberg se había adueñado del mercado cervecero en Argentina.

El conflicto del holding con el Estado Argentino se inició, en realidad, en febrero de 1937 cuando los herederos de Otto Sebastián Bemberg (que había fallecido en 1932) y Josefina Elortondo Armstrong fueron denunciados ante la justicia. La acusación fue por ocultamiento de bienes y evasión. Para eludir el pago del impuesto sucesorio al Consejo Nacional de Educación, habían presentado un escrito en el que declaraban que sus padres habían trasladado su domicilio al extranjero en 1898 y liquidado sus bienes y negocios en el país. Apenas les quedaba -afirmaban-una cuenta bancaria de 658.313 pesos con 34 centavos depositados en el Crédito Industrial y Comercial Argentino (después se comprobaría que el banco mismo era de ellos).

La investigación la emprendió José Luis Torres, el autor del término “Década Infame” con una denuncia implacable contra el grupo: “Es la estructura monumental más audaz levantada por la alta delincuencia financiera en cualquier país organizado y gracias a ella Bemberg pudo triunfar sobre el Estado y afirmar por largo tiempo sobre el mismo una hegemonía que le permitió controlar las finanzas públicas”. (Torres, 1947, p.5).

La denuncia agregaba como antecedente la intervención del grupo en la conversión de la deuda pública de la provincia de Buenos Aires en connivencia con el Ministro de Hacienda, Federico Pinedo. En dicha operación el país había perdido 503 millones de pesos y los Bemberg habían cobrado una comisión de 15 millones.

Para la misma época, Scalabrini Ortiz, explicaba la mentalidad cipaya y proimperialista del señor Bemberg, un millonario argentino que por sus gustos y predilecciones vivía permanentemente en París y que “creía que su destino está más estrechamente emparentado con el de otros grandes banqueros e industriales”. Y comentaba que en su libro “El desquite del oro”, Bemberg proponía que para evitar la guerra entre Inglaterra y Alemania se podía vender a éstos últimos parte del territorio Argentino: “El señor Bemberg resolvía el diferendo con la entrega de su propio país”, sentenciaba irónicamente. (Scalabrini Ortiz, 2009, pp.52-53)

Torres plasmó su denuncia en el libro de 1940 “Algunas maneras de vender la patria: Datos para la autopsia de una política de liquidación”, donde expresa que los Bemberg son un poderoso holding que controla 19 empresas, no solo la cerveza, sino también yerbatales (SAFAC) en Misiones, la popular gaseosa Bilz, la Estancia Santa Rosa, la Algodonera Argentina, hasta el banco Crédito Industrial y Comercial Argentino (CICA). En 1943,  difundió su acusación en un nuevo libro, “Los Perduellis”.

Durante la gestión de Domingo Faustino Sarmiento, el Consejo Nacional de Educación había logrado imponer la Ley 11287 de impuesto a las herencias transversales, destinado a la educación pública, que en su articulado decía que el gravamen “formará parte del tesoro escolar, creado por el artículo 44 de la [ley] 1420, sobre educación común”.

Luego del golpe de 1943 fue nombrado como interventor del Consejo José Ignacio Olmedo, un católico moralizante, y en agosto de 1943 se dictó el decreto 6755 mediante el cual se aclaraba la ley de 1923 incorporando a los bienes gravados, las acciones de sociedades con propiedades locales. Los Bemberg querían pagar $9.000.000 como impuestos sucesorios, pero las investigaciones llegaron a la conclusión que la suma que correspondía era de $91.000.000.

“En abril de 1947 — afirma en su investigación, el historiador Claudio Belini—, el Consejo presentó ante la justicia la liquidación del impuesto por 19.451.454 pesos, a los que se sumaban 33.035.053 pesos por concepto de intereses y una multa de 97 257 274 pesos. En total, los herederos debían abonar unos 140.000.000 de pesos, cifra superior en 18% al total imponible”. (Belini, 2008, pp. 107-108)

Dijo Perón: “Pedí al Ministro que estudiara el asunto e hiciera cumplir la ley […] Las demandas eran de dos caracteres: una, por defraudación al fisco, y otra, por el monopolio. Eran tan abrumadoras las pruebas que ambos juicios, aunque largos y laboriosos, terminaron condenando a la sucesión de Bemberg y ordenando la liquidación de sus bienes en rebeldía, porque todos los Bemberg habían desaparecido del país”. (Perón, 1957, p. 51)

Debido a ello, la Inspección General de Justicia inició un estudio sobre las sociedades del grupo en base a una nueva denuncia formulada por Torres en un pequeño libro de autor, “Últimas etapas de Bemberg”, de 1947, donde solicitó “el retiro de la personería jurídica de las múltiples falsas sociedades anónimas organizadas por Bemberg. (Torres, 1947, p. 5). Esto sucedió el 7 de abril de 1948, cuando se comprobaron las empresas “fantasma” del grupo. El 20 de diciembre de 1949, la Justicia condenó a los Bemberg a pagar una multa de $97.000.000, con fallo confirmado en octubre de 1950 por la Cámara de Apelaciones.

Recordemos que el 22 de febrero de 1947 había entrado en vigor la Ley 12.906 de Represión a los monopolios y trust, que establecía: “El monopolio que se persigue es el que lleva consigo la idea de maniobra o arbitrariedad, con la mira última de obstaculizar la concurrencia para dominar el mercado y lograr ganancias desproporcionadas”.

Aunque los Bemberg intentaron seducir al gobierno con la idea de un “borrón y cuenta nueva”, Perón dio comienzo la liquidación de las empresas mediante el nombramiento de un interventor designado por el Ministerio de Justicia. En 1950 nació la Cervecería y Maltería Argentina,

El grupo respondió produciendo una fuga de capitales hacia Uruguay, lo que aceleró la sanción de la ley 14.122/52 y las empresas fueron absorbidas por la Dirección Nacional de Industrias del Estado (DINIE).

La liquidación de las empresas derivó en una de las medidas económicas más novedosas del peronismo: la venta del monopolio cervecero al sindicato del sector. En el artículo 27 del Presupuesto 1955-1956 dice: “Autorizase al Poder Ejecutivo a, otorgar a las asociaciones profesionales de trabajadores, con personería gremial, que adquieran o promuevan la adquisición de las empresas de propiedad del Estado sometidas al gobierno de la Comisión Administradora Bienes Ley 14.122”.

Perón recordaría años después, que “fue posible que el Sindicato de Cerveceros y afines de la República Argentina, que agrupa a todos los obreros de Bemberg, pudiera comprar las cervecerías y los establecimientos afines, pagando un precio justo, y convirtiéndose en propietarios mediante el sistema cooperativo. Tenemos más cerveza, y es del Pueblo”. (Perón, 1957, p. 51).

Mundo Peronista tituló: “Los trabajadores dueños de su propia riqueza”. La nota agregaba: “Todo era una fiesta, porque el Presidente de la Nación en Quilmes había entregado a los obreros y obreras cerveceras la propiedad y el control de 13 fábricas de cerveza […] El 4 de febrero de 1955 los trabajadores cerveceros detuvieron las máquinas de las fábricas y se hicieron presentes en el Parque Eva Perón de la Villa Argentina, Quilmes”.

En el diario local El Sol del 5 de febrero de 1955 se puede leer: “Cuando el General Perón salía del gimnasio para retirarse, una orquesta formada por músicos cerveceros, ejecutó la marcha ‘Los muchachos peronistas’, dirigida por el maestro Francisco Canaro”.

Ese día y allí mismo se celebraba el 14° Congreso de la Federación de Obreros Cerveceros y Afines. La clausura la hizo el presidente Perón con el Diputado Nacional, Juan Carlos García, Secretario General del gremio, quien exclamó: “¡Ahora, los dueños somos nosotros!”.

En esa oportunidad Perón dijo: “No ha habido un solo argentino que beba o no cerveza, que no haya pagado un tributo a este monopolio; un tributo en dinero o un tributo en dignidad, porque podemos decir que este monopolio representó para el país el símbolo más diabólico de la explotación de un pueblo. Representó también para los poderes públicos el más terrible agente de descomposición y deshonestidad”.

Ya en el exilio, Perón reflexionaba que: “La ‘coima’ es una institución bembergiana. Penetró al Poder Ejecutivo, al Poder Legislativo y al Poder Judicial. No hubo rincón de la administración pública donde Bemberg no llegara con su corrupción” (Perón, 1957, p. 51).

En septiembre de 1955 Perón fue derrocado y los Bemberg, que se habían exiliado, volvieron al país. En mayo de 1957 se conocieron las primeras sentencias de la justicia que, con pocas excepciones, beneficiaron a la familia y a otros accionistas. En total, dieciocho fallos anularon la inclusión de varias empresas en la ley 14.122 o bien declararon inconstitucional esa norma.

En mayo de 1958, la asunción del presidente Arturo Frondizi marcó un cambio importante.  Sin haber agotado las instancias judiciales, el nuevo gobierno optó por el camino del acuerdo extrajudicial con los Bemberg. Esta estrategia estaba orientada a resolver los problemas generados por las nacionalizaciones peronistas y tenía como objetivo alentar el ingreso masivo de capitales extranjeros, que era un aspecto clave de la política de Frondizi. (Belini, 2008, p.126)

En el 2006 el grupo que surgió de la fusión de la compañía brasileña AmBev y la tradicional cervecera belga Interbrew -Anheuser-Busch InBev- (Leuven, Bélgica) adquirió las acciones de la empresa que permanecían en manos de los descendientes del grupo Bemberg, a cambio de 1200 millones de dólares, en lo que constituyó la mayor compra en efectivo de una empresa argentina.

Carlos Miguens Bemberg es MBH (Miguens Bemberg Holdings), grupo empresario que en 2002 adquirió minas que habían sido de Meridian Gold. En 2006 se hizo de Central Puerto y es dueño del 33,9 por ciento de la Sociedad Argentina de Energía S.A. (Sadesa), el resto pertenece a Nicolás Caputo (22%) —amigo íntimo del ex presidente Mauricio Macri—, a Guillermo Reca (22,5%), a la familia Escasany, (13,6%), y a los hermanos Ruete Aguirre (7%). MBH es socio minoritario de Edesur, la compañía energética que cotiza en Wall Street, con un 28 por ciento de las acciones.

Lo único que le faltaba a este grupo era llegar a la industria vitivinícola. En el 2010 compraron las bodegas Peñaflor, de unas 3200 hectáreas, creando la Bemberg Estate Wines, con dirección del CEO Sebastián de Montalembert, en el Valle de Uco, que emplea a más de 2300 personas. El emporio posee en la actualidad a Trapiche, El Esteco, Finca las Moras, Mascota Vineyards, Navarro Correas, Santa Ana, Bodega Suter, Bodega San Telmo, Bodegas La Rosa, La Liga de Enólogos, Trapiche, Fond de Cave, Alma Mora, Elementos, Don David, Michel Torino, Santa Ana, Frizee, Hereford y Termidor.

Revista Mestiza de la Universidad Nacional Arturo Jauretche