Economía Verde: un modelo de desarrollo con inclusión para América latina en la post pandemia – Por María Gabriela Ensinck

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Por María Gabriela Ensinck *

Latinoamérica es la región del mundo más rica en bienes y servicios ambientales, pero también la más desigual. Cuenta con el 23% de bosques tropicales, el 31% de los recursos hídricos y el 70% de la biodiversidad del planeta. También es la región más urbanizada donde el 80% de la población vive en ciudades; y más del 30% son pobres.

En países como Argentina, la pobreza era del 27% en 2015 y, luego de 4 años de gobierno neoliberal, supera hoy el 35%. Lo más dramático es que el 53% de los niños y jóvenes son pobres, según datos de Unicef. Y de acuerdo a un reciente informe de Naciones Unidas sobre el Impacto Socioeconómico y Ambiental del Covid-19, tras la pandemia la pobreza infantil superará el 58%.

Sin duda, la irrupción del Coronavirus, con sus cientos de miles de muertes y una caída sin precedentes de la actividad y el comercio global, puso en jaque al paradigma económico dominante, basado en la explotación de los recursos naturales y las personas, y la acumulacioń de ganancias siderales en manos de unos pocos.

Pero la salida a esta nueva recesión no debe lograrse a costa de aumentar la contaminación y las emisiones de gases de invernadero: o se correrá el riesgo de caer en una crisis climática y ecosistémica mucho más compleja que la provocada por un virus.

Para evitar el colapso, es preciso cambiar las formas de producción y consumo hacia modelos más sustentables, que satisfagan las necesidades actuales sin comprometer las de generaciones futuras.

Esta transformación, lejos de implicar un freno al crecimiento económico y el bienestar, presenta una oportunidad para el desarrollo con equidad y la generación de nuevos empleos verdes en América latina.

Las tecnologías para lograrlo ya están disponibles. Las energías renovables, por caso, son más costo-eficientes que las de origen fósil y además impulsan el crecimiento del empleo y las inversiones en la región.

Nuevos biomateriales, que utilizan insumos naturales y reciclables, reemplazan a materiales convencionales (como el plástico) que resultan contaminantes.

A su vez, las interacciones entre nanotecnología, inteligencia artificial, robótica y otras innovaciones están produciendo nuevos materiales inteligentes, sistemas de energía y remediación de la contaminación ambiental.

La llamada “Economía Circular” donde los desechos se reciclan y vuelven al sistema productivo generando empleo e inclusión social, ayudaría a América Latina a dejar de depender de las industrias extractivas y las prácticas agrícolas que impulsan la deforestación.

Y no se trata de acciones marketineras para mejorar la imagen de empresas y gobiernos ante ciudadanos y consumidores preocupados por el deterioro ambiental. Los mercados internacionales están imponiendo regulaciones ambientales y mecanismos de compensación para evitar que las empresas importen bienes o trasladen su producción hacia países con normativas ambientales laxas.

El fenómeno se conoce como “fuga de carbono” (carbon leakage) y más del 50% de las exportaciones latinoamericanas son sensibles a la aplicación de estos mecanismos compensatorios.

Hoy, desarrollo económico, cuidado ambiental y bienestar social pueden y deben ir de la mano. Es preciso cambiar los modelos de producción y de negocios, y no queda mucho tiempo. Para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los famosos ODS que Naciones Unidas planteó para 2030, gobiernos, sociedades y empresas deben reinventarse.

* Periodista especializada en Sustentabilidad y Negocios. Autora de: “Economía Verde. Innovación y Sustentabilidad en América latina (Editorial Almaluz)


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