El tercer actor y la toma hostil de la política peruana – Por Nicolás Lynch

Por Nicolás Lynch *

A nueve meses de las elecciones generales la derecha pugna por dibujar un escenario electoral a su medida, decidiendo quiénes participan y qué temas se discuten. Sólo quieren neoliberales y nada de disidentes o alternativos sobre el terreno. Ni siquiera la pobre oposición del Congreso de la República es tolerada, lo del equilibrio de poderes que quede para tiempos mejores.

Por ahora yo “rico papá” soy el que manda y no me refiero al presidente de la República o al Poder Ejecutivo que encabeza, ellos también son empleados. Me refiero a “poderoso caballero es don dinero”. Para muestra basta ver los noticieros, se golpea al Congreso sí, de preferencia, pero también al presidente y a los ministros si es el caso. Ha llegado la hora de cuadrarse.

Para asustar han salido varios esqueletos del closet, civiles y militares en retiro, con soluciones copiadas de las dictaduras del cono sur cuarenta o cincuenta años atrás. Su labor es achicar la democracia. No solo Vizcarra se ha olvidado de la reforma política, aliado con los apetitos de corto plazo de los congresistas, también los carcamanes nos anuncian que todas las reformas son comunistas.

En esta situación planteamientos que no sean la defensa a ultranza del modelo neoliberal están prohibidos y todas las derechas han decidido ponerle candado al escenario, junto con la plata de los grandes y los medios amigos que controlan.

Sin embargo, los resultados de la pandemia los condenan. Ya pasamos los diez mil muertos y este sacrificio de peruanos en el altar del neoliberalismo no ha debido suceder. Vizcarra tiene su porción de responsabilidad, pero lo fundamental tiene que ver con el modelo, con la mezquindad año a año de reducir en proporción el gasto social y hacernos cada vez más débiles como país.

No les ha importado esta realidad porque lo fundamental era contar los billetes del crecimiento, aquí o fuera del Perú, no el bienestar que pudieran generar en el país.

En estas condiciones pensar en una alternativa diferente, en un tercer actor más allá de las dos derechas, la DBA y la vizcarrista, parece una ilusión y a la vez una necesidad. Más ilusión todavía si vienen con planteamientos como cambio de modelo o nueva constitución. En este camino, la crisis sanitaria parece que a algunos les ha avivado el cerebro y ahora dicen que propiedad privada es igual a democracia.

De allí a la democracia de propietarios del siglo XVII (la teoría del individualismo posesivo) no hay un paso, esa misma es. Con ello la constitución de 1993, que legisla la democracia de clase de los grandes propietarios, pasa a ser la partida de nacimiento del “Perú moderno”. Estamos entonces avisados, todos los que no hemos juntado varios millones en el bolsillo estamos excluidos. A lo sumo nos toca, si alcanzamos ticket, un humilde papel de espectadores.

Así las cosas, la toma del escenario tiene que ser hostil, en otras palabras, vamos a tener que forzar la entrada desde la movilización popular. Primero, porque estamos en una democracia y no podemos permitir que no nos dejen participar ni tampoco que se abran escenarios paralelos a la izquierda o a la derecha.

Segundo, porque tenemos un planteamiento de salida de la situación en que se encuentra el Perú, que hoy puede tener diversos nombres como cambio de modelo o nueva constitución, pero que se va decantando conforme el tiempo avanza y que estamos obligados, si queremos ser parte de las elecciones de 2021, a llevar adelante.

Por último, el problema del reloj despertador. Parece, digo, que algunos dirigentes de izquierda se han quedado dormidos o quizás, mejor, están durmiendo siesta. Hay necesidad entonces de una chanchita para comprarles un reloj despertador. Digo esto porque la toma hostil va a necesitar agilidad de los que se la propongan y es mejor estar bien despierto para ello. Entonces, hay que moverse. Nada más y nada menos.

* Sociólogo peruano, columnista de La Otra Mirada


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