Escenario político y su impacto para un cuatrienio diferente en República Dominicana – Por Max Montilla, especial para NODAL

Por Max Montilla *

Desde hace varios meses, el escenario político dominicano ha ido subiendo de temperatura entre “dimes y diretes” sobre narcotráfico, corrupción, encuestas fabricadas y ha ido bajando el nivel de las propuestas necesarias para dirigir esta nación postpandemia del COVID-19.

El 2020, nos encuentra sumergidos en una guerra de encuestas políticas y pocas propuestas presidenciales con miras al cuatrienio 2020-2024. Y aunque los candidatos a dirigir los destinos de esta nación son seis, se ha hablado mucho, pero poco se sabe de sus propuestas para el electorado dominicano que decidirá su futuro el próximo 05 de julio.

Este escenario de elecciones se vuelve mas complejo por la pandemia que nos afecta a todos los países por igual, las personas tienen ciertos recelos de ir a votar porque entienden que la aglomeración en la fila para ejercer el sufragio, podría ser un foco de contacto y caldo de cultivo para que se propague el virus. Y aunque, algunos de los candidatos handotado a sus respectivos equipos con mascarillas y gel antibacterial para que sean entregadas ese día, los electores aun miran con cierto desdén, el ir a votar.

Y es que, comprender la realidad sociopolítica de una nación se convierte en un punto de apoyo para realizar cualquier inversión, las elecciones de este 05 de julio, sin sobresaltos,  nos brindan la oportunidad de atraer nuevamente el turismo, la remesas y la inversión extranjera a la República Dominicana, quien es vista como un lugar para invertir, ante la estabilidad política que proyecta la isla hasta el momento.

Las elecciones nacionales de juliode este año definirán en nuestro país quién será el nuevo presidente, situación que implicará un nuevo gobierno, ya sea que gane la oposición o se quede el partido oficial, aunque los sondeos en estos momentos no le favorecen mucho al candidato del oficialismo, tendremos un presidente distinto al actual, todo esto sin contar hasta el momento con una segunda vuelta electoral, que traería más incertidumbres sobre los posibles inversionistas que están esperando que pase el proceso electoral. El acontecimiento electoral por venir, previsiblemente tendría efectos sobre la economía, dado el nuevo escenario político.

Desde el 1996 hacia acá, los procesos electorales se han desarrollado en un ambiente de un bipartidismo puro, con la excepción de la regla en las elecciones del 2000, en donde participaron tres candidatos por igual número de partidos y el ganador en primera vuelta tuvo que contar con la gracia del resto de los candidatos para que no se realzara la segunda vuelta electoral, al no alcanzar el mínimo requerido. Cabe destacar que para obtener la victoria en primera vuelta es con un 50.0% más un voto para ganar.

Ahora nos abocamos a un escenario multipartidista, donde tres tienen altas expectativas de ganar en primera vuelta conformado de la siguiente manera: El PRM,  un partido nuevo y viejo a la vez, porque la gran mayoría de sus dirigentes militaron en el PRD, otro partido reciente como la Fuerza del Pueblo, un PLD dividido y con un gobierno ya gastado por sus más de 16 años de manera ininterrumpida son los que encabezan las simpatías del electorado, sin embargo, no debe de confundirse los números de las encuestas con los votos duros del día de las elecciones, pues lo decía Max Weber: “en la medida en que la manera más común de acceder a los cargos públicos en una democracia es a través de elecciones, el fin de los partidos es fundamentalmente conseguir votos para lograr tal acceso”.

Paradoja de la vida, ese partido que encabeza las encuestas, fue el mismo que “arrasó” en las elecciones municipales, obteniendo más del 40.46% frente al partido gobernante que solo pudo conseguir el 33.66% de los sufragios del 15 de marzo de este mismo año.

Como dijo Julio César«La suerte está echada» (alea iactaest)al cruzar el Rubicón con sus legiones, nos encaminamos a nuestra fiesta electoral, solo esperando que quienes salgan victoriosos, puedan celebrar de manera objetiva y quienes no salgan agraciados por el voto de la mayoría, sepan respetar al soberano que habrá hablado en las urnas.

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