Juan Guaidó, dirigente opositor venezolano: “Siempre está la opción del uso de la fuerza”

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“Venezuela es un refugio para el narcotráfico y el terrorismo”: Juan Guaidó

Por Luis Carlos Vélez

Luis Carlos Vélez: ¿Se le acabó la gasolina a Juan Guaidó?

Juan Guaidó: No, eso sería decir que se le acabó la gasolina al pueblo de Venezuela. Nosotros mantenemos el ejercicio de la mayoría, el respaldo internacional y la intención clara de producir una transición que tiene que ver con las fuerzas armadas y con el ejercicio de la mayoría en la pandemia. Ha sido muy complejo en el último trimestre, pero el momento de la democracia no pierde movilidad.

L.C.V.: El más reciente estudio de análisis de datos habla de una desaprobación del 76 por ciento para Nicolás Maduro y cerca de 61 por ciento para su actuación. ¿Por qué esos números son tan malos para usted?

J.G.: Ahí hay un elemento muy claro en Venezuela, y es una frustración con que Maduro continúe en el poder. Evidentemente, mi gestión va a ser evaluada por lograr una transición en Venezuela. Y es un hecho que Maduro continúa usurpando funciones a pesar de la fuerza diplomática que hemos desarrollado, del respaldo y el apoyo popular, de la construcción de una alternativa de país, de Gobierno y de región. Hoy tenemos que entender el momento que están atravesando los venezolanos: en una pandemia, en una crisis dictatorial y en la opresión.

L.C.V.: ¿Esto qué significa?

J.G.: La encuesta más reciente de convivencia nacional, que se hace de manera anual, dio que hoy un 92 por ciento de los venezolanos vive en la pobreza. En 2019 e inicios de 2020 tuvimos una movilización severa, muy fuerte. Hay una frustración porque Maduro sigue en el poder, pero con la necesidad urgente de cambio que tiene hoy Venezuela.

L.C.V.: Pero básicamente porque usted no ha logrado el fin de la llamada usurpación, como lo prometió… ¿Por qué no ha ocurrido?

J.G.: Hay varios elementos. Lo primero es a lo que nos enfrentamos, que es narcotráfico, terrorismo y una corrupción sin precedentes en el continente y en el mundo; estamos hablando de 400.000 millones de dólares; estamos hablando del secuestro institucional; de que hay cubanos en el diseño político; estamos hablando de que prefieren importar gasolina de Irán, sin relacionarse con Brasil, Colombia o la región y llegar a un acuerdo político de transición con garantías para todas las partes. Adicionalmente, hace falta terminar de ejecutar las piezas. ¿Cómo logramos una transición exitosa? Con la unión y la unidad de todos los factores: movilización interna e internacional. Los puentes que hay que generar con sectores que deben dejar de soportar la dictadura. Hemos visto decisiones de todos ellos. Luisa Ortega Díaz, Cristopher Figuera, Miguel Rodríguez Torres, en el caso de quienes han dejado de soportar al régimen. Movilizaciones numerosísimas en los últimos 12 años y la presión internacional. Pero la dictadura ha preferido convertir a Venezuela en un refugio para el narcotráfico y el terrorismo, para las disidencias de las Farc y del ELN, y financiar de manera directa e indirecta la explotación del oro en el Amazonas venezolano. Esto en cambio de lograr un acuerdo político que han pedido muchos países y organizaciones del mundo. Una de nuestras constantes luchas es comunicar de manera efectiva lo que sucede en Venezuela sin la tergiversación de la dictadura.

L.C.V.: Hablemos de esta tergiversación. Se empieza a sentir, especialmente en Europa, el mensaje de que en Venezuela no hay una dictadura y de que hay gente que quiere a Maduro. ¿Por qué de un momento a otro dejó de llegar el mensaje sobre los abusos de Venezuela?

J.G.: Hay un tema clave, que es la comunicación. Nuestra única comunicación es la acción política. Nosotros no tenemos canales de televisión en Venezuela. No hay canales libres, no hay radios, no hay periódicos. Más de 200 radios han cerrado operaciones, más de 70 medios han cerrado por distintas razones; semanarios, diarios, etcétera. Nuestra acción política ha sido movilizaciones constantes, por ejemplo cuando intentaron tomar de manera militar y paramilitar el Parlamento nacional. En medio de la pandemia ha sido muy difícil convocar a manifestaciones políticas, a pesar de que mayo de 2019 fue el mes de mayores protestas en los últimos 20 años en Venezuela. Pero lo que no podemos hacer es normalizar esta situación, con el 90 por ciento de los hogares sin agua, o que no haya gasolina en Venezuela. Fíjese, hoy Colombia está extrayendo más del doble o el triple de crudo que Venezuela; hay 400 presos políticos; tortura, en fin. Lo que hay es un aparato que tenemos que vencer en medio de una pandemia. El régimen de Maduro es una dictadura con vínculos con el terrorismo y el narcotráfico, y esto ha afectado también a los colombianos. Son más de 1.700.000 venezolanos en Colombia. El que colocó la bomba el año pasado en la Escuela de Cadetes fue entrenado en Venezuela. La segunda crisis de refugiados más grande del planeta después de Siria la tenemos nosotros; la emergencia sanitaria más grande del mundo… En Venezuela hoy estamos en guerra en contra de un Estado secuestrado.

L.C.V.: Habla usted de entrenamiento terrorista en Venezuela para acciones en Colombia, ¿de dónde viene el dinero para financiar esas acciones y esas campañas de desinformación?

J.G.: De lo que le queda de las reservas nacionales, de la explotación indiscriminada, ilegal y salvaje del Amazonas venezolano, que ha desplazado a 20.000 indígenas y destruido esa región. De ahí sacan oro, diamantes, coltán e, incluso, uranio. Ahí hay un flujo importante de caja que proviene sin control y va directamente a grupos irregulares, y también del narcotráfico. Pero aunque es mucho, nada de esto se compara con la que fue en su mejor momento la producción petrolera. Nosotros producíamos 3 millones de barriles al día. Eran 400 millones de dólares al día. El flujo de caja de Chávez fue lo que permitió que se mantuviera en el poder. Hoy queda un margen de 700.000 y 400.000 barriles al día que exporta la dictadura.

L.C.V.: ¿Quién le compra ese coltán, el oro y los minerales a Maduro?

J.G.: La mayoría se va en el contrabando. Parte de nuestra lucha en viajes por Europa ha sido categorizar ese oro como oro de sangre, porque genera trata de personas, desplazamiento de aborígenes, violencia. Hemos logrado frenar un poco esto, pero es especialmente de los vuelos privados de contrabando que salen desde Venezuela.

L.C.V.: Eso nos lleva inevitablemente a quien se le señala de ser el mayor lavador de Maduro. ¿Cuál es su posición frente a Álex Saab?

J.G.: Hay un proceso judicial en curso en Cabo Verde y dos investigaciones en Estados Unidos y Colombia. Nuestra esperanza como venezolanos es que se haga justicia y no vamos a interferir. Está señalado de corrupción y lavado de dinero. Esperamos que se haga justicia.

L.C.V.: ¿Tienen información de vínculos de Saab con políticos colombianos?

J.G.: Sí, pero yo quisiera que sea la justicia la que lo determine. La investigación es muy amplia por todos los países en donde tuvo operaciones, pero que hable la justicia.

L.C.V.: En el libro recientemente publicado de John Bolton, el exasesor de seguridad de Trump, hay un capítulo en el que afirma que no se pudo hacer nada más con Venezuela porque no hubo continuidad de Estados Unidos. ¿Washington abandonó la línea dura que inicialmente tenía?

J.G.: La administración del presidente Trump ha sido muy contundente. El respaldo, el reconocimiento a nosotros y la judicialización del régimen de Maduro son concretas y constantes. Hemos visto la investigación penal que se le lleva actualmente a Maduro por narcotráfico, y cómo se está realizando uno de los operativos más grandes del Caribe en contra del tráfico de drogas. Maduro tiene una de las sanciones más altas en la historia de los Estados Unidos. Todas estas decisiones hablan claramente de la evolución que ha tenido este proceso y de cómo enfrentarlos en el futuro.

L.C.V.: ¿Cómo recibió usted el hecho de que Trump haya dado luces de reunirse con Maduro?

J.G.: En la Asamblea General de la ONU en 2018 hubo un rumor sobre un posible cruce entre el presidente Trump y Maduro. Eso no se dio. Una declaración inmediata del presidente Trump aclaró que dicha reunión solo sería posible para salir de Maduro.

L.C.V.: ¿Tiene usted un canal de comunicación no formal o backchannel con el Gobierno de Maduro?

J.G.: Lo único que hicimos recientemente fue un acuerdo gracias a la OPS para poder hacer un donativo con el fin de robustecer el ejercicio en terreno. Hay una vulnerabilidad increíble del sistema de salud. En Venezuela no hay 300 respiradores. Producto de eso logramos sencillamente que el régimen aceptara una donación que hicimos nosotros a la OPS.

L.C.V.: ¿Cuál puede ser la verdadera cifra de contagios y muertes por covid-19 en Venezuela?

J.G.: Hoy el régimen ya reconoce más de 7.000 contagiados. La cuarentena no ha funcionado del todo, especialmente por la escasez de agua. La principal recomendación de la OMS es lavarse las manos y en el 90 por ciento de los hogares en Venezuela no hay agua. Hay venezolanos que se tienen que trasladar kilómetros para llevar agua a sus casas. La cifra nunca la vamos a poder saber porque no hay capacidad de pruebas. Mientras los hospitales colapsaron en el estado Zulia, hay pacientes que se han escapado. No hay barreras de protección adecuadas para atender a los pacientes. Estamos en una zona oscura con respecto a las cifras por la incapacidad de la dictadura, y para lo que han servido es para aumentar el control social. Han dado soluciones militares y policiales a una pandemia que tiene soluciones científicas y médicas de cara a la ciudadanía.

L.C.V.: ¿Cómo están sus relaciones con el resto de la oposición?

J.G.: Positivas. Siempre hay debate por la aproximación de la solución, no por el cometido. No podemos confundir debate con resquebrajamiento. Todos estamos de acuerdo con la necesidad de una instalación de un Gobierno legítimo y unas elecciones libres, justas y verificables. Aquí el gran debate, y que no es solamente de los venezolanos, es en la táctica, en el ejercicio. Cómo acercarnos a presionar de manera más eficiente al régimen para que esto desencadene una elección presidencial libre, justa y verificable.

L.C.V.: ¿Han cambiado las relaciones con Colombia desde la llegada de la canciller Claudia Blum?

J.G.: Con el presidente Duque hemos tenido relaciones muy satisfactorias. El presidente ha tenido una posición muy valiente. Hay que destacar su posición y la de su administración. Nosotros estamos convencidos de que sin democracia en Venezuela, va a ser muy complejo finalizar el proceso de paz, o como lo llama el presidente, de paz y de justicia en Colombia.

L.C.V.: Hay algunos sectores que dicen que en Venezuela no va a pasar nada si Colombia no actúa militarmente. ¿Usted qué les responde?

J.G.: En Venezuela ha pasado y está pasando mucho, y tiene que ver con el apoyo de los países vecinos. Va a ser necesario el apoyo diplomático de Brasil, Colombia, Estados Unidos, Paraguay, entre otros. La reconstrucción de Venezuela va a ser clave, y siempre está la opción del uso de la fuerza. Toda la región tiene claro cuál es el costo social que representa Maduro en el rico potencial del narcotráfico, el terrorismo y perturbación interna en varios procesos políticos en los países. Ya lo hemos visto en Argentina y con el financiamiento de partidos en Bolivia, en Nicaragua, incluso en Europa. Se debe hablar de una solución integral de la crisis en Suramérica y en Venezuela.

L.C.V.: ¿Y en lo militar?

J.G.: No estoy descartando nada. Todas las alternativas son posibles. Cada país podrá agotar en su debate interno las posibilidades. En el caso de Colombia, lo que más le conviene es que regrese la democracia a Venezuela muy pronto.

L.C.V.: Pero qué le responden en Colombia cuando usted habla de ayuda multidimensional, incluyendo lo militar…

J.G.: La respuesta ha sido muy clara, y es que es una ayuda desinteresada, política y diplomática para el cerco diplomático al que ha llamado el presidente Duque.

L.C.V.: Entonces se lo pregunto de otra manera: ¿se puede salir de Maduro sin intervención militar?

J.G.: La intervención militar no tiene que ser necesariamente internacional. Sí va a ser necesaria la presencia de los militares en la transición de Venezuela. Más allá de la tensión política o del uso de la fuerza que se puede generar desde el exterior, hemos visto resultados de la DEA en el Caribe con la interceptación de avionetas que tenían miles de toneladas provenientes de Venezuela. La opción militar debe partir del reconocimiento de los militares, de sus necesidades y su participación, para luego mancomunar fuerzas con el fin de presionar a la dictadura y llegar a una solución al conflicto que logre gobernabilidad y estabilidad.

L.C.V.: ¿Cómo hace usted para ser presidente interino sin el apoyo de los militares?

J.G.: Es el reto que tenemos hoy en el país para poder ejercer funciones. Padrino dijo recientemente que la oposición nunca tomaría el poder político en el país. Imagínate que en Colombia el general de más alto rango haga esa declaración. Debería estar inmediatamente destituido; eso es lo que está pasando en Venezuela, pero no con todos los miembros de las fuerzas militares. En Venezuela hay casi 2.000 generales. 54 por ciento de los cargos de administración pública los ejercen militares de alto rango, incluyendo generales. Esa es la única herramienta de la dictadura para mantenerse, y por eso no los sacamos del discurso, para tener garantías en la propuesta de solución.

L.C.V.: Después del intento de los mercenarios de ingresar a Venezuela quedó rebotando la pregunta de si usted ha estado fraguando un golpe armado que surja desde territorio colombiano…

J.G.: Nuestra lucha siempre ha sido constitucional. Esta dictadura ha desatado el costo social, político, económico más grande de la historia de América Latina. Nosotros en todo momento hemos privilegiado una solución por vía constitucional, que va a requerir de los militares venezolanos para poder traicionar a la dictadura. Esa operación reciente solamente benefició a la dictadura y fue financiada por la dictadura, como lo reveló un informe internacional, con un testaferro muy cercano a Diosdado Cabello.

L.C.V.: ¿Qué va a hacer con los activos en oro que le liberó el Banco de Inglaterra?

J.G.: Protegerlos. El desespero de la dictadura es que se gastaron todo en corrupción. Ese dinero es del pueblo venezolano y por el momento lo vamos a proteger.

L.C.V.: ¿Usted cree que a Colombia alguna vez le pueda pasar lo que le pasó a Venezuela?

J.G.: Hay un riesgo en todos los países de Latinoamérica por la fragilidad institucional y el populismo. La participación de los jóvenes en política y los contrapesos naturales al poder son una tarea constante en nuestros países por la fragilidad institucional en casos recientes como Odebrecht. Es un deber frenar la tentación totalitaria de parte de todos los ciudadanos, los guardianes de los derechos humanos y de las instituciones.

L.C.V.: ¿Usted ve algún populista en potencia en Colombia?

J.G.: Yo creo que los he expuesto y los pueden ver los colombianos. Los que hoy no señalan todo lo que pasa en Venezuela, los que se adscriben por solidaridad automática, está claro que tienen simpatía con el totalitarismo y con el populismo tangible.

L.C.V.: Denos un nombre…

J.G.: En el caso de Colombia, el que ha mostrado más simpatía por Maduro ha sido Gustavo Petro.

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