Nos prefieren muertxs – Revista Crisis, Ecuador

Foto: Juan Diego Montenegro/dpa
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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

A más de cuatro meses de declararse la emergencia sanitaria y renovarse el estado de excepción en el territorio ecuatoriano por tercera vez consecutiva, el manejo de la pandemia, y sus implicaciones en las vidas del pueblo, adquieren dinámicas con consecuencias nunca antes vistas. La autoridad máxima frente a la pandemia es, por supuesto, el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) Nacional y la Ministra y casi vicepresidenta María Paula Romo. Si bien la cara oficial del manejo de la emergencia la dan funcionarixs públicxs, detrás se encuentra impulsado por los sectores empresariales, los cuales han presionado implacablemente para relajar las medidas de confinamiento y distanciamiento social. Claramente no ha habido ninguna reactivación económica, y las cifras de contagios y muertes alarman. Más vidas que se lleva el gran capital.

Hasta el momento se registran más de 12.000 contagios en Quito de los casi 80.000 casos contabilizados de forma oficial en el Ecuador desde el inicio de la pandemia. A más de un mes de ser declarado el semáforo amarillo el 3 de junio pasado por la Ministra Romo, la capital ha sobrepasado a Guayaquil en cifras oficiales de contagio. Al mismo tiempo, según datos de una investigación del Financial Times, Guayaquil consta como el centro urbano con más muertes por Covid-19 a nivel mundial en proporción a su población, con más de 22.000 fallecimientos durante la pandemia. El gobierno se esmera en declarar que “lo que se vivió en Guayaquil no se repetirá”; sin embargo, tan solo entre el 13 y el 19 de julio (6 días) fueron retirados al menos 43 cadáveres extrahospitalarios en la capital.

En cuanto al levantamiento de cadáveres extrahospitalarios en Quito, se contabilizaron 99 del 4 de abril al 3 de julio. En cambio, desde el 3 de junio, cuando a la capital se le impuso el cambio a semáforo amarillo, se registraron 137 levantamientos de cadáveres en las mismas condiciones. Quito registra un exceso en la tasa de mortalidad en el mes de julio, que alcanza la dolorosa y alarmante cifra de 87 muertes por día. Según datos del Observatorio Social del Ecuador, desde el inicio de la pandemia el exceso de muertes en el Ecuador, alcanza a 25.000 respecto al año 2019. Al mismo tiempo, esta cifra no se corrobora de manera oficial, ya que el gobierno no pone a disposición el número adecuado de pruebas. El informe mencionado recalca que la tasa de mortalidad por cada 100.000 habitantes se encontraría en 31,1. Sin embargo, al tomar en cuenta el exceso de fallecimientos, el Ecuador constaría con 50,5 muertes por cada 100.000 habitantes.

Las élites políticas y empresariales del Ecuador se entretienen en un juego macabro con las vidas del pueblo: el exterminio. Al incitar de forma activa y directa una nueva ola de contagios, cuyas consecuencias en términos de vidas humanas aún no se pueden estimar, esto se convierte en una guerra directa en contra de las vidas del pueblo, una (mala) suerte de limpieza social. Una vez más, estas élites posicionan intereses del mercado por sobre la vida. Nos encontramos frente a un escenario que permite prever una eugenesia de clase, materializada mediante una práctica social a gran escala que resulta en una matanza en contra de la clase trabajadora. Esta última es considerada como el ejército de reserva para la acumulación de capital, reemplazable fácilmente una vez que enferme y muera. Para el capital, nuestras vidas no son más que una mera pieza o componente obsoleto e intercambiable a la discreción de la burguesía. María Paula Romo, en calidad de Directora del COE Nacional y representante de las élites del país, es el rostro que deberá responsabilizarse por los picos de contagios y muertes.

El capitalismo salvaje nos deja morir por medio de la “mano invisible” del mercado, anteponiendo una reactivación productiva a una economía que ya se encontraba en un estado deplorable, al cuidado y sostén de la vida. Según los últimos datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) del 15 de julio pasado, se estima una contracción del PIB del Ecuador en un 9 %, un 0,1% por debajo de la estimación regional. Con estas cifras, el Gobierno Nacional y la clase empresarial prefieren intentar recuperar un escenario de estancamiento y recesión que se perfila como irreversible -el cual seguirá manteniéndose en negativo- a cambio de un número de vidas humanas que hasta el momento resulta incalculable e inadmisible.

En estas condiciones que nos impone el capital, la lucha de clases adquiere nuevas aristas y dimensiones frente la pandemia del Covid-19. Se dejará morir a las personas que son consideradas desechables, en nombre de la economía. Ningún desinfectante ni antibacterial será suficiente para que las élites políticas y económicas se laven las manos de lxs muertxs. Nos prefieren muertxs, como política de exterminio en contra del pueblo. Nos encontrarán organizadxs y cuidando la vida, resistiendo a esta nueva masacre orquestada por las élites políticas y empresariales.

Revista Crisis


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