República Dominicana: entre virus y despojo de corona – Por Rafael Álvarez De los Santos, especial para NODAL

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Por Rafael Álvarez De los Santos *

Describir la realidad sociopolítica de mi país en un contexto de pandemia en las limitadas posibilidades de un artículo, me resulta particularmente difícil pues, tendré que apretujar las ideas para que no les resulta deliberadamente cansón ni árida su lectura.

Podría comenzar diciendo que, más que vivir una experiencia llevadera esta campaña electoral ha sido un trauma, con unas elecciones suspendidas y otras aplazadas. Un discurso político irrelevante, ofertas gastadas y la explotación de la dignidad con repartos de migajas a cambio de lealtades prestadas.

Todo esto en medio de una pandemia que condiciona molestosamente nuestra vida y libertad. Es importante acudir al contexto para que entendamos de cuáles polvos nos vienen estos lodos mancillando con una gélida sonrisa la esperanza.

Todo comenzó en octubre de este mismo año cuando el Partido de la Liberación Dominicana, que cumplirá 16 años de forma ininterrumpida en el poder, celebró sus elecciones primarias para escoger el candidato presidencial que habría de representarles en las elecciones de mayo.  Desde antes se cernía sobre ese partido un conflicto de poder entre sus dos principales líderes: Leonel Fernández, presidente del Partido y ex presidente del país por tres períodos y Danilo Medina Sánchez, actual presidente de la República.

Sus diatribas despuntaron como un filo de un puñal ensangrentado en una madeja de acusaciones que jamás pensamos ver. Pasada las primarias Danilo Medina logró imponer su candidato, pero Leonel Fernández no aceptó los resultados y acusó a su propio partido de hacerle un fraude dado el estrecho margen con que ganó Gonzalo Castillo, delfín del actual Presidente.

No me detendré mucho a teorizar sobre esta tragicomedia, pues me basta con el tormento que ella misma ha provocado. Solo señalaré que, una vez consumado el resultado de que Leonel Fernández había perdido las primarias este se dedicó a enfrentar en cuerpo y alma su antiguo partido y decidió formar tienda aparte creando un nuevo partido llamado la Fuerza del Pueblo.

El primer enfrentamiento de los antiguos compañeros se llevaría a cabo en las elecciones municipales de febrero del 2020. Pero resulta que una serie de fallas técnicas hicieron suspender dichas elecciones y esta vez la denuncia de fraude que había pregonado Leonel en las primarias de octubre también fue asumida por los partidos de oposición quienes acusaron al partido oficialista de intentar perpetrar otro fraude.

A partir de ese momento entró el mar. La sociedad se indignó y salió a las calles a protestar en contra del interés de socavar el único espacio de expresión que tiene la ciudadanía que son las elecciones. La gente se agolpó frente a la Junta Central Electoral exigiendo una respuesta intentando escarbar entre los escombros de unas elecciones malogradas.

Quienes allí asistieron fueron jóvenes que pasaron a engrosar las estadísticas de la impotencia, la desilusión, entendiendo la realidad como espejos rotos donde se miran tantos jóvenes, residuos de una sociedad infame que los seduce para votar, pero que transgrede los resultados de su voluntad. Esta vez los jóvenes, como decimos en buen dominicano “no cogieron esa”.

En medio del barullo se logró reasignar nueva fecha para las elecciones municipales y sería en el mes de marzo, lo que a su vez hizo que se movieran las elecciones presidenciales y congresuales para este próximo cinco de julio.

En estas elecciones de marzo se produjo la primera estocada al partido oficialista pues la oposición ganó la mayoría de los municipios del país y los más importantes. Como iba la situación todo parecía indicar que sucedería lo mismo en las elecciones presidenciales y congresuales de julio, pero apareció en el escenario un visitante que nadie esperaba: el Covid-19.

Para el PLD era un escenario de oro pues la pandemia era lo que necesitaban por varias razones: a) podían cambiar la imagen de un candidato que no subía en las encuestas y cuya principal debilidad es sus limitaciones para comunicar con claridad sus ideas, así que podían venderlo como una persona que no le gusta hablar, sino hacer y b) trae el clientelismo a la campaña. De manera que todo parecía ser el escenario ideal.

Por otro lado, colocó a la oposición en una situación de desventaja porque en términos de recursos no puede competir con el Estado y la crisis sanitaria siempre será un tema sensible que en una estrategia de campaña hay que cuidar como manejarlo. El gobierno delegó responsabilidades en su candidato con el firme propósito de hacerlo crecer, pero aparentemente no ha sido así.

A su vez el Covid-19 trajo consigo otra realidad y fue el cambio en las estrategias de la campaña. Las campañas electorales que se realizan en América Latina y el Caribe tienen como principal elemento las actividades multitudinarias como las caravanas porque son la manera de mostrar fortaleza al presentar a la ciudadanía la avalancha de seguidores lo que a su vez crea una percepción favorable en el electorado, sobre todo en los indecisos y generalmente las encuestas eran importantes, pero no tenían la principal relevancia en una campaña.

Con la pandemia todo cambió, se imposibilitó el mano a mano, el contacto con la gente, la demostración de fuerzas por la vía de las actividades multitudinarias y esas estrategias se mudaron a las redes sociales azuzando un debate con un amplio contenido de agresión verbal. Como no se podía mostrar fortaleza por la vía de las campañas físicas se sustituyó por las encuestas estableciéndose un record de encuestas en el país con más de veinte.

Esto trajo como agravante que la gente estuviera más pendiente de las encuestas que de las propuestas, por esa razón entiendo que se realizará un voto poco crítico pues se votará en contra de, no a favor de… y eso es importante que lo tomen en cuenta el partido que hasta ahora se perfila como ganador de este certamen. Lo que se vio en la movilización de los y las jóvenes no era un movimiento que exclusivamente cuestionaba al poder del gobierno, sino al sistema político en sí haciéndoles saber habrá una población vigilante de lo que hagan pues no se quiere repetir la historia que hoy se desdeña.

¿Cree usted en los milagros?, pues le contaré uno. Resulta que el gobierno aprovechó la ocasión para declarar varios estados de emergencia, invirtió toda una fortuna procurando sacar provecho político, la suma asciende a más de 107 mil millones de pesos dominicanos, el candidato oficialista tuvo todas las facilidades para transportar personas de otros países que estaban varadas y ha regalado hasta productos de belleza. Ahora les contaré el milagro: resulta que, pese a todo eso, las encuestas han presentado un panorama desolador para el oficialismo porque la oposición subió casi 12 puntos porcentuales y el candidato oficial apenas 4. Incluso hay encuestas que presentan una diferencia de hasta veinte puntos porcentuales.

¿Por qué pienso que ha sucedido eso? En el sentido lógico era imposible que un candidato haya invertido tanto sin tener los resultados que se esperaban, incluso quienes hacemos opinión sosteníamos la idea de que habría segunda vuelta y parece que no será así.

Pienso que en ese resultado se reflejan varias razones:

  1. El 62% de los votantes que componen el padrón electoral son jóvenes de menos de 35 años. Como dije anteriormente fueron jóvenes quienes asumieron la protesta ante lo que pareció un intento de fraude, sobre todo jóvenes de clase media y alta que han crecido bajo los gobiernos del PLD y que sienten ya se impone un cambio.
  2. El desgaste natural que sobreviene a un partido después de durar tanto tiempo en el poder de forma ininterrumpida.
  3. La división del partido donde una gran cantidad de líderes y simpatizantes de Leonel Fernández decidieron seguirle hacia su nuevo partido.
  4. Un historial de corrupción en donde los principales líderes hoy exhiben fortunas que no pueden justificar, esto ligado a escándalos como Odebrecht que reveló haber dado 92 millones de dólares en sobornos, y un rosario de hechos que solo de eso podríamos hacer varios artículos.

 

Por último, pienso que la historia que nos ha tocado vivir es traumática y también toca a los demás partidos del sistema. Por eso en la protesta de los jóvenes no se mencionaba exclusivamente al Partido de turno, sino a todos. La lucha es por el fin de la impunidad sin importar a qué partido haya pertenecido nadie. De hecho, pidieron que ningún líder político asistiera.

En esas concentraciones la resistencia y la voluntad de detener la impunidad vistieron las calles de voces y pasos que reclamaban el derecho a la dignidad del pueblo. Diluido en ese mar inmenso de rabia y esperanza se encontraba la decisión de un pueblo mancillado, molesto y harto.

Las calles fueron surcos de esperanza de un pueblo que experimenta el cansancio de las diatribas horrendas de los políticos, el maltrato de un sistema económico que cada día ve crecer sus riquezas mientras el pueblo se conforma con las migajas de los planes sociales. Una sociedad jugando a inventar el alba y a reinventar los colores de un arcoíris opacado por la corrupción y la impunidad.

Ese accionar de los y las jóvenes fue como paloma que te entrega una orquídea perfumada con el olor de la esperanza y de los sueños, un infinito brote de locura y poesía porque el cerebro se vuelve más creativo cuando se ilusiona, cuando el amor se vuelve patria y ancla sus remos en el corazón de las personas sin voz, pero con ganas de decir.

Al son de los latidos de una ciudad enferma se escuchó un mar embravecido que salía a unas calles decoradas por la inmensidad de piel de distintos colores.

Si algo nos enseñaron los y las jóvenes es que, ante los problemas que nos agobian siempre es posible la esperanza y el clamor por la justicia porque en cualquier escenario de la vida lo terrible es la indiferencia y lo preocupante es el olvido.

*Politólogo y escritor.
Mis redes sociales @aprendoconrafael en Facebook e Instagram.


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