Amazonía: mientras aumentan los incendios y científicos piden proteger la región, Brasil analiza reducir metas de preservación

Foto: Víctor Moriyama- Greenpeace
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Gobierno brasileño analiza reducir sus metas de preservación de la Amazonía

El Ministerio de Medio Ambiente de Brasil confirmó, este martes, que ha sugerido reducir las metas de corto plazo para la preservación de la Amazonía, aunque sin alterar la previsión de acabar con la deforestación ilegal para 2030.

“Brasil tiene una meta de reducción de 100 % de la deforestación ilegal en 2030 y está mantenida”, pero “las metas intermedias deben reflejar los programas que se implementarán en los próximos diez años para alcanzar ese total”, indicó el ministerio en una nota oficial.

Aportó la explicación luego que el diario O Estado de Sao Paulo revelara un documento del Ministerio del Medio Ambiente en el que se propone “no considerar” los objetivos ya trazados de reducir los incendios y la desforestación ilegales en la región amazónica en 90% para 2023.

La meta inalcanzable

De acuerdo con el documento, “esa meta no podrá ser alcanzada” pues aún resulta necesario terminar de definir e implementar los programas que permitirán concretarla, los cuales se negocian con los Gobiernos regionales de los estados de la región amazónica.

La propuesta del Ministerio de Medio Ambiente todavía no está adoptada por el Gobierno, pero sí ha encontrado algunas resistencias en otros despachos, como la influyente cartera de Economía.

La nueva polémica sobre las metas de deforestación ha surgido en medio de la renovada preocupación por el aumento de los incendios y la tala de árboles en el mayor pulmón vegetal del planeta, que el año pasado alcanzó los niveles más graves en diez años y provocó una alarma generalizada en el mundo.

Los problemas no cesan en la Amazonía

De acuerdo con los últimos datos oficiales, en junio pasado se detectaron en la Amazonía brasileña 6 mil 803 focos de incendio, frente a los 5 mil 318 focos registrados en el mismo mes de 2019.

Ello ha ocurrido a pesar de que, desde hace más de cuatro meses, en la región están desplegados unos 4 mil soldados de las Fuerzas Armadas con la misión de combatir crímenes medioambientales, como la tala de árboles y la minería ilegal.

El Gobierno también ha prohibido temporalmente la utilización de fuego para preparar los campos de siembra, práctica tradicional usada hasta por las poblaciones indígenas.

Esas medidas no han terminado de convencer a organizaciones de defensa del medio ambiente y tampoco a grandes inversores globales, que han llegado a amenazar con revisar sus posiciones en Brasil si el Gobierno no garantiza la protección del bioma amazónico.

El Carabobeño


Incendios en la Amazonia brasileña aumentaron 28% en julio

La cantidad de incendios forestales en la Amazonía brasileña subió el mes pasado un 28 por ciento respecto a julio de 2019, según datos satelitales divulgados el sábado, alimentando los temores de que la selva tropical más grande del mundo volverá a ser devastada por incendios este año.

El instituto espacial nacional de Brasil, el INPE, identificó 6.803 incendios en la región amazónica en julio de 2020, frente a los 5.318 registrados el año previo. Solo el 30 de julio, los satélites detectaron 1.007 conflagraciones en la Amazonia, señaló el INPE, el peor día de este mes desde 2005, resaltó el grupo ambientalista Greenpeace.

La cifra es aún más preocupante para los investigadores debido a que 2019 ya fue un año devastador para la región del Amazonas, lo que provocó protestas a nivel internacional.

Debido a ello han crecido las presiones sobre Brasil, gobernado por el ultraconservador Jair Bolsonaro y poseedor de alrededor del 60% de la Amazonía, para que haga más con el cometido de proteger a esta gigantesca floresta, a la cual los científicos consideran vital para contener el impacto del cambio climático.

Limpieza de tierras de forma ilegal

Los incendios han proliferado en gran medida para limpiar tierras de forma ilegal para explotar la agricultura, la ganadería y la minería.

Activistas ambientales acusan a Bolsonaro, un escéptico del cambio climático, de alentar la deforestación con llamados a abrir la selva tropical a la actividad agrícola y la industria.

“Más de 1.000 incendios en un solo día es un récord de 15 años y muestra que la estrategia del gobierno de realizar operaciones de espectáculo mediático no está funcionando en el terreno”, dijo el portavoz de Greenpeace Brasil, Romulo Batista, en un comunicado.

Bolsonaro movilizó a militares para combatir los incendios, pero los ecologistas creen que no aplica medidas de fondo para atacar las causas de los incendios y la deforestación.

Llamas en el Pantanal

El difícil panorama se ha registrado también en el Pantanal brasileño, un santuario de la biodiversidad situado al sur de la Amazonia, que tuvo el pero mes en materia de incendios desde el inicio de los registros en 1998, una dramática situación combatida desde hace días por una operación de las Fuerzas Armadas.

Los satélites del INPE detectaron 1.669 focos de incendio, más del triple que los 494 detectados en el mismo periodo del año pasado, según los datos disponibles este viernes. Desde que empezaron las mediciones hace más de 20 años, el peor mes de julio había sido el de 2005, con 1.259 focos de incendio.

Los números muestran una preocupante continuidad de la tendencia de 2019, cuando los incendios en uno de los mayores humedales del planeta, en una región situada principalmente en el sudoeste de Brasil y compartida con Bolivia y Paraguay, ya se habían multiplicado por seis en relación al año anterior.

Entre enero y el 31 de julio de este año se registraron en esa vasta llanura, inundada durante la temporada húmeda y que alberga numerosas especies animales, un total de 4.203 focos. La cifra representa un aumento del 201% en relación al mismo periodo del año pasado.

Semana


No solo la Amazonía se quema: fuego devora el Pantanal brasileño, de los mayores humedales del mundo

Las llamas devoran desde hace días el municipio de Poconé, en el interior del estado de Mato Grosso (centro-oeste de Brasil, fronterizo con Bolivia), una pesadilla para los bomberos que trabajan incluso de noche con la ayuda de cuadrillas de civiles.

En concreto, lo que se está quemando es el Pantanal brasileño, un santuario de la biodiversidad que está situado al sur de a Amazonía y que, actualmente, enfrenta los peores incendios de los últimos años.

“Estamos con una gran demanda. Un incendio forestal de grandes proporciones. Hace diez días que los estamos combatiendo”, explicó a la AFP el bombero Adrison Parques de Aguilar, en una operación nocturna del fin de semana.

Causas

Los datos satelitales del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) revelan la magnitud del desastre en el considerado uno de los mayores humedales del planeta, compartido por Brasil, Bolivia y Paraguay.

Solo en julio se detectaron 1.684 focos de incendio, el peor registro para ese mes desde que empezaron las mediciones hace más de dos décadas.

Muchos son consecuencia de una temporada extremadamente seca, con escasa lluvia, que dejó poca inundación y mucha área expuesta al fuego.

Otros son producto de las tradicionales “queimadas”, incendios provocados por los hacendados a modo de despejar tierra para cultivo o para la formación de pasto para el ganado, que terminan saliéndose de control.

Todo ocurre pese a que este mes el gobierno prohibió el uso del fuego en la agricultura de selva por 120 días.

Jaguares y anacondas

Decenas de columnas de humo emergen sin tregua de la extensa llanura de arbustos que flanquea la Transpantaneira, una carretera que atraviesa enormes haciendas ganaderas y posadas turísticas.

“En este incendio ya se quemaron 50.000 hectáreas. La pérdida es muy grande, la fauna y la flora de aquí se vio muy perjudicada en este período, causando daños irreparables al medio ambiente”, explica el bombero, mientras dispara chorros desde su mochila de agua.

Los bomberos avanzan entre los arbustos para apagar las llamas o dar con algún foco subterráneo, que quema lentamente sin llamas la vegetación acumulada en el subsuelo.

Van en fila, con el último integrante armado con una escopeta calibre 28 para defenderse de eventuales ataques del jaguar del Pantanal, el mayor felino de América con un peso de hasta 200 kilos, considerado en peligro de extinción.

Esta riquísima reserva de la biósfera reconocida por la Unesco alberga cientos de especies, entre ellas la anaconda amarilla, el jabirú o tuyuyu (el ave símbolo del Pantanal) o la nutria gigante.

Al hacendado Antônio Santana Correia Marques le preocupan las consecuencias que el humo intenso pueda dejar en la salud de su mujer y su nieto, con quienes vive.

“Es por la temporada seca. ¿Cuántos meses hace que no llueve? Está muy seco, no hubo inundación. El Pantanal necesita lluvia y no llueve”, dijo a la AFP.

Una preocupación que se acrecienta con la pandemia del nuevo coronavirus, que hasta junio había sido relativamente clemente con esta región de Brasil, el segundo país con más contagios y muertos del mundo.

Pero las curvas subieron vertiginosamente en Mato Grosso desde entonces, superando las medias nacionales por millón de habitantes.

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Más de 150 científicos se unen para preservar la Amazonia

a magnitud de los incendios del año pasado en la Amazonia de Brasil y Bolivia propició que una treintena de expertos de los países panamazónicos (Brasil, Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela, Guyana, Surinam y Guyana Francesa), se reunieran en septiembre para elaborar el Marco Científico para Salvar la Amazonía.

“Este sirvió de insumo para el sínodo sobre la región que convocó el papa Francisco”, dijo Germán Poveda, científico colombiano e integrante del comité de dirección científica del Panel Científico por la Amazonía, grupo que surgió a raíz de este encuentro y que se dio a conocer la semana pasada.

El Panel Científico por la Amazonia está elaborando una evaluación que será la revisión más exhaustiva del estado del pulmón del planeta.

El reporte está divido en tres partes. “En la primera vamos a explicar cómo funciona la Amazonia: su geología, su biodiversidad”, dijo a DW Andrea Encalada, de la Universidad de San Francisco, en Ecuador, y copresidenta del panel. “La segunda es de los efectos que tenemos los seres humanos sobre este ecosistema”, agregó.

La última parte incluye soluciones. Así, “el reporte pretende ayudar a generar la toma de decisiones basadas en información técnica y científica oportuna y actualizada”, apuntó el boliviano Daniel Larrea, coordinador del grupo Gentes de la Amazonia.

Una visión amplia y diversa de la Amazonia en declive

Compuesto por 160 expertos en ciencias naturales y humanas, y con balance de género, “muchos de los capítulos contarán con participación de líderes de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca del Amazonas”, agregó Larrea. “Sus percepciones son clave para entender los procesos socioambientales que ocurren en la Amazonia y encontrar soluciones consensuadas para el futuro de la región”, aseguró.

Aunque la evaluación se publicará en marzo de 2021, “vamos a tener una primera versión la segunda semana de septiembre”, avanzó la copresidenta. No obstante, los entrevistados coinciden en que la situación actual es crítica. “Ya se ha se desforestado más de 17 por ciento de su bosque natural y los estudios indican que si se pasa de una deforestación de 25 por ciento, la Amazonia se podría convertir en una sabana”, alertó Poveda.

Una realidad que ya acecha en la parte sur, desde Bolivia hasta el océano Atlántico, donde “la duración de la estación seca ya ha aumentado de tres a cuatro semanas en áreas fuertemente deforestadas y es alrededor de tres grados más cálida durante esta estación seca”, explicó el brasileño Carlos Nobre, copresidente del panel. Además “el bosque también está perdiendo lentamente su capacidad de eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera”, agregó.

Los expertos alertan que si se alcanza el fatídico porcentaje, será un punto de no retorno que “perturbaría no solo el clima de Sudamérica, si no del planeta”, alertó Poveda. “Por eso hay que detener la deforestación ya”, reclamó, reconociendo la dificultad que ello implica por los “grandes intereses económicos involucrados”.

La ampliación de la frontera agrícola y ganadera, así como la minería, son algunas de las causas de la deforestación en la Amazonia

Detener la deforestación

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, anunció días atrás la prohibición de usar fuego durante la estación seca en el sur y este de la Amazonia. “Es necesario verificar la efectividad de estas medidas”, consideró Nobre, agregando que “la ciencia moderna ya ha demostrado que no es necesario usar fuego para una agricultura eficiente”.

No obstante, “los llanos de Moxos y la Chiquitania son las zonas en la Amazonia boliviana que experimentan fuegos todos los años. Es una mezcla entre el fuego como un elemento natural que forma parte de la ecología de estos ecosistemas, junto con su uso mal planificado que ha provocado incendios forestales en gran magnitud”, lamentó Larrea.

Por ello, Encalada abogó por “moratorias de deforestación”. Además de esta acción, los científicos también reclaman acabar con los cambios de uso de tierra. “El principal producto de la Amazonia exportado a Europa es soja, utilizada como alimento para animales”, recordó Nobre. No obstante, “el 76 por ciento de la carne producida en la Amazonia brasileña se consume en Brasil. Así, el consumo responsable de brasileños, europeos, chinos sería uno de los frenos más importantes a la destrucción de la selva amazónica”.

Bioeconomía para conseguir vivir en armonía

“No queremos quedarnos solo en la parte de la denuncia, sino que queremos proponer un paradigma de desarrollo nuevo basado en la bioeconomía”, subrayó Poveda. Por ello, los científicos lanzarán una serie de propuestas en la parte final de la evaluación “que se puedan aplicar a nivel de gobierno, que tengan una incidencia política”, recalcó Encalada.

“La bioeconomía ha sido propuesta como una alternativa para la diversificación productiva y el agregado de valor al aprovechamiento de productos del bosque, productos agrícolas, incluso la agroindustria”, recordó Larrea, apuntando algunas experiencias en su país, como la recolección de castaña y la cosecha de asaí de varias comunidades campesinas e indígenas que habitan la Amazonia boliviana.

Nuevos medicamentos, cosméticos, edulcorantes y productos de la bioingeniería son algunas de las joyas que ofrece la riqueza del capital natural de los países amazónicos y que se presentan como la tabla de salvación para su preservación.

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