Y la educación ambiental… ¿para cuándo? – Por Pablo Sessano, especial para NODAL

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Por Pablo Sessano *

Desde que el presidente Alberto Fernández hiciera público su alineamiento con la visión del Papa Francisco y que el ministro de Ambiente dijera públicamente que gobernarían con la Encíclica bajo el brazo, una nueva esperanza se abría para la siempre postergada institucionalizan de la Educación Ambiental (EA) una deuda que los gobiernos argentinos tienen con la sociedad hace muchos años y que paradójicamente el último gobierno neoliberal intentó saldar pero alineado con las lógicas de la economía verde, que significa profundizar el productivismo, incrementando el extractivismo, el recurso a la tecnología, el consumismo y entregando la gestión ambiental y la educación al mercado. Hace años nos preguntamos si una EA bajo estas premisas puede considerarse EA.

Hay que asumir que la EA se ha convertido en un problema político de primer orden. Porque, ya lo dijo el Papa, las practicas productivistas, la sociedad de consumo, la urbanización extrema, la convalidación de la riqueza extrema y la injusticia social y ambiental propias del modelo social y económico vigente conducen a la degradación social y natural, de lo cual se sigue reconocer que la educación que acompaño este modelo es equivocada y se impone transformarla en sus fundamentos mismos; un proyecto incómodo, políticamente incorrecto con altos costos para los gobiernos progresistas que se prefiere eludir. Prueba de ello fue la tristemente celebre historia de los manuales de EA que un grupo de educadores del Ministerio de Ambiente durante el gobierno de Cristina Fernández realizara como parte de la Estrategia Nacional de EA. Un material excelente pero con un enfoque demasiado incómodo incluso para ese gobierno, que sucumbió a la influencia explícita del poder corporativo minero y sojero y censuró un material que hubiese sido un extraordinario avance en la institucionalización de la EA en el país. Justo es decir que fue el Ministerio de Ambiente el que llevó siempre el liderazgo en esa empresa persistentemente trunca que es la EA. Y que el Ministerio de Educación duerme en el conformismo de los llamados “contenidos ambientales” introducidos paradójicamente durante otro gobierno neoliberal, el de Menem, que apenas configuran un salpicado de temas inconexos en la currícula y poco aportan a comprender la compleja red de fenómenos naturales, sociales, económicos, ecológicos y éticos que representa la crisis ambiental y a alertar sobre la trágica realidad planetaria, social y cognitiva que atraviesa el planeta.

La cuestión es que desde los posicionamientos adoptados por el actual presidente y su ministro de ambiente, coherentes con su preocupación por el futuro y respondiendo a la demanda por la EA explicita en la propuesta Ambiental de campaña del Frente de Todos, la esperanza ha vuelto, pero todavía no sabemos si derivará en la instauración de un marco de actuación propicio al cambio de conciencia, que tanto reclaman los jóvenes también en la Argentina. Innegable es que la tarea corresponde a dos ministerios al menos y que uno sigue aún sin reaccionar.

En febrero de 2020 justo antes del inicio de la pandemia, en el actual Ministerio de Ambiente, los ministros de esa cartera Juan Cabandie y de educación Nicolás Trota, hicieron publico un proyecto que el ejecutivo nacional adoptaría como propio y presentaría al Congreso. El proyecto era el mismo que se originó en el bloque del Frente para la Victoria de la Comisión de Educación del Congreso en 2015 y que obtuvo media sanción, para caer un año después como consecuencia de las maniobras dilatorias del oficialismo de entonces y sus aliados en el Consejo Federal de Medio Ambiente y la apatía conveniente de la mayoría de los senadores. Toda una saga que revela hasta que punto la EA es un problema político. Aquel proyecto recogía el espíritu y el enfoque que reverenciara alrededor del 2006 el compromiso asumido por el gremio docente con el tema más algunos aportes de otros proyectos presentados durante los 15 años transcurridos.

El proyecto, que en rigor eleva al rango de Ley la Estrategia Nacional de EA ha tenido varios cambios, como consecuencia de la consulta realizada con varios sectores considerados estratégicos en el proceso de arribar a un proyecto consensuado. Algunos de esos cambios retrotraen el enfoque a nociones y posiciones convencionales y desactualizadas en relación con la crisis ambiental y las necesidades educativas que plantea y con el avance conceptual que ha habido en el propio campo de la EA, sobre todo en perspectiva latinoamericana. Pero el afán consensuador que propugna razonablemente el presidente, condujo a este resultado que en la perspectiva de tan larga postergación resulta satisfactorio. La exclusión de un presupuesto específico que garantice la acción compromete sin embargo la eficacia de la norma, lo mismo que la exclusión de los gremios docentes sujetos estratégicos de la EA.

Lo que preocupa ahora de cara a la posible concreción de una política de EA en el país, es la persistencia del Ministerio de Educación en mantenerse al margen de un compromiso efectivo con el tema en la política educativa nacional. La EA y la Ley que la ordene como política de Estado son temas de la gestión ambiental nacional como de la educación publica. Es una ley de educación que involucra directa y necesariamente la gestión ambiental y por ello también es ley de gestión. A esta altura sobra decir que sin la articulación eficaz entre esas áreas la EA redunda en fracaso.

En Argentina la carga del emprendimiento ha sido siempre asumida por el área de gestión del ambiente, que con las carencias y debilidades pedagógicas propias de un área cuyas competencias principales son otras, hace el mayor esfuerzo posible para poner en valor la EA y comprometiéndose en saldar una deuda urgente que tan transparente se ha revelado con la pandemia. En la web del Ministerio de Ambiente un tímido e imperfecto avance muestra su compromiso de siempre. Contrariamente en el área educativa, pese a la voluntad manifestada desde la Secretaría de Educación de generar un área específica, un equipo de trabajo y considerar la EA una de las políticas principales y estratégicas de la educación nacional, el rol sigue vacante incluso el proyecto se ha retrasado anodinamente en su paso por ese Ministerio, en cuya pagina web la EA ni figura. Tal vez tengamos una ley para la EA muy pronto, pero siendo lógico pensar que instaurar una especie de Educación Ambiental Integral (semejante a la ESI) seria urgente, la pregunta por el compromiso institucional educativo frente a la crisis y la política ambiental, sigue vigente. La pregunta es, toda vez que 30 años o menos es el plazo que todos los diagnósticos auguran como límite para transformar nuestro modo de habitar el mundo y nuestra posibilidad de arribar a una mayor justicia social y ambiental y dado que la mayoría de la población se educa en el sistema educativo publico ¿este no tiene nada que que decir, hacer y aportar al proyecto educativo nacional en este sentido?!

* Educador ambiental. Diplomado Internacional en Transformación Educativa. Master en Eco auditorías y Planificación Empresarial del Medio Ambiente. Especialista en Gestión Ambiental Metropolitana y políticas públicas ambientales.


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