Allende murió, pero no se fue de Chile – Por Pedro Santander, especial para NODAL

Foto: Mario Ruiz / EFE
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Por Pedro Santander *

Cada cierto tiempo vuelvo a Allende. No sólo ahora que se cumplen 50 años de su triunfo como primer presidente marxista del mundo elegido en una democracia liberal, para construir el socialismo.

Lo hago de diversas formas. A veces leo discursos suyos, otras los veo en YouTube, a veces miro con atención entrevistas que le hicieran personajes como Roberto Rosselini, Joan Garcés o el periodista y amigo suyo Augusto “Perro” Olivares quien moriría con Allende en La Moneda. Me conmueve especialmente la entrevista queel “Perro”le hiciera a Fidel y a Allende en el jardín de la casa de éste último. Tuve, además, la suerte de conocer la historia, relatada por uno de sus protagonistas, de cómo compañeros argentinos lograron, más de 30 años después, ubicar y rescatar ese material audiovisual inédito en México, perdido hasta entonces.

Cada cierto tiempo vuelvo a Allende. Lo hago con el corazón y la razón, desde ese 11 de septiembre de 1973 cuando siendo pequeño ví en el salón de nuestra casa llorar a mi madre, repitiendo una y otra vez “mataron a Allende, mataron a Allende, mataron a Allende”. Lo hice después siendo joven para armarme de valor en la resistencia a la dictadura, inspirándome en su ejemplo de combate y coraje. Y lo hago también ahora que el Chile postpinochetistaestalló gracias a la Rebelión de Octubre, que cambió el rumbo neoliberal que en este país parecía sólidamente enrielado.

Durante estos últimos 11 meses de extensa e intensa movilización social que vivimos, ha sido muy común ver tres símbolos y tres banderas en las jornadas de protesta: la chilena, la mapuche y la de Allende. Mientras los partidos de la transición a la democracia, como el Partido Socialista, languidecen mustiamente y no tienen cabida en las marchas o concentraciones populares, la figura de Allende se fortalece y vuelve al espacio público, no al de los medios, sino al de la ciudadanía: la calle, las sedes de ollas comunes, las paredes de la ciudad o los stickers de WhatApp y Telegram.

Escribo desde Valparaíso, la ciudad que vio crecer a Allende. Acá estudió la secundaria, se comenzó a formar políticamente al alero del italianoJuan De Marchi, carpintero y zapatero anarquista que lo introdujo en las ideas libertarias e igualitarias. Por Valparaíso fue senador y en el cerro que vivo, algo más arriba de mi casa, siempre hay un mural con el rostro de Allende que mágicamente se renueva cada ciertos meses, y nunca he podido saber quiénes lo hacen.

En esta ciudad-puerto a veces he vuelto a escuchar el último discurso de Allende. Lo hago pocas veces porque me conmueve y no quedo bien. Y esa afirmación suya de que “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”, tantas veces me pareció equivocada ala luz del Chile neoliberal que se construyó ….hasta que Chile estalló un 18 de octubre de 2019 y las banderas con su rostro comenzaron a generar un imparable movimiento popular impugnador de la herencia golpista.

Hace justo 50 años, cuando Allende ganó las elecciones presidenciales un 4 de septiembre de 1970, se inició una nueva etapa en el proceso social chileno. Hoy, medio siglo después, hombres y mujeres estamos superando “el momento amargo y gris en que se impuso la traición para construir una sociedad mejor”.

Cuando afirmó Allende que eso ocurriría “más temprano que tarde”, tal vez fuimos muy impacientes y olvidamos que los tiempos de la historia no son los de nuestra impaciencia, aunque la historia sea nuestra.

* Docente de la carrera de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso e integrante del Movimiento Mueve América Latina.


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