Danza de cifras y encuesta de hogares sobre consumo de coca en Perú – Por Hugo Cabieses Cubas

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Hugo Cabieses Cubas *

Hace un mes escribí en OtraMirada sobre el falso debate en relación con las cifras de cultivos de coca en el Perú1 , danza en la que Devida y la Cancillería peruana se enfrentaron a la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca de los Estados Unidos (ONDCP por si sigla en inglés)2 que habían publicado cifras elevadas de extensión de cultivos y fabricación de cocaína.

Que conozcamos, aún no hay respuesta de la ONDCP o esta es secreta, pero las diferencias entre unas y otras fuentes antidrogas también se ha dado casi todos los años en Bolivia y Colombia lo que ha motivado airados debates al respecto3.

La tirria de Washington

La satanización de Washington contra el gobierno de Evo Morales en Bolivia, justificaba que todos los años la oficina de drogas de la Casa Blanca publicara cifras mayores que las fuentes bolivianas, para así justificar la no “certificación” de este gobierno por supuestamente no ser colaborador en la lucha contra las drogas. Ello, pese a que los cultivos de coca y el tráfico ilícito de drogas en Bolivia, fueron puestos a raya por el gobierno de Morales, que incluyó acciones de erradicación de coca: entre 2006 que Morales asumió el cargo y 2019 cuando fue expulsado por golpe de estado cívico militar se erradicaron 120,681 Has. de cultivos de coca4.

En el caso de Colombia, la diferencia entre unas cifras y otras, siempre abismalmente más altas las de la Casa Blanca en relación a las oficiales de Colombia, encuentran una explicación en la política de presión contra las conversaciones de paz con las FARC, que se desarrollaron durante los dos gobiernos de Santos y también en la exigencia de reiniciar las fumigaciones, consideradas por el gobierno estadounidense como la “bala de plata” contra la oferta de drogas.

Devida ha informado que las cifras oficiales sobre cultivos lícitos y con fines ilícitos de coca se publicarán en octubre del 2020, en el marco del Sistema de Información para la Lucha Contra las Drogas (SISCOD)5de Devida construido con el apoyo de Unión Europea y el acompañamiento metodológico de UNODC. Dicen que “materializando el modelo peruano para el monitoreo de cultivos ilícitos y de cocaína, así como información histórica detallada a nivel distrital”.

Lo real es que la “danza de las cifras” continúa, el fracaso de la lucha contra las drogas también y me quedo con lo que escribiera a fines del 2018 sobre este tema6: “NO son las cifras sino la política y estrategia errada que se impulsa desde hace décadas en el Perú y los países andinos.” ¿Qué hacer frente a un problema tan complejo con cifras tan dispares y estrategias que no funcionan?

Que hacer

Sigo sosteniendo, junto con otros profesionales y en el acompañamiento durante años a los representantes de los agricultores cocaleros en Perú, Bolivia y Colombia, que la estrategia ofertista – el problema es la oferta y no la demanda por drogas -, la guerra contra las drogas con la erradicación/fumigación de cultivos como “bala de plata”, la represión/penalización pura y dura, el “desarrollo alternativo” que no es uno ni lo otro y la satanización de los cultivos y el uso ancestral de la hoja de coca, está totalmente equivocada7.

Abogo desde hace años que debe diseñarse e impulsarse a nivel nacional e internacional una Estrategia Integral de Reducción de Daños (EIRD), que significa evaluar seriamente las políticas impulsadas hasta ahora, revisar los tratados internacionales sobre drogas – especialmente aunque no sólo lo relativo a la ubicación de la hoja de coca en la Lista 1 de estupefacientes -, desechar la satanización mundial que existe contra consumidores y productores respetando a los que las producen y consumen tradicionalmente o por razones culturales y promover los cambios necesarios para ello en las políticas nacionales e internacionales. Una estrategia de este tipo implica:

1. Por el lado de la producción, impulsar con los agricultores y autoridades locales estrategias participativas de Desarrollo Rural Integral Sostenibles y Sustentables, con Coca (DRIS-C) que combatan la pobreza, construyan institucionalidad local y gremial y permitan que las familias campesinas construyan culturas productivas diferentes a la mono producción de plantas con fines ilícitos, la coca entre ellas. Con este enfoque, la disminución de cultivos con fines ilícitos – sin erradicación y sin fumigación química o biológica – será una consecuencia del DRIS-C y no precondición para ello.
2. Por el lado del tráfico, esta estrategia significa combatir de verdad los eslabones intermedios de la cadena del TID es decir a los cabecillas de las bandas, firmas y cárteles, a los traficantes de insumos químicos y a los funcionarios y empresarios financieros de cuello blanco o uniforme verde que permiten el “lavado” de dinero y activos.
3. Finalmente, por el lado del consumo, significa concebir el problema como médico-sanitario y aplicar políticas de prevención educativa e informativa, no confusa y satanizadora del tipo “coca igual corrupción y violencia” o “a la droga dile no”, así como políticas de rehabilitación de usuarios con métodos terapéuticos de sustitución e integración social del paciente. La única justificación de mercado para este exceso de producción de hoja de coca, es la existencia de un amplio mercado ilegal de consumo de cocaína, principalmente en los países del norte, aunque no únicamente.

* Economista, licenciado en la Universidad del Pacífico, ex Viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales (2011), ex asesor parlamentario (2016-2017 y 2019), investigador del Instituto para el Desarrollo y la Paz Amazónica, activista del Foro Social Pan Amazónico FOSPA.


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