Perú: Deconstrucción de la conjura – Por Víctor Caballero Martín

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Víctor Caballero Martín *

No hay nada más recomendable que leer siempre a Nicolás Maquiavelo. Nadie como él entendió la endemoniada naturaleza de la que están hechas las personas cercanas al poder, o que aspiran a hacerse de él por las malas.  Leer sobre las conjuras me ha permitido entender este amago de golpe de estado que un grupo de conjurados quiso llevar a cabo, sin éxito, claro está. 

 No hay nada qué hacer, para chambones y advenedizos no hay quien gane a los parlamentarios y los intrigantes políticos (aprendices, mejor decir) que merodean el Congreso de la República. No se quedan atrás los ex congresistas perdedores del Congreso cerrado por el presidente Vizcarra, y los grupos de poder que fueron desaforados del poder político; como era de esperar, aquéllos, buscaron por todos los medios vengarse del causante de sus males.

El presidente Vizcarra, quien cerró el Congreso, convocó a un referéndum y nuevas elecciones congresales e introdujo cambios para reformar el sistema político ya desprestigiado. No entendieron – ni quisieron entender – que el causante de sus pesares fueron ellos mismos con sus tropelías en el Congreso y su torpe afán de aprovecharse de su condición de mayoría congresal y desde ahí creer que eran dueños del poder político del país.

Torpes en su afán de vacar a Vizcarra y recuperar el poder Ejecutivo, trabajaron por organizar una conjura contra él y poner como presidente al presidente del Congreso de la República, Manuel Merino.

Hicieron todo mal; desconocieron todo lo que un buen manual de conjura establece para vacar o asesinar un presidente. Experiencias hay muchas, la historia está llena de ellas; escritos sobre conjuras hay bastante, pero de todas, la mejor, la insuperable es la recomendación de Maquiavelo hace más de 500 años respecto de la conjura, de cómo llevarla a cabo y/o cómo develarla, si fuera conveniente al príncipe.

La conjura

La definición de conjura según el Diccionario de la Lengua es una “Conspiración, compromiso de varias personas con el fin de deponer el poder establecido o de actuar en contra de alguien”.

La conjura es una práctica muy antigua en la historia de la humanidad. Es más, no hay consejero político o asesor del poder político que advierta a su Rey, Príncipe o Presidente de las conjuras del que pueda ser objeto. De ellos, del Consejero Supremo, tenemos que recordar a don Nicolás Maquiavelo, quien escribió un manual: “De las conjuras”1 para uso del príncipe, en la que analiza, de manera brillante y concisa, los males que le puede acarrear las conjuras que le acechan.

He aquí, un breve resumen de lo que debe tomar en cuenta el príncipe (los subrayados son míos):

  • “No he querido dejar a un lado la discusión sobre las conjuras, siendo tan peligrosa para los príncipes y los particulares, pues vemos que por su causa han perdido la vida y el estado más príncipes que en la guerra abierta.” (página 7).
  • “Poder hacer la guerra abiertamente a un príncipe es algo reservado a unos pocos, mientras que cualquiera tiene posibilidades de forjar una conjura contra él” (página 7)
  • Una de las causas de la conjura es el ser odiado, “porque el príncipe que se ha atraído este odio general, es de suponer que haya ofendido más gravemente a algunas personas particulares, que desearan vengarse de él” (página 8).
  • “Los peligros que existen en las conjuras son… muy grandes, y se extienden a todas sus fases, pues se corre el peligro al tramarlas al ponerlas en ejecución y después de haberla ejecutado” (página 10).
  • “Todas las conjuras han sido fraguadas por hombres nobles o íntimos del príncipe porque los otros no se conjurarán, si no se han vuelto locos, ya que los hombres débiles y que no están en el entorno del príncipe carecen de toda esperanza y de toda facilidad para llevarla a buen término” (página 11).
  • “Los que forjan las conjuras suelen ser hombres importantes o familiares del príncipe, y muchos de ellos lo hacen movidos tanto por el exceso de beneficios como por el exceso de injurias.” (página 12).
  • “Un príncipe que quiera estar a salvo de las conjuras debe, pues, temer más aquellos a quienes ha complacido demasiado que a los que han recibido demasiadas injurias: porque a éstos les falta la facilidad, que a los otros les sobra, y además su determinación no es tan firme, porque el deseo de mando es mayor que el de venganza” (página 13).
  • Hasta acá, Maquiavelo explica el porqué de las conjuras. Nótese esta observación: los que forjan las conjuras suelen ser hombres importantes o familiares del príncipe”, y la razón es el “exceso de beneficio o el exceso de injurias”. Bueno, después de escuchar los audios de la secretaria personal del presidente Vizcarra, no hay duda de que la conjura vino de su entorno, aliados de los hombres importantes que ya conocemos.

Ahora, conviene detenernos a analizar sus recomendaciones para evitar las conjuras.

  • Las conjuras tienen tres momentos peligrosos: antes de llegar a los hechos, en la acción propiamente dicha y después de ella.
  • Afirmo que es necesario ser muy prudente y tener mucha suerte para que, al preparar la conjura, no se descubra, y puede ser descubierta por delación o por conjetura. La delación se produce. La delación se produce cuando los hombres a los que comunicas tus propósitos son poco fiables o pocos prudentes”. (Página 14).
  • Se descubren por imprudencia cuando un conjurado habla de ello con poca cautela, y un siervo o una tercera persona escucha todo. En el caso del descubrimiento por conjetura Maquiavelo pone un ejemplo: “cuando uno de los conjurados, el día anterior al señalado para matar a Nerón, hizo testamento, ordenó a su liberto que afilase su viejo puñal y mandó preparar vendas para curar heridas; el liberto, por supuesto avisó a Nerón.
  • El grupo de conjurados debe ser reducido. Maquiavelo afirma que “es imposible evitar que la conjura pueda descubrirse, por malicia, por imprudencia o por ligereza, en cuanto los que están en el secreto son más de tres o cuatro.
  • Para evitar peligros en la ejecución de la conjura, Maquiavelo recomienda los siguientes “remedios”: “El primero y más seguro de ellos, por no decir el único, es no dar tiempo a los conjurados para que te acusen, y comunicarles tus planes cuando los vayas a poner en práctica, no antes. Los que obran así, eliminan la mayoría de los peligros que se producen al organizar la trama, y logran un final feliz…
  • “Repito pues, que nunca se debe comunicar el propósito si no es necesario, y siempre en el momento de los hechos; pero si a pesar de todo se lo quieres contar a alguien, cuéntaselo a uno solo, del que estés absolutamente seguro… pues si te acusan siempre podrás oponer alguna defensa, mientras no haya pruebas escritas de tu culpa, y por eso hay que tener cuidado con lo que se escribe. (Página 19)

Añade Maquiavelo: “En cuanto a los peligros que se corren al poner en práctica las conspiraciones, suceden o por un cambio de planes, o porque flaquea el ánimo de los ejecutores, o por algún error imprudente de éstos, o por no rematar la empresa, quedando con vida algunos de los estaba previsto asesinar”. (Página 22).

“Estos inconvenientes a la hora de poner en práctica el plan nacen de la poca prudencia o del escaso valor pues ambas cosas turban, y, en esa confusión, se hace y se dice lo que no se debe.” (Páginas 24).

“si conspirar contra un príncipe ya es cosa dudosa, peligrosa y poco prudente, hacerlo contra dos es algo totalmente inútil e irreflexivo.” (Página 25)

“…sobre los peligros que se producen después de los hechos, que se reducen a uno: que quede alguien dispuesto a vengar al príncipe muerto…Pero de todos los peligros a que te puedes enfrentar después de la ejecución, el peor y el más temible de todos se produce cuando el pueblo es amigo del príncipe asesinado, porque estos no puedes remediarlo de ningún modo, ni hay manera de que puedas ponerte a salvo” (páginas 28 – 29).

“Los príncipes no tienen, pues mayor enemigo que la conjura, pues es algo que los mata o los desprestigia. Porque si sale bien, mueren, y si es descubierta y castigan a los conjurados, siempre se piensa que todo ha sido un invento del príncipe para desahogar su avaricia y su crueldad con la vida y los bienes de los ajusticiados.” (Página 33)

No quiero, sin embargo, dejar de advertir al príncipe o la república contra los que se haya conspirado que, cuando descubran una conjura, tengan mucho cuidado, antes de castigarla, de enterarse bien de todas sus circunstancias y de medir la calidad de los conjurados, y si encuentran que es grande y poderoso, no la desenmascaren hasta que estén dispuestos a aplastarla con fuerzas suficientes, pues si obra de otra manera, verán su propia ruina” (página 33)

“En las ejecuciones – concluye Maquiavelo – no existe peligro alguno, porque el muerto no puede pensar en la venganza…”

Los conjurados criollos

Por lo visto y escuchado de la conjura contra Vizcarra, ni los conjurados han seguido las pautas establecidas hace más de 500 años por Maquiavelo, ni Vizcarra se ha percatado de la naturaleza humana de su círculo más íntimo, que es de dónde se fraguó la conjura.

Los conspiradores, como se sabe, actuaron chambonamente: complotaron a vista de todos, evidenciaron sus ambiciones desmedidas por hacerse del poder del Ejecutivo, fraguaron pruebas endebles, tocaron las puertas de los cuarteles, metieron a perro, pericote y gato en la danza de la victoria sin haber iniciado el complot; es decir, hicieron todo lo contrario que recomendaba Maquiavelo.

Y Vizcarra, tiene que aprender de Maquiavelo porque los complotadores estaban en su círculo familiar y personal. Karen Roca – la que grabó los audios y luego los hizo circular a la prensa – se prestó a la conjura de los Merino (presidente del Congreso) y Alarcón (ex contralor defenestrado por corrupción).

No es la primera conjura que se produce. En la historia política peruana hay muchas conjuras, algunas culminaron con éxito, otras no. Recuérdese no más la conjura del felón Morales Bermúdez contra el general Velazco Alvarado; y la de éste contra el presidente Fernando Belaúnde; o la del general Manuel Odría contra el presidente Bustamante y Rivero.

En esos complots, como se sabe, se partió de un círculo muy cercano al presidente, se conspiró en un grupo pequeño de militares y civiles, y en la madrugada se desplazaron los conspiradores para usurpar el poder de manera rápida y eficaz.

No sucedió con la conspiración del general Salinas Sedó contra Fujimori, ni la del general Leonidas Rodríguez contra Morales Bermúdez, el felón que derrocó a Velazco. El complot se develó antes que los conjurados se pongan en marcha; según dicen, los infiltraron y finalmente develaron la intentona.

Las conjuras, como se ve, son acciones frecuentes que se presentan en la política y están al acecho para subvertir el poder y tomar el control del Estado, de la república o del principado, según se puede conocer por las experiencias que detalla Maquiavelo en sus escritos.

En verdad, todos debemos volver a leer a Maquiavelo. Nadie como él conoció la endemoniada naturaleza de la que están hechas las personas en las cercanías del poder político, y que ambicionan más poder.

Y también, por supuesto, hay que recordar a Jorge Luis Borges, que escribió un poema sobre los conjurados. Borges nos hace recordar, precisamente la banalidad de los conjurados.

“LOS CONJURADOS
En el centro de Europa están conspirando.
El hecho data de 1291.
Se trata de hombres de diversas estirpes, que profesan diversas religiones y que hablan en diversos idiomas.
Han tomado la extraña resolución de ser razonables.
Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades.
Fueron soldados de la Confederación y después mercenarios, porque eran pobres y tenían el hábito de la guerra y no ignoraban que todas las empresas del hombre son igualmente vanas.”
Jorge Luis Borges.

* Licenciado en Sociología de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Consultor e investigador de conflictos sociales


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