Por qué hablar de aborto en tiempos de coronavirus – Por Equipo de Mujeres de Amnistía Internacional

Foto: REUTERS / Andres Cuenca Olaondo
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Por Equipo de Mujeres de Amnistía Internacional  *

El pasado 14 de abril, en pleno confinamiento mundial, el Parlamento de Polonia pretendió aprobar dos proyectos de ley: uno prohibía la educación sexual en las escuelas y el otro hacía prácticamente inaccesible el derecho al aborto.

Desde 2016 grupos antiabortistas lo están intentando con diversas iniciativas legislativas, hasta ahora frenadas por las masivas manifestaciones que las mujeres llamaron Lunes Negros.

La protesta esta vez no ha podido llenar las calles, pero sí ha sido creativa. Con mascarillas, guantes y respetando la distancia de seguridad, las mujeres polacas se manifestaron ante la urgente necesidad de defender sus derechos. ”Hay que combatir el virus y no la educación sexual y el derecho de las mujeres a elegir”. Y también se llenaron las redes con la acción #ProtestAtHome.

Hubo solidaridad de mujeres de otros países, también de España, que subieron sus fotos en Twitter e Instagram con la imagen virtual del Parlamento polaco de fondo y mostrando carteles de protesta y apoyo.

Finalmente, los dos proyectos se han puesto en cuarentena en una subcomisión “para seguir debatiéndose”.

En Argentina, las mujeres han congelado la Marea Verde durante el confinamiento. Poco antes de que este se produjera, su Parlamento había previsto aprobar –esta vez parecía la definitiva después de siete intentos fallidos– la ley que permite el acceso a un aborto legal y seguro. Los pañuelos verdes se han guardado de momento, pero la reivindicación sigue viva. ¡Que sea ley! Y lo será.

El derecho al aborto durante la pandemia

El acceso al aborto es un derecho humano que no decae con la pandemia Covid-19, sino que ahora es aún más necesario debido a las fuertes restricciones de movilidad, al difícil acceso a los servicios de salud y a la fragilidad de muchas mujeres por la pérdida de sus empleos.

En América Latina en general, donde el aborto está prohibido en varios países y en otros es muy limitado, la pandemia agrava la vulnerabilidad en la que viven millones de mujeres y niñas. Permanecer en casa no significa, para muchas de ellas, estar más seguras porque aumenta el riesgo de agresión sexual. Ya antes de la epidemia, América Latina era una de las zonas del mundo con mayores índices de violencia sexual y la única región en la que aumentaron los partos en las niñas. Ambos factores están relacionados.

También en Europa, aunque una mayoría de países tienen leyes garantistas sobre el aborto, incluida España, los gobiernos deben pensar en las mujeres al abordar la emergencia sanitaria creada por el coronavirus. Los servicios para la interrupción voluntaria del embarazo y la asistencia pre y postnatal deben ser considerados como esenciales durante los periodos de confinamiento.

Durante la pandemia, la información sobre los derechos sexuales y reproductivos no puede quedar confinada. Debe ser posible habilitar consultas de telesalud y eliminar trámites administrativos previos al aborto –la autorización médica debería bastar–; acceder en esas consultas a la anticoncepción de emergencia y al asesoramiento ante la decisión de abortar; eliminar la exigencia de receta médica para obtener métodos anticonceptivos y de emergencia en las farmacias; contar con apoyo psicosocial cuando se necesite…

El coronavirus ha puesto en crisis a los sistemas de salud, pero esta crisis no debería pesar más para las mujeres y las niñas, especialmente para las que tienen menos recursos y menos capacidad de respuesta.

La igualdad para las mujeres es el centro de una importantísima agenda mundial que no es sólo para los buenos tiempos. Beijing+25 exige avances hasta 2030. La Agenda de Desarrollo Sostenible, en su Objetivo 5, implica a los gobiernos para eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas. La Unión Europea acaba de aprobar la nueva Estrategia de Igualdad de Género hasta 2025. Y ONU Mujeres recomienda en su reciente informe “Atender las necesidades y el liderazgo de las mujeres fortalecerá la efectividad de la respuesta frente al Covid-19”.

Estos compromisos obligan a los Estados a aplicar un enfoque de género en todas y cada una de las políticas para asegurar que las mujeres no se quedan atrás. Y esto vale también para las crisis, ya sean económicas, climáticas, migratorias o sanitarias. Desafortunadamente la experiencia dice que en todas ellas las mujeres pierden. Por eso la pandemia no nos va a hacer callar y seguiremos defendiendo el derecho al aborto con garantías.

Amnistía Internacional


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