La tercera década latinoamericana – Por Emir Sader

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Emir Sader

El siglo XX se anunciaba como un siglo de revoluciones y contrarrevoluciones ya en su primera década, con la masacre de la Escuela de Santa María de Iquique y la Revolución Mexicana. El siglo XXI comenzaba en un marco de viraje conservador en el mundo, con sus reflejos en Latinoamérica, territorio de la más grande cantidad de gobiernos neoliberales, en sus modalidades mas radicales. La última década del siglo XX vio el auge de la hegemonía neoliberal en el continente, que se imponía como consenso, en el marco internacional del Consenso de Washington y del pensamiento único.

Pero la primera década del siglo XXI en Latinoamérica sorprendió, con una ola de reacción a los gobiernos neoliberales, cambiando radicalmente el escenario político en el continente y constituyéndose, una vez más, en el epicentro de las luchas en el plano internacional. Al solitario triunfo electoral de Hugo Chávez en Venezuela, todavía a fines del siglo, vio sumarse la victoria de Lula en Brasil. Chávez compareció a la toma de posesión del nuevo presidente brasileño, manifestando que, finalmente, dejaría de estar solo en la lucha.

El abrazo de Lula a Néstor Kirchner, en la toma de posesión de éste, en el primer año del nuevo gobierno brasileño fue un marco que sellaría la primera década del siglo en Latinoamérica. Los dos gobiernos se constituirían en el eje de los procesos de integración regional que nacían en aquel momento. Cuando los dos fueron a la toma de posesión de Tabaré Vázquez en Uruguay, ya tenían claro que nacía un proyecto con dimensiones estratégicas para Latinoamérica. A ello se han sumado Bolivia, con el extraordinario triunfo de Evo Morales, y Ecuador, con el de Rafael Correa, que ha expresado que ya no se trataba de una nueva época de cambios, sino de un cambio de época.

Esos seis gobiernos han protagonizado, en la primera década del nuevo siglo, la lucha contra el neoliberalismo y en la construcción de gobiernos posneoliberales. A contramano del capitalismo en escala mundial, han disminuido las desigualdades en esos países, han fortalecido la presencia del Estado y han desarrollado procesos de integración regional e intercambio Sur-Sur. Han tenido un éxito extraordinario, haciendo de la década la más importante de la historia de esos países.

En el paso hacia la segunda década del siglo XXI ya se notaban elementos de recomposición de la iniciativa de la derecha y debilidades en esos gobiernos, que hicieron que la segunda década estuviera marcada por una contraofensiva de la derecha, que restableció gobiernos neoliberales en países como Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia e Uruguay, desarticulando el eje de gobiernos antineoliberales.

A lo largo de la década, el neoliberalismo ha demostrado el aliento corto que tienen sus políticas, a punto que en Argentina, en la primera elección presidencial a la que se han sometido, han sido desplazados de nuevo del gobierno. En otros países como Ecuador, donde gobierna con Lenin Moreno y Brasil, con Jair Bolsonaro (foto) se ha confirmado que la derecha solo dispone del modelo neoliberal, duro y puro, que la lleva al fracaso. Que tiende a ser derrotada en disputas electorales democráticas, frente a lo cual ha puesto en práctica su estrategia de judicialización de la política, poniendo en práctica nuevas formas de golpes, como son los casos de Brasil y de Bolivia, que demuestran más bien la debilidad de la derecha y no su fuerza.

Cuando llegamos al final de la segunda década, hay una disputa abierta sobre el carácter que tendrá la tercera década en Latinoamérica. La elecciones en Bolivia y Ecuador, así como el desenlace de la crisis brasileña, definirán los rasgos de esta nueva década. Si triunfara la izquierda, esos nuevos gobiernos se sumarían al de Argentina, contando, en cierta medida también con el de México –limitado por los tratados de libre comercio que tiene con EE.UU.–, así como el de Venezuela, para recomponer el eje de gobiernos antineoliberales. Como la derecha mantiene el neoliberalismo como su bandera, esos gobiernos tienen que caracterizarse, antes de todo, por su antineoliberalismo.

Cuando surgía la crisis de esos gobiernos hace algunos años, Correa convocó a una reunión en Guayaquil, de balance y sobre los cambios que venían, de la que participaron también, entre otros, Pepe Mujica y representantes de Bolivia, Brasil, Argentina y Uruguay. Se consensuó la decisión de publicar un libro de balance y perspectivas de los seis gobiernos. Yo coordiné la publicación del libro, que tomó el título de Las vías abiertas de América Latina, publicado en Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia.

En ese libro Álvaro García Linera, René Ramírez, Ricardo Forster, Constanza Moreira, Alfredo Serrano, Manuel Canelas, Juan Guijaro y yo presentamos nuestras visiones de cada país, introducidos por un análisis general de la tendencias en todo el continente. Ahora es el momento de retomar ese camino, con un proyecto de investigación ambicioso, que haga el balance de la primera y la segunda décadas en esos países y proyecte la tercera.

Es hora de convocar a los intelectuales del pensamiento crítico latinoamericano a sumarse a ese proyecto, que analice y apoye a las fuerzas políticas antineoliberales en la reconstrucción del eje de gobiernos con esa orientación, y que entregue análisis sobre las debilidades que han permitido la recomposición de la derecha y los reveses de la izquierda, para retomar el proyecto antineoliberal con mas profundidad y ampliación de sus plataformas de trasformación económica, política, social y cultural de Latinoamérica.

Un proyecto que puede tomar el libro Las vías abiertas de América Latina como referencia inicial, pero con más amplitud de análisis hacia atrás y hacia adelante. Que puede ser uno de los más importantes ejes de investigación en la era pospandemia, más allá de iniciativas más puntuales, que permita además recomponer un eje del pensamiento crítico latinoamericano, que hace tanta falta hoy día. Un proyecto que puede desembocar en un seminario –virtual o, a lo mejor, el primer seminario de nuevo presencial– y en un libro, publicado en América Latina y en otras regiones, dado que tenemos las experiencias más importantes de lucha antineoliberal. La tercera década latinoamericana puede ser el título que defina los marcos de ese proyecto, condición esencial para que volvamos a avanzar en Latinoamérica.

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