Los sindicatos y las mujeres. ¿Cómo superar las barreras de género? – Por Noelia Díaz

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Noelia Díaz *

Soy una mujer sindicalista desde hace varios años y, desde mis primeras incursiones en el mundo sindical, vengo escuchando repetidamente expresiones como: “no hay mujeres en los sindicatos”, “por qué las mujeres no se interesan en el sindicalismo”. Pero todas esas ideas eran falsas porque ¡Sí, hay mujeres, muchas mujeres, en los sindicatos! Lo que sucede es que no siempre estamos representadas en relación con nuestro número, nuestra fuerza y la cantidad de problemáticas que nos afectan laboralmente.

Pero también, una mirada sobre el sindicalismo reciente nos muestra cómo las mujeres fuimos ganando terreno pese a las adversidades y la subrepresentación en las instancias de decisión. Así, tanto las Secretarías de Género en las Comisiones Directivas como los cupos para mujeres, fueron espacios conquistados para nosotras, aunque no sin disputas.

Las mujeres debimos aprender a levantar el tono de voz, a plantear con firmeza nuestras exigencias. Sólo así fueron posibles las asambleas para las modificaciones de los estatutos que nos abrieron nuevos espacios, como las Secretarias de Actas o de Derechos Humanos. Fueron pasos muy importantes, sin embargo, la meta sigue siendo el obtener la paridad.

La paridad es una medida radical para superar el desequilibrio en la participación entre varones y mujeres en los espacios de decisión. Es clave para que logremos ser escuchadas en todos los debates que surjan al interior de los gremios y las bases.

La historia de la participación femenina en la actividad sindical de nuestro país nos enseña cómo fue el propio accionar de las mujeres el que nos garantizó espacios de participación e influencia, tal como nos muestra el célebre trabajo Alquimistas. Documentos para otra historia de las mujeres. Ningún derecho fue cedido sin demanda, ningún lugar fue otorgado sin lucha.

Considero que las mujeres no podemos dejar de ver la relevancia que los espacios sindicales tienen para nosotras. Un indicador de la necesidad de fomentar nuestra presencia allí es que las leyes que protegen la lactancia materna, las licencias por maternidad o los permisos para realizarnos estudios ginecológicos fueron impulsadas desde otras organizaciones, desde otros lugares, fuera de los sindicatos. Es precisamente el ámbito sindical el que debe promover y defender estos derechos, es ese el escenario en el que nuestras consignas deben ser defendidas.

Por otra parte, la situación continúa siendo sumamente adversa para nosotras. Las denuncias por acoso laboral, entre ellas el sexual, realizadas por las mujeres trabajadoras no encuentran el apoyo de los sindicatos mixtos o de las centrales obreras. Un caso reciente sobre este tema es la denuncia de acoso sexual por parte de las trabajadoras de la Patrulla Caminera. Este es sólo un caso más, entre muchos, que deja en evidencia los motivos que condujeron a las compañeras a la conformación del Sindicato de Mujeres del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC).

Queda claro que problemas de este tipo siguen siendo poco relevantes para una dirigencia sindical conformada mayoritariamente por varones. Desde estos lugares de conducción no se exige la implementación de protocolos para prevenir, proteger, investigar y sancionar a quienes violentan a las obreras. Cabe resaltar que ni las mismas organizaciones gremiales cuentan con estos instrumentos. En una sociedad extendidamente machista como la paraguaya, los sindicatos y las centrales obreras no son una excepción, reflejan las mismas prácticas y actitudes machistas que el resto de la sociedad.

Podemos ver, además, que los gremios obreros no se ocupan con fuerza y convicción de la brecha salarial o de la doble y triple jornada que pesa sobre las mujeres. Cuando ni siquiera se debate sobre la corresponsabilidad del trabajo al interior de los sindicatos con los dirigentes varones, mucho menos lo practicarán en sus relaciones personales. Las mujeres sindicalistas resaltamos que, en la mayoría de los casos, los hombres se dedican solo al sindicalismo, mientras que nosotras seguimos ocupándonos del trabajo doméstico y el cuidado de la familia.

Los dirigentes varones de sindicatos y centrales obreras siguen sosteniendo que incluir una agenda de género que sea transversal a las acciones gremiales sería desviar la atención del “problema principal”, cual es, la redistribución de la riqueza. Sin embargo, el difícil contexto socioeconómico nos muestra que las mujeres siguen siendo las más afectadas en sus derechos y reivindicaciones. Datos recientes de la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos (DGEEC) indican que los niveles de desempleo en la actualidad se duplican en la población joven entre 15 y 29 años, mientras que casi se triplica en las mujeres de esa misma franja etaria.

Aun así, no debemos perder de vista que nos encontramos en un momento histórico marcado por el auge de una nueva ola feminista. La revolución de las mujeres también llegó a los sindicatos y obliga al movimiento obrero organizado a replantearse su estructura, sus prácticas y sus representaciones. Este proceso requiere que las mujeres también ocupen el poder, que pasen de la influencia periférica al poder real. Eso supone dejar de influir de manera indirecta, a través del “convencimiento de los hombres que deciden”, y pasar a compartir las decisiones que, en definitiva, nos afectan.

Las mujeres debimos aprender a levantar el tono de voz, a plantear con firmeza nuestras exigencias. Sólo así fueron posibles las asambleas para las modificaciones de los estatutos que nos abrieron nuevos espacios, como las Secretarias de Actas o de Derechos Humanos. Fueron pasos muy importantes, sin embargo, la meta sigue siendo el obtener la paridad.

Estoy segura de que la verdadera revolución que los sindicatos necesitan se dará a partir de las bases. En nuestro país las mujeres ya lo estamos haciendo, así como lo ilustran varios ejemplos. En las bases del Sindicato de Periodistas del Paraguay de los últimos años, más de la mitad de las delegadas sindicales son mujeres jóvenes. En el Sindicato Nacional de Médicos, la doctora Rossana González ha alcanzado el cargo de Secretaria General, así como la compañera Else Renate Schittner que ocupa la máxima representación del Sindicato de Tripulantes de Cabina de la aerolínea LATAM.

Hoy, más que nunca, nuestra realidad requiere de un mayor protagonismo de las mujeres, que destaque nuestros problemas y de valor a nuestros aportes. Y así, como apunta la periodista y politóloga Tali Goldman que “el movimiento obrero no se puede contar más sin narrar la historia de las mujeres trabajadoras”, tampoco el presente o el futuro de la clase trabajadora puede ser concebido sin nosotras y nuestro protagonismo.

* Comunicadora y militante feminista. Ex Secretaria General del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP).

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