UNDAV | Construyendo lo común: el camino de la interculturalidad

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Por Prof. Rodrigo Ávila Huidobro y Prof. Tamara Damonte

Octubre es un mes cargado de sentidos, que resuenan en las agendas, en las miradas y en los relatos que construimos sobre nuestra comunidad, las comunidades de pertenencia, de adscripción. Es que en épocas de transnacionalización, de hegemonía de los flujos inmateriales y desterritorializados que condicionan con crudeza nuestro devenir cotidiano, la pregunta sobre lo común es una necesidad tan imperiosa como difícil de definir. En esa siempre inacabada construcción de lo común, de la identidad, los feriados supieron funcionar como recordatorio y como delimitación de los cuerpos colectivos.

El 12 de octubre, “Día de la Raza”, marcaba como hecho fundante la llegada de Cristóbal Colón a estas tierras y el inicio de la conquista y colonización de lo que hoy llamamos América, proceso que posibilitó -con el saqueo de recursos y explotación de los pueblos originarios- la hegemonía de Europa en el sistema mundo naciente. De esta forma, Argentina se reconocía portadora de ese legado civilizatorio. Como señalara Arturo Jauretche con agudeza, “civilización y barbarie” es la madre de las zonceras. Todo relato autodenigratorio abreva en esas aguas, aún hoy civilizar es negar nuestras raíces nativas.

Estos eventos de nuestro pasado se transforman, como vislumbra Diego Tatián en su texto de 2017 “La invención y la herencia”, en un legado que es menester actualizar y cargar de nuevos sentidos en las prácticas y lenguajes cotidianos. Así, los relatos sobre aquellos actos de conquista, exterminio y despojo se ponen en juego en el presente, legitimando o impugnando acciones sobre nuestros territorios e identidades. Lejos de ser parte del pasado, las identidades colonizadas que miran hacia los nortes globales como el horizonte anhelado, así como las prácticas tangibles de apropiación de nuestros recursos naturales junto con la recolonización de los territorios, siguen cobrando vigencia en un capitalismo cada vez más salvaje y de exterminio, que pone en peligro la casa común.

Del mismo modo, las luchas de los pueblos indígenas, la defensa de sus territorios, la valoración de nuestras tradiciones y prácticas del buen vivir se transforman en invenciones -trayendo nuevamente al filósofo cordobés- para crear nuevos modos de ser, de estar y de habitar el mundo. Tuvimos ocasión de compartir un encuentro en marzo con los Mburuvicha reta Germán David, Rebecca Camacho y Néstor Velásquez y la Kampinta Guasu Claudia Farías, del Pueblo Guaraní de Jujuy, parte de OPINOA, organización con la que la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) viene articulando y practicando un diálogo de saberes que propicie la interculturalidad. Allí nos compartieron parte de la cosmovisión, del sentir y la historia de su pueblo. Ñandereko, “nuestra forma de ser”, vinculada al idioma, que es principio y final al mismo tiempo, puesto que orienta la práctica, son los valores que tiene un pueblo, su identidad, que debe ser fortalecida permanentemente, para poder trazarse un destino común.

Avanzamos con el lenguaje sobre la construcción de nuevos sentidos en torno a estas fechas, el cambio en el año 2010 de la denominación del 12 de Octubre a “Día del Respeto por la Diversidad Cultural” implica reflexiones sobre los procesos de conquista y el reconocimiento de la diversidad de identidades en un territorio que es, de hecho y veladamente reconocido en nuestra Constitución Nacional, plurinacional. Es un paso grande, sin dudas, teniendo en cuenta que ello impacta en los modos de trabajar la temática en los ámbitos escolares e instituciones estatales. Sin embargo, lejos de ser el punto de llegada de nuestras disputas los cambios en los modos de nominar, son los marcos de referencia para avanzar en modificaciones profundas que impacten en la vida de los pueblos.

Es nuestro compromiso seguir disputando los sentidos de la interculturalidad en las instituciones que habitamos. Muchas veces, el “nosotros” universitario sigue presuponiendo un ser europeo, blanco y urbano, desconociendo la heterogeneidad de nuestras raíces y trayectorias, disímiles aunque entrelazadas, que componen la universidad y la sociedad en general. Es ése el desafío que estamos transitando, reconstruyendo nuestra identidad común a partir del diálogo con los pueblos indígenas en un camino lento pero sostenido.

Con Información de la Revista de la Universidad Nacional de Avellaneda


 

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